Hay puntadas buenas, pero lo medular, abrir a los partidos a la participación ciudadana, sigue sin cambios. También queda fuera una profunda fiscalización de las finanzas partidarias.

Abrir los partidos políticos a la ciudadanía podría parecer un sinsentido, ya que en la medida que personas ajenas a la política ingresan a esta dejan de ser ciudadanos comunes y corrientes para convertirse en políticos. Sí, pero, en el proceso, aportan dinamismo, con su visión alejada de los sesgos y “lógica” partidarios.

Por ejemplo, en 1998 cubrí las primarias en el FMLN para escoger al candidato presidencial que se enfrentaría con el arenero Francisco Flores. La disputa era, en el fondo, entre el Movimiento Renovador de Facundo Guardado y la Corriente Revolucionaria y Socialista (CRS) de Schafik Hándal y Salvador Sánchez Cerén.

Por los renovadores estaba el flamante alcalde capitalino, Héctor Silva, ya fallecido. Por los ortodoxos, la abogada Victoria de Avilés, que a la postre fue magistrada de la Corte Suprema de Justicia y ministra de Trabajo. En las votaciones internas, ninguno de los dos conseguía los votos suficientes para llevarse la candidatura. Votaron varias veces hasta que Silva se retiró de la contienda.

Los motivos, en este momento, sobran. Lo cierto es que los renovadores lograron, a última hora, los votos que necesitaban. Y postularon a Guardado. La candidatura, lógicamente, no era la mejor (las urnas se lo restregarían más tarde), pero en el momento la nominación de Guardado era “lógica”: haber cedido la candidatura a Victoria de Avilés era ceder también la conducción del partido.

Al ganar la candidatura, me dijo un efemelenista entonces, los renovadores mantenían el control del partido, aun a costa de una pérdida segura en las elecciones generales.

Con el tiempo, los renovadores fueron expulsados o abandonaron el FMLN. Y la CRS se instaló como la única corriente en el Frente, asimilando o pactando con los grupos minoritarios, como los terceristas de Gerson Martínez. Y ahora ya no hay primarias. Y tampoco hay una ley que se los exija a ellos o a ARENA, PCN, PDC o CD a que lo hagan.

Para las cúpulas de los partidos políticos, y en este punto el presidente Mauricio Funes actuó conforme se lo requerían los políticos, el control de su militancia es algo indisoluble de su ejercicio del poder. Dejar en manos de las bases el futuro y la dirección del partido no suena lógico para las cúpulas, porque significa ceder y delegar funciones.

Ya surgieron diversas expresiones de grupos ciudadanos mostrando insatisfacción por la ley aprobada y ahora sancionada por el presidente. Debe haber más presión para poder acoplar las realidades políticas a la realidad nacional y regional.

Por ahora, por ejemplo, El Salvador es el único país de Latinoamérica en donde un solo partido se queda con todos los regidores al ganar en un municipio y se ignora la voluntad de los ciudadanos que votaron por otras instituciones políticas.

Esta semana hay elecciones en Los Ángeles, California. Una salvadoreña, Ana Cubas, compite por un puesto por el distrito 9. En una página web se identifica el monto de cada una de las donaciones que recibió y se identifica al patrocinador. En El Salvador, eso es impensable.