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La gente está convencida de que el freno principal para la elección de fiscal está en la búsqueda de impunidad frente a un fenómeno que ha dominado el panorama político: la corrupción. Corrupción que no es un fenómeno nuevo...
La gente está convencida de que el freno principal para la elección de fiscal está en la búsqueda de impunidad frente a un fenómeno que ha dominado el panorama político: la corrupción. Corrupción que no es un fenómeno nuevo, sino que tiene hondas raíces en el tiempo y que ha sido la causa principal de que se busque siempre para este puesto a personas que no toquen los intereses que benefician legal o ilegalmente al poder y a los políticos. Esa ha sido la tendencia y no parece que el gobierno del cambio quiera cambiarla. El hecho de que los pocos diputados suplentes que han sido detenidos, en particular por narcotráfico, estén en Estados Unidos y no aquí habla claramente de la impunidad. Pero no son los únicos casos. Todo se dispone, incluso en la Corte Suprema, arrebatando facultades a la sección de probidad, para que ningún político de renombre pueda ser investigado, a pesar de las amplias posibilidades de que un buen número de ellos se hayan enriquecido desde sus puestos.

Esta tendencia a proteger a poderes económicos y a políticos corruptos, presente secularmente en las instituciones vinculadas a justicia y legislación, verdadero freno para algunas decisiones urgentes, se complementa con la escasez del adecuado debate político. La universalización del bachillerato, la fusión de los dos sistemas públicos de salud en uno solo, los procesos de formalización de la economía informal, la apertura del sistema de pensiones a toda la población, la relación entre el sistema tributario y la desigualdad en el ingreso son temas urgentes en el país si queremos avanzar hacia una democracia responsable con la población. Pero la tendencia al olvido y a sepultar en él los temas complejos parece dominar sobre una política racional y humana que mire responsablemente al bien común. Lo que puede costar sacrificio o límites a quienes detentan el poder económico o político desaparece del debate. Aunque talvez haya que ir por pasos. Que ahora se empantanen las cosas nos da al menos la posibilidad de protestar y hacer conciencia. Antes el poder absoluto de unos pocos determinaba la misma impunidad sin ningún tipo de atraso. Al menos ahora se empantanan las cosas, pero con el problema que los pantanos siempre huelen a podrido.