El 12.6% de las familias salvadoreñas fue tocado por la delincuencia en los últimos tres meses, según la encuesta más reciente realizada por LPG Datos, la unidad de investigación social de LA PRENSA GRÁFICA.

Para este estudio, realizado entre el 16 y 20 de noviembre, fueron entrevistados 1,200 ciudadanos en todo el país, lo que permite hacer inferencias sobre la opinión de toda la población con un margen de error de 2.9% y un nivel de confianza del 95%.

Cada tres meses, como parte de la evaluación de la gestión presidencial, LPG Datos pregunta a los salvadoreños si ellos o algún miembro de su familia han sido víctimas de algún delito. El resultado, llamado índice de victimización, nos muestra la tendencia de la delincuencia en el país, más allá de las opiniones o percepciones sobre el problema.

Las cifras muestran que en los últimos tres meses la cantidad de familias afectadas por la delincuencia ha sido menor en comparación a septiembre, pero sigue siendo tan alta como en febrero.

La victimización promedio trimestral del año 2012 es de 13.5%, la cual es un poco más baja que la de 2011, pero es superior a cualquiera de los cinco años anteriores. En suma, este año ha bajado la cantidad reportada de víctimas, pero es la segunda más alta desde 2006.

Las personas más propensas a ser víctimas de delito son las que viven en el Área Metropolitana de San Salvador, en otras ciudades grandes y que son de nivel socioeconómico medio.

Esto se debe a que el delito más común reportado son los asaltos en calles o en autobuses. Las personas de niveles socioeconómicos más bajos reportan menos victimización, pero esto no significa que vivan más tranquilos.

En los vecindarios urbanos marginales, por ejemplo, solo el 59.2.9% de los entrevistados se siente seguro en su casa, y el 45.6% se siente tranquilo en su comunidad.

En los vecindarios residenciales, por el contario, el 79.2% se siente seguro en su casa y el 70.8% se siente tranquilo en las cercanías de su hogar.

Las personas de nivel medio y alto, entonces, están relativamente tranquilas en su casa y colonia, pero temen al salir a las calles de la ciudad. Las personas de nivel más bajo no suelen ser objeto de ataques en las calles, pero viven en una atmósfera insegura.

Los lugares más seguros para vivir son las residenciales y la campiña más profunda y dispersa del país.