Cinco años después de su último duelo en la cumbre, Serena y Venus Williams volverán a verse las caras mañana en la final de Wimbledon.
El desenlace era previsible desde que las demás favoritas, Ana Ivanovic y Maria Sharapova, fueron eliminadas en la primera semana. En semifinales, ni la rusa Elena Dementieva ni la china Zheng Jie pudieron hacer nada por evitar lo que ya estaba escrito.
Las dos hermanas alcanzan la final sin perder ningún set, aunque, al contrario que en sus cinco primeros partidos, ayer sí sufrieron para clasificarse.
Venus se alegró de cerrar en dos mangas {6-1 y 7-6 (7/3)} su encuentro contra Dementieva, quien nunca había llegado tan lejos en Wimbledon.
Serena, quien ganó con un marcador casi idéntico de 6-2 y 7-6 (7/5), tuvo que levantar una bola de set ante Zheng. Pero la primera china que alcanza las semifinales de un grande fue incapaz de empatar, y en el “tie-break” regaló la victoria a su rival con una doble falta. Wimbledon ha devuelto al tenis femenino cinco años atrás, cuando las dos hermanas ejercían un dominio sin fisuras en el circuito.
Desde el US Open 2001 hasta Wimbledon 2003, seis de los ocho grandes terminaron con una final en familia y solo la primera se saldó con victoria para Venus.
Tras ese período de hegemonía, las dos estadounidenses no desaparecieron del primer plano, incluso ganaron cada una dos títulos más de Grand Slam.
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