En principio es una buena noticia, pero al observar la forma en cómo se obtuvo queda claro que la gravedad de la situación fiscal no cede. Lamentablemente, el menor déficit se alcanzó, principalmente, por un 27 % de reducción de la inversión pública, un método burdo y de graves consecuencias sociales y económicas, pero efectivo para mostrar una mejoría fiscal “ficticia”.

Los ingresos tributarios aumentaron 10 % en el primer semestre de 2013, unos $191 millones más, que elevaron la recaudación a $2,080 millones. Claramente, las tres reformas tributarias ya han madurado y elevan la recaudación de manera significativa.

Al observar los egresos del gobierno central, el resultado es preocupante. Los gastos en adquisición de bienes y servicios se elevaron 28 % –mientras que la inflación no superó el 1 %–, las remuneraciones aumentaron 5 % y el pago de intereses, 10 %.

Por tanto, el gobierno central ha pagado $27 millones más en intereses en el primer semestre de 2013, comparado con el mismo período de 2012. Son $289 millones en seis meses. Ahora, si sumamos este pago de intereses y el pago de deuda externa por $105 millones, entonces, el servicio de la deuda llega a $394 millones, equivalente al 19 % del total de impuestos recaudados.

El mayor pago de intereses se debe a que la deuda del gobierno central llegó a $10,638 millones a junio de 2013, esto es $838 millones más en un año, según datos de Hacienda publicados en el sitio web del Banco Central de Reserva. Un aumento de 10 % en 12 meses. Y le dejamos solo como un dato la deuda total del sector público, que se elevó en $1,280 millones en un año, para totalizar $14,547 millones a junio de 2013.

Así, en cuatro años y un mes de gobierno del FMLN, la deuda aumentó $4,160 millones, 40 % de aumento en cuatro años, el mayor endeudamiento de la historia de El Salvador.

Luego, contrario a lo esperado, la inversión del gobierno central se redujo en $66 millones en el primer semestre de 2013. Cayó de $244 millones en 2012 a $178 millones este año.

Por tanto, tenemos como resultado de la gestión fiscal del gobierno Central que los ingresos tributarios aumentaron 10 %, pero el gasto en bienes y servicios se elevó 28 %; remuneraciones, 5 %; e intereses, 10 %.

Entonces, ¿cómo se redujo el déficit? Sencillo, cortando la inversión 27 %. En estas condiciones, no es de extrañar que el ministro de Hacienda haya expresado hace unas pocas semanas que el déficit llegaría a 4 % del PIB en 2013, muy lejos de la meta de 2.7 % que se fijaron en el acuerdo fiscal firmado en noviembre de 2012.

Y ni se diga del 1.8 % que establecieron como meta en el Plan Quinquenal de Desarrollo 2010-2014, el cual dijeron iban a alcanzar en un proceso ordenado, apoyado con el acuerdo del FMI, que se cayó y nunca pudieron levantar por incapacidad para cumplir.

Lo único que queda claro con esta gestión sin disciplina fiscal y marcada por la irresponsabilidad financiera es que el próximo Gobierno, llegue quien llegue al Ejecutivo, tendrá que ver cómo reduce el déficit en unos $300 millones a $400 millones, “sin tocar” los programas sociales.

El camino es sencillo: aumento de impuestos, reducción de gastos (no sociales) o una combinación de las dos anteriores. No hay más. Es la más triste herencia que un Gobierno puede dejar, el cual será recordado por la historia nacional como el que dejó en quiebra las arcas fiscales. Y, que conste, las cifras son del propio Gobierno.