Una cosa es lo que los gobiernos dicen y otra es lo que hacen. Todos sabemos que lo que produce resultados no es lo que dicen, sino lo que hacen y lo que ahora es evidente es que, sin atender la lección de lo que los dirigentes japoneses comprendieron desde un principio; lo que hasta la fecha se puede concretizar que han hecho los últimos gobiernos es que, en vez de aprovechar nuestro más grande tesoro, que es nuestra gente y haber implementado programas masivos de educación, capacitación, salud y disciplina, tal y como hicieron los japoneses, a lo que se ha apostado es a solo dar la mínima ayuda asistencial como para ganar la próxima elección, sin atender las acciones y programas que debieron haber sembrado las bases para que cada salvadoreño pudiera adquirir la capacidad de buscar su propio desarrollo, sin la ayuda del gobierno.

No es necesario solamente dar uniformes y zapatos, sino sobre todo inculcar desde la escuela los valores éticos y morales que sustenten una sociedad más justa, democrática y solidaria.

El próximo primero de junio, el presidente Funes tendrá que dar su informe a la nación de sus primeros cuatro años de gestión. Con esto habrá concluido el 80 % de su mandato y por lo tanto, al igual que los anteriores presidentes, hoy ya no podrá hablar de promesas sino de acciones realizadas.

De seguro el presidente Funes se esforzará por convencernos de que estos han sido los mejores cuatro años que ha tenido nuestro país. Otros, desde hace meses, se esfuerzan por convencernos de que son los peores. Otros, en que no han estado tan mal y que lo que hay que hacer es “continuar lo que se ha hecho bien y dejar de hacer lo que se ha hecho mal”. Sin embargo, de cara a una campaña presidencial, hasta el momento ningún candidato presidencial ha propuesto nada novedoso y lo cual no necesariamente tiene que ser algo complicado o costoso, tal como lo hacen los líderes japoneses.

Para agravar los problemas, de todos es conocido el congelamiento de actividades económicas que crea una campaña electoral. Esta es la razón principal del porqué en la mayoría de países desarrollados los tiempos de campaña electoral se reducen a unos escasos meses, al igual que el nuestro. Sin embargo, en el nuestro no solo no se hace caso a la ley, sino que incluso ninguna institución se atreve a detener la ilegalidad, pues de sobra es conocido cómo todos los partidos políticos se encuentran ya con innumerables desplegados en los medios de comunicación y como las actividades proselitistas acaparan el tiempo de los cuatro candidatos de los distintos partidos; uno de ellos sin siquiera todavía pertenecer a un partido político y dos con importantes responsabilidades administrativas públicas, que obviamente no se están atendiendo a cabalidad.

Mientras todo esto pasa, la propaganda del partido oficial se esfuerza por tratar de convencernos de que la democracia se ha fortalecido y el cambio debe continuar. Pero lo que las acciones demuestran es que nunca antes, como en los últimos dos años, ha habido un deterioro tan fuerte de la institucionalidad democrática, ni una acción tan deliberada del partido oficial de tratar de controlar y subordinar las instituciones del Estado.

¿Que dirían nuestros niños si pudieran comprender el país que les estamos heredando?