La IX Semana Nacional de la Lectura empieza hoy. A las 9:30 de la mañana habrá niños en el Museo de Antropología leyendo cuentos, y a las 7 de la noche la presidencia de CONCULTURA leerá un discurso.
La semana, como todas, tendrá nombre, y ese será el de Miguel Ángel Espino (1902-1967). Espino, que cumple 30 años de su muerte este 2007, fue tomado como padre de esta semana para impulsar la lectura de su obra, según el director de promoción de CONCULTURA, Ricardo Bracamonte.
El escritor verá que se reedita mañana su novela “Hombres contra la muerte”, “la mejor novela salvadoreña”, según Miguel Huezo Mixco, escritor y ex director de la estatal Dirección de Publicaciones e Impresos. La mejor novela de un escritor que no ha sido difundido ni leído lo suficiente.
De la luz y la sombra
“El Salvador es un país sin prosistas”, dijo Ítalo López Vallecillos, fundador de la Generación Comprometida, en 1976. Pero reconocía a uno, a Miguel Ángel Espino, contemporáneo del ícono narrativo nacional, Salarrué. Y Espino puede reconocerse como el precursor de la novela salvadoreña, un género por demás irregular en estas tierras literarias.
Miguel Ángel Espino escribió cuatro obras: “Trenes”, “Mitología de Cuzcatlán”, “Como cantan allá” y “Hombres contra la muerte”, y en cada una de ellas se desdobló y redescubrió el uso del lenguaje y la prosa.
En “Como cantan allá” y en “Mitología de Cuzcatlán” tenemos un Espino indigenista, primigenio, de registro popular, pero con esa poética que cae como gotas de vidrio en cada frase: “En Semana Santa llovía agua bendita”, dice, por ejemplo, en “Este es el pueblo”.
“La prosa de Espino, a excepción de sus ensayos, no se libera de las formas poéticas”, anotaba Vallecillos.
Luego, las novelas “Trenes” y “Hombres contra la muerte” lo trajeron, 20 años después, con más fuerza narrativa, un aliento que experimenta con imágenes, acciones y palabras.
La cabeza de la Dirección de Publicaciones e Impresos, Luis Alvarenga, cita que “Trenes” hizo ruido: por ser experimental, por ser prosopoesía, por su vanguardia. “Muchos escritores decían que no era una novela, era una novela experimental”, dice.
Dos años después de “Trenes”, Espino le puso nombre al género de novela: “Hombres contra la muerte”. “Una historia bien escrita y bien contada: tiene tensión, personajes y magnífico uso del lenguaje. Tiene una trama muy dinámica con base en una tesis que, de paso, tiene actualidad: el uso o no de la violencia para resolver conflictos”, según Miguel Huezo Mixco.
Para Alvarenga, Espino puede citarse como el padre de la novela salvadoreña. Desde sus hombres en las selvas de Belice, la literatura salvadoreña no vio novela hasta 30 años después.
En el ensayo “Los narradores de El Salvador”, Manlio Argueta cita antecesores del género literario, pero, curioso, salta la figura y la obra de Espino. “La difusión es uno de los eslabones más débiles de la cadena del libro en este país”, contrasta Mixco.
En esta semana de la lectura, Espino será genio y figura. Pero solo será una semana. Que su obra se lea, se explore y se reconozca será responsabilidad de las políticas de difusión del país. Quizá estas tengan la respuesta a la soledad alrededor de Espino y a que se le reconozca más por su obra americanista.
“Espino es un precursor en la narrativa salvadoreña, y como todo precursor, todo autor que escribe para el futuro, quizá sus coetáneos no son los destinatarios más idóneos de su obra”, dice el director de la DPI.
Entonces, el momento debe ser ahora.