Triunfó Carmina Burana

Y se hizo historia. La cantata escénica de Carl Orff, pese a algunos fallos técnicos, provocó más de seis minutos de aplausos en un teatro a reventar. La música, el canto y el baile se fundieron en la noche.

Ana Margarita Marroquín
cultura@laprensa.com.sv
Imprimir Enviar nota Fecha de actualización: 5/10/2007

Al filo de las 7:30 de la noche del martes, algunas de las 1,319 personas que habían entrado hasta ese momento al Teatro Presidente aplaudían, ansiosas de que comenzara el espectáculo. Otras, más pequeñas, procuraban terminar sus tareas escolares antes de que apagaran las luces. Y unas más seguían entrando, con la esperanza de que los asientos que parecían vacíos de lejos no estuvieran reservados con chumpas, suéteres o carteras.

Seis minutos más tarde se escuchaba la tercera llamada para el inicio de la función: explicaron rápidamente la obra y se pidió que, debido a la composición de la cantata escénica por 25 canciones que se ejecutan de corrido, guardaran “sus generosos aplausos” para el final. También explicaron que se había limitado el acceso del público a las primeras tres filas frente al escenario, pero que debido a la cantidad de asistentes se levantó la restricción.

Y entonces la gente guardó silencio. Y el telón se abrió. En primer plano, los bailarines rodeaban a La Fortuna (Diana Aranda); detrás, German Cáceres al frente de la Orquesta Sinfónica Nacional; a su lado, vestidos de blanco, los dos solistas, y en tercer plano el Coro Nacional (contraltos y sopranos a la izquierda del escenario y tenores y bajos a la derecha). Y comenzó a sonar la primera parte de la trilogía Trionfi (Triunfo) de Carl Orff: Carmina Burana. El coro se escuchó menos fuerte de lo que exige el O Fortuna, la pieza que inicia y termina esta cantata, pero la Compañía Ballet de El Salvador complementaba y se imponía como la novedad de un concierto de la Orquesta Sinfónica Nacional.

En el público se observaban binoculares para acercarse al escenario y cámaras fotográficas para retratar el concierto y de video para registrar toda la obra. Y se percibía, y se oía en suaves murmullos la atención de la gente que estudiaba la sincronización entre la música y el baile, que por momentos se perdía y por otros resaltaba la magnificencia de Orff.

En escena

Sin embargo, a veces la orquesta parecía alterar los tiempos de la ejecución, lo que provocaba que el coro se escuchara como si trataba de alcanzar la música. Para compensar, el coro fue ganando volumen durante la obra, y el O Fortuna final se escuchó imponente. Lucía Sandoval, soprano, y Ángel Rivas, barítono y contratenor, provocaron la admiración del público con sus solos de voz.

Los bailarines fueron los encargados de traducir la historia del latín, alemán y francés en que cantaba el coro. Flora (Irina Flores) y Febo (Álex Cornejo) mostraron su amor desde La Primavera; luego, El Cisne (Rafael Perdomo) y El Espíritu (Erick González) fueron los encargados de recrear la vida que había En la Taberna en la época medieval para luego volver a unir a todo el elenco en La Corte del Amor. Pero, claro, La Fortuna regresa para apoderarse de nuevo de la vida de todos.

Y así, con casa llena, la historia de la música en El Salvador escribió una página exitosa de la fusión en el escenario de tres ramas artísticas. A las 8:40, antes de que terminaran los acordes de la música, comenzaron los aplausos del público, que no paraban después de seis minutos.

“Es una lástima que sea en un espacio tan pequeño; si hubiese este tipo de eventos mucho más seguido sería mucho más bonito. Me parece muy buena la obra y la iniciativa de poner la cultura gratuita para el pueblo”, consideró Karla Núñez, de 34 años, una productora de televisión.

Hubo más sugerencias para que se repitiera o se llevara fuera de San Salvador: “Creo que se debería llevar al oriente y al occidente del país para que ahí también la gente pueda verlo y aplaudirlo”, opinó Ovidio Casamalhuapa, profesor, a sus 59 años. Y también hubo crítica: “La sentí desacoplada. Les faltó ensayo al coro y a la orquesta. Pero se les felicita por el esfuerzo”, sostuvo Laura Mejía, de 28 años y estudiante de medicina.

Pero la satisfacción resaltaba en los rostros de los artistas. Tanto Juan Carlos Guerra, director asistente del coro, como German Cáceres, director de la orquesta, reconocieron el esfuerzo y el trabajo que cada quien desempeñó en la obra. Y así se cerró la noche, con esperanzas de que el arte en el país, con más apoyo de gestión y del público, puede ganarle a la fortuna.


Triunfó Carmina Burana

La historia detrás de la historia

“Creo que ha sido, de parte de todos los involucrados, un esfuerzo muy exitoso, y el público apoyó con casa llena.”

German Cáceres, director de la Orquesta Sinfónica Nacional.

“Faltó ensayo. Pero muy buen esfuerzo, ojalá se presenten más.”

Laura Mejía, 28 años, estudiante de medicina.

“Me gustó todo. Voy a seguir viniendo a estos conciertos.” Óscar Francisco Moreno, 14 años, estudiante.