Oscuridad total en el recinto. El imponente y rojo sangre telón del Teatro Nacional de Santa Ana se descorrió el sábado por la noche. Y no fue cualquier noche. Fue una “Noche de Broadway” que la soprano salvadoreña Maura Mendoza se encargó de rubricar con la firma de su voz.
Arropada de negro impoluto, con un ajustados vestido y medias caladas, Mendoza elevó al aire las notas del musical “Chicago”, con la coreografía respectiva de “All the jazz”.
El lugar se envolvió con la magia del cabaret. La música pop de hace dos, tres y cuatro décadas atrás fue recordada, reverenciada y fuertemente aplaudida luego de cada una de las 11 piezas que conformaron el repertorio de la noche. “En la soledad”, de “Los Miserables”, fue la segunda de la lista. La historia de la joven que se encuentra triste y melancólica por al pérdida de su amado contada y cantada por las cuerdas vocales de Mendoza.
“Favorite things” fue la tercera pieza del repertorio. La añoranza y melancolía de la niñez se hizo presente. Mendoza estuvo acorde también con su vestuario: mismo vestido y medias, falda a cuadros e infantil sombrero.
La añoranza de “Cosas favoritas” dio paso a una moderna María Magdalena que, con un manto negro colmado de lentejuelas, interpretó “I don’t know how to love him”, pieza del musical “Jesucristo Superestrella”.
Luego, una soñadora y melódica “Sirenita” fue la antesala de una pícara, irónica y sensual “Roxy Hart” que retaba: “¿Quién dice que asesinar no es un arte?”
Un quiebre. Quince minutos. Tiempo para dejar descansar los tímpanos de la marea musical que los había invadido. Comentarios de aprobación: “Las ‘Cosas favoritas’ me encantó”, dijo una señora del público.
“Mein Herr”, de Liza Minelli, cortó de tajo el descanso auditivo. “Memory”, y “I dream the dream” fueron la octava y novena melodía. Entonces, Liza Minelli fue, nuevamente, recordada con “Baby, baby Bunting”, éxito popular de los setenta.
Entonces llegó el momento de despedirse. Y fue con bombo y platillo. Mendoza selló con su canto el repertorio con “La vida es un cabaret”.
El espectáculo fue realizado a beneficio de las comunidades aledañas a la cuenca del Cerrón Grande y de la restauración del Teatro Nacional de Santa Ana, en el que está previsto terminar trabajos para 2010, año en que se celebre una centuria desde su inauguración. El público respondió, pues la primera planta de la sala —única habilitada— estaba llena casi en un 60%.