Real Madrid mostró un nuevo brillo en su primera participación oficial de cara a la temporada 2011-2012, pero la dulzura de su fútbol de toque y verticalidad, como espada, supo a poco para el aficionado merengue, después de firmar un 2-2 contra un Barcelona que fue letal al momento de halar el gatillo.

El empate en la casa blanca –el estadio Santiago Bernabéu– deja mermadas las posibilidades para que Iker Casillas levante la Supercopa de España este miércoles en el Camp Nou.

Sin embargo, el derroche futbolístico mostrado a lo largo de los 90 minutos por el cuadro merengue deja una libreta llena de ilusiones para sus hinchas de cara a los clásicos que se acercan.

Ayer los papeles se intercambiaron. La pelota, el toque fino y principalmente las mejores ocasiones de gol estuvieron del lado blanco, y el partido no terminó en goleada por Víctor Valdés, que se convirtió en el ángel guardián bajo los tres palos y por algunas polémicas arbitrales que siempre acaban por dar la razón al técnico José Mourinho.

¿Pero qué marcó el dominio merengue? La diferencia entre dos sistemas de juego: el 4-2-3-1 del Madrid y el 4-3-3 del Barça. Todo giró en torno a la presión que hicieron en la salida los volantes y delanteros del Real Madrid.

Cuando el balón salía por el centro, llegaba Karim Benzema para morder a Mascherano o a Abidal, y lo mismo hacían Özil y Ángel di María por izquierda y Cristiano Ronaldo por derecha.

Así el Barcelona, con algunas ausencias notables por lesión pero que vieron actividad en el complemento, se vio atorado en su salida. Dani Alves, preocupado por la marca de Ronaldo, no desbordaba sobre la derecha, y Adriano ni siquiera hacía el intento de cruzar.

En la tómbola central, Iniesta y Thiago no lograban sostener la pelota, y Keita, el único hombre de marca de los culés, tenía que multiplicarse para recuperar el balón y evitar que Xabi Alonso manejara los hilos.

Su tarea se tornó complicada, porque el Madrid era un aluvión sobre la portería de Valdés. Di María, Ronaldo, Marcelo y Benzema eran un torbellino cada vez que la pelota llegaba a sus pies.

Fue el delantero galo —en estado de gracia desde que inició la pretemporada— el que dejó claras las malas intenciones merengues.

En el '6 se suspendió del aire y sacó un testarazo que, tras picar en el suelo, provocó el vuelo aflictivo de Valdés, que logró arañarlo y sacarlo hacia la esquina.

Habían pasado cinco minutos de esa acción cuando el francés sirvió para Özil y este definió para un 1-0 que hasta ese tramo de juego se quedaba corto.

Es que ayer el “tiqui-taca” del Barcelona se quedó guardado y Lionel Messi tuvo que esperar 33 minutos para confirmar que estaba en la cancha. Fue apenas el segundo balón que toco el argentino el que terminó al fondo de la red. Messi asistió a David Villa y este definió un remate impecable.

Casillas, espectador del encuentro hasta ese momento, se quedó helado, y justo en el cierre de la etapa inicial Messi depositó más hielo a la nevera con un gol a su estilo: velocidad y toque suave.

Al regreso del vestuario, Madrid entró tocado pero necesitó muy poco tiempo para recuperar su autoridad: llegó con el 2-2 de Xabi Alonso a los 52 minutos y en adelante los merengues borraron a los culés.

Para entonces, Di María ya había cedido su puesto a Coentrao, pero el portugués solo jugó cinco minutos por ese carril, pues una vez se fue Khedira, Coentrao hizo compañía a Xabi Alonso en la zona ancha, y José María Callejón se fue al corredor derecho para mantener el mismo 4-2-3-1 y, para sorpresa, el mismo arrollador volumen futbolístico.

Pep Guardiola también quemó sus tres cartuchos, pero igual se mantuvo fiel a su 4-3-3. En el '58 llegó Xavi Hernández para oxigenar el medio terreno, pues a Thiago le quedó grande el juego. Gerard Pique entró en lugar de Adriano al '67 para hacerse cargo de la zaga. La llegada del espigado defensor generó cambios posicionales: Abidal, que estuvo en el centro junto a Mascherano, pasó a su banda habitual.

Al final, Mourinho le dio entrada a Higuaín y Pep a Pedro, pero el resultado ya no se movió, pese a las incontables ocasiones que tuvo el Madrid para sentenciar la serie.

Al ojo del aficionado, sin embargo, el encuentro dejó un buen sabor de boca, y deja la esperanzadora sensación de que el miércoles tendremos otro postre.