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Parecía la decisión más lógica. Pudo haber otros candidatos, pero ninguno para competir con la designación del asistente del técnico para asegurar la continuidad. Desde la directiva unos pensaban que la necesidad pasaba por un entrenador experimentado. Cuando se supo que la salida del técnico con quien tanto habían ganado era inminente, las opciones de afuera eran varias y válidas para el gusto de la afición. Estos poco conocían del asistente, quien era reconocido como un acompañante incondicional, de carácter fuerte, pero poco más. Después se supo que su comunicación con el plantel fue siempre vital para mantener el equilibrio anímico del vestuario.
El consentimiento fue generalizado cuando se conoció la sucesión. El hombre que recoge el testigo, conoce el club y su personalidad. El compromiso, por complicado, no era para rechazar. Suplir la historia ganadora y el mensaje instalado podría intimidar a cualquiera. Todas sus características pueden ser debilidades si, contrastadas con las del gran personaje al que sustituye y los primeros resultados, si negativos, seguramente lo encuentre como principal responsable público. Igualmente aceptó. La filosofía de juego y la dinámica de transformación del club merecían que alguien saliera desde sus entrañas mismas para afirmarse. Así lo quiso el Liverpool. Así lo quería Bill Shankly y Bob Paisley aceptó.
Durante cuatro décadas el Boot Room (cuarto de zapatos) del Liverpool se convirtió en la escuela de formación de la idea que sostuvo al club en la cima del fútbol inglés. Entre sus cuatro paredes se concebía el plan maestro y el diseño de los detalles que hicieron la diferencia en 13 de los 18 títulos de liga conseguidos por los graduados del Boot Room de Bill Shankly. Este encontró el cuarto cuando arribó a Anfield. Nada especial ni diferente a cualquier almacén de ropa y botines de un club de fútbol con mediano orden y prestigio. Cuatro paredes, un viejo calendario, alguna que otra fotografía (de esas con personajes en pocas ropas), algunas cajas encima de cajas y las que no, servían como asientos. En este cuarto no había lujos, pero sí una filosofía de trabajo.
Bill Shankly llego al Liverpool en 1959. Ganó tres ligas y dos FA Cup. Lo reemplazó su asistente, Bob Paisley, en 1974. Con Paisley ganaron seis ligas, tres Copas de Campeones de Europa, una Copa UEFA, tres Copas de Liga. En 1983 llega Joe Fagan como nuevo técnico del primer equipo del Liverpool. Con Fagan, los Reds suman una Copa de Campeones de Europa, una Liga y una Copa de Liga. A Fagan lo reemplaza Kenny Dalglish en 1985. Era jugador del primer equipo cuando pasa a sentarse en el banco como técnico. King Kenny le dio al club tres ligas y dos FA Cup en sus primeros seis años al frente. Veinte años más tarde, Dalglish ha regresado al banco del Liverpool. Shankly, Paisley, Fagan, Dalglish, todos son producto de los aires que se respiraron en el Boot Room. El espacio que preserva la identidad del club y que la hereda de técnico en técnico.
Barcelona no tiene un Boot Room como tal. El espacio para la transmisión natural de la filosofía del club no queda contenido dentro del simbolismo de un ordinario cuarto. Tiene la Ciudad Deportiva Joan Gamper, el Camp Nou, la nueva Masía, pero sobre todo el compromiso con un juego que ha alcanzado un lugar referencial en el mundo del fútbol. El jugar como el Barcelona es el nombre genérico del jugar bien al fútbol. Barcelona ha elegido suplir al técnico que elevó el juego blaugrana a lugares donde las exageraciones son permitidas con su asistente. La línea hereditaria se encuentra dentro de la misma institución. Congruencia ideológica. Un club con espacio en el primer equipo para sus canteranos tiene espacio en el banco de técnicos para un asistente. Tito Vilanova al relevo porque la consecuencia de las formas importan para la continuidad del resultado. El club es su Boot Room.