Fue la noche más estupenda en las carreras de todos nosotros. Estamos satisfechos de regresar y celebrar con nuestros aficionados.
Como si fuera un adorno gigante sobre el radiador del coche, Didier Drogba y sus compañeros en el Chelsea exhibieron el trofeo de la Liga de Campeones sobre la barandilla del autobús azul de dos pisos por el que se pasearon por las calles de Londres.
Durante un desfile de algo más de media hora, decenas de miles de fans del Chelsea aclamaron a sus héroes de Múnich en el elegante oeste de la capital británica.
Precisamente el mismo que logró el sábado el tanto decisivo en la tanda de penales en la final ante el Bayern de Múnich fue quien más activo se mostró en el micrófono. We Are the Champions (Somos los campeones), gritó el marfileño Drogba para júbilo de los fans.
El entrenador del equipo, Roberto Di Matteo, también tuvo su dosis de gloria. Aquí tienen ustedes al entrenador que ganó la Copa inglesa, aquí tienen al entrenador que logró la Liga de Campeones, lanzó el presentador de la fiesta desde el autobús.
Las palabras las escuchó todo Chelsea y probablemente también el dueño del club, Román Abramóvich, que en lugar del técnico interino podría optar por un nombre de peso para el banquillo el próximo curso. La decisión, según responsables del club, todavía no está tomada. Ya tras la victoria del sábado, las escenas de júbilo se repitieron en cientos de pubs de la ciudad. Miles de fans de los Blues convirtieron el oeste de Londres en un mar azul. Aunque Londres tiene al Chelsea, al Arsenal y al Tottenham como grandes clubes ingleses, ningún equipo de la capital había logrado hasta ahora levantar el título más importante de Europa.
En el distrito de Tottenham, el norte de Londres, el ambiente era por el contrario de duelo. Los Spurs podrían haber jugado la Champions League la próxima temporada al terminar cuartos en la liga inglesa. Pero al ganar el Chelsea la final ante el Bayern Múnich, se clasificó automáticamente para la próxima edición.