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Y llora, albo, llora

Águila hurgó en la herida de Alianza y coge altura en el Clausura, tras ganar ayer 1-3.

Escrito por Denni Portillo
Lunes, 06 febrero 2012 00:00
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Cómo no los van a... ¿querer? Alianza firmó ayer un nuevo desencuentro con su historia, consigo mismo y con su afición. Quebró la ya de por sí resquebrajada confianza alba y acabó de instalar la incertidumbre en una plantilla construida para arrasar y que lo está haciendo, pero a sí misma.

Hace una semana perdió con el último lugar y principal candidato al descenso. Aun así tenía todo a su favor para vencer al Águila menos brillante de los últimos tiempos. Hasta un marcador a favor. Pero dilapidó todo tan fácil como decir presto y acabó con el grito y el reclamo ahogado en la garganta. Hundido por una derrota que lo deja lejos de los primeros cuatro.

Esas codiciadas primeras cuatro posiciones. Mismas donde ya planea el Águila. Conjurados a olvidar dentro de la cancha los escándalos que su directiva genera afuera, ayer tuvieron corazón para remontarle a Alianza y sumar su segundo triunfo consecutivo, segundo bajo las órdenes de Víctor Coreas Privado.

Remontar y ganar a veces hace que se recuerde la mística. Cada vez menos vista, cada vez más extrañada en los estadios del fútbol salvadoreño, pero que ayer encontró cupo en la segunda mitad del clásico de las mayorías.

Para entonces, ya había transcurrido una primera parte fría, de mucha imprecisión y poca pegada. Edwin “Muñeca” Martínez casi complica a su portero, Henry Hernández, con un pase retrasado y Sean Fraser templó las manos del meta emplumado, Benji Villalobos, con un disparo a quemarropa. Un intercambio de amagos que de chispa pasó a pólvora cuando Nelson Bonilla aprovechó un pase retrasado de Maradiaga, sobre el '30.

Al centro del “16” albo siguió la falta de reacción para rechazar de la zaga emplumada y el zurdazo de Bonilla. El balón cogió rumbo al fondo de la portería y Alianza se sintió superior sobre un Águila impávido, debajo en el marcador pero suficientemente frío para recomponerse y no acelerar revoluciones en búsqueda del empate.

 

 

Vértigo en tres minutos

Pasa que Águila tiene buenos mediocampistas y delanteros relativos. Isidro Gutiérrez y Darwin Bonilla encaran y desbordan con facilidad por las puntas, mientras que Osael ha encontrado un escudero de fiar con el adelantamiento del brasileño Gláuber da Silva a la contención. El ex de Marte destruye y distribuye el balón con eficiencia y así es como ahora nace el juego ofensivo de los orientales.

El problema llega cuando toca definir. “Nicogol” y Jonathan Águila son tan productivos dentro del área como improductivos fuera de ella; allá donde iban a presionarlos “Muñeca” y Salazar para bajarlos y romper las ofensivas negronaranjas.

Hartos de las patadas y la desventaja, los emplumados cambiaron velocidad y probaron a la contra. Recién iniciado el complemento, sobre el '50, Muñoz se inventó un giro de 360 grados para sacarse a Martínez y meter un centro, Águila voló como su apellido por las alturas y, solitario, metió la testa para batir a Henry.

Y un par de minutos después, el éxtasis. Un nuevo contragolpe emplumado valió para un remate de Jonathan que Henry le devolvió y en el que Mauricio perdió el tino. Falta dentro del área y penalti a favor oriental. En tres minutos, Alianza pulverizó su ventaja para dejarle todo en bandeja de plata a Águila, que no perdonó en el cobro de Nicolás Muñoz desde los 12 pasos.

Los paquidermos se sintieron fallecer. De hecho, Willer entró por Cristian Castillo –a quien se le bajó la presión– y unos minutos después también llegó Odir Flores por Mauricio Quintanilla. Para completar el intento de resurrección llegó Cristian Sánchez por un molesto Herbert Sosa, quien ni siquiera saludó a Cárcamo.

Reordenado –¿desordenado?– el club albo con las modificaciones tuvo más variantes ofensivas pero más vacíos defensivos. Águila se sintió cómodo jugando a contraatacar y ahí fue donde explotó la velocidad de sus carrileros.

Alianza tocaba y tocaba, Águila picaba y picaba. Los albos tuvieron chances con un remate de Bonilla y varios tiros de esquina malogrados por falta de sorpresa en su ejecución; mientras los emplumados disfrutaban la desesperación alba cada vez que Gláuber robaba balón y abría las bandas o con Osael al centro. Tomaban mal parada a la defensa blanca y era solo cuestión de tiempo para que la sentencia se firmara.

El gol demoró en llegar pero no una nueva estocada al corazón blanco. Héctor Salazar metió una planchita a una escapada de Osael y Joel Aguilar le metió entre ceja y ceja el rojo de la cartulina para dejar a los capitalinos con 10, sobre el '75.

Ya era imposible no sacarle provecho al caos capitalino. Isidro Gutiérrez inició un nuevo contragolpe por izquierda sobre el '85 y en unos segundos ya estaba en la derecha celebrando con Shawn Martin, luego que el 12 oriental –que ingresó de cambio en lugar de Águila– hundió su centro y enterró todo intento albo de empatar.

Águila ya era poseedor de los tres puntos. Alianza, de un nuevo desastre, sin más respuestas que las que le dio la Ultra Blanca, a la que no se le acaban las ideas para seguir haciendo show y se fue a reclamar a platea. Águila comenzó el clásico gritando el cántico de Alianza y acabó haciendo lo mismo. Después fue comprensible: primero afinaron las gargantas. Por partidos así es que se aprende a querer.

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La ventaja.  El panameño Nicolás Muñoz anotó el segundo gol de Águila ayer sobre Alianza. En la imagen es felicitado por Jonathan Águila (derecha) y Osael Romero.

Foto de LA PRENSA/Milton Flores

La ventaja. El panameño Nicolás Muñoz anotó el segundo gol de Águila ayer sobre Alianza. En la imagen es felicitado por Jonathan Águila (derecha) y Osael Romero.

Águila

Al fin fuera decasa

f Hasta ayer, los emplumados contaban por derrotas sus salidas de Juan Francisco Barraza. Habían perdido ante Isidro Metapán (4-1) y Juventud Independiente (2-1). Ayer rompieron la racha y vencieron a Alianza que, de paso, perdió su segundo juego como local.

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