Hubo un asiento en el estadio Cuscatlán que resintió la ausencia del aficionado número uno de Águila. Rodolfo Alvarado, el Mudo, tuvo su parte en el título.
Walter Romero, aficionado negronaranja, rompió en llanto cuando se le consultó sobre la ausencia de Rodolfo Alvarado en la final que disputó el equipo de sus amores. El Mudo tenía su puesto bien ganado en la parte anímica, y era quien siempre daba indicaciones desde las gradas para que el equipo mejorara su funcionamiento.
Se ha sentido hoy (ayer) que ya no está, pero desde el cielo está apoyando, porque somos Águila, la mejor afición de El Salvador. Él siempre murió por la camisa del Águila. Viva el Águila, decía Romero al mismo tiempo que las lágrimas le rodaban por el rostro.
El particular are, are que sonaba durante los 90 minutos no se escuchó ayer. Sin duda, si todavía estuviera con vida, no hubiera faltado a la cita de su equipo. Un verdadero hincha, que no se apartaba cuando Águila saltaba a la cancha. El miembro honorario de la escuadra emplumada que será recordado siempre. Este gane se lo quiero dedicar al Mudo por ser el número uno. Nosotros somos los números dos, pero hacemos la mancuerna y hacemos uno solo. Pero él era el verdadero aficionado número uno, respondió Douglas Zelaya, otro aficionado que recuerda bien a Alvarado.
Sin duda que el recuerdo del Mudo siempre estará presente donde los orientales levanten su vuelo, sobre todo en momentos como el de ayer, donde Águila demostró que es un equipo grande por personas que imitan a Alvarado, que son capaces de casi llenar el estadio más grande de El Salvador.
Él siempre motivó a la gente con su grito, con la limitante de que no podía hablar. Ha sido un ausente, pero desde arriba ha estado apoyando al equipo. Personalmente, porque me debo al cuerpo técnico le dedicamos esta copa a él porque se entregó a la causa aguilucha, subrayó Omar Sevilla, técnico de las reservas emplumadas.
Una pancarta que llevó ayerr la barra migueleña rezaba: Desde la cuna hasta el cajón llevo el naranja en mi corazón. Sin duda recuerda a la perfección a Rodolfo Alvarado.