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Hora de ventilar el circo

El británico Jenson Button se proclamó campeón del mundo de Fórmula 1 en una temporada de escaso interés deportivo y numerosos conflictos tenebrosos propiciados desde los despachos.

Escrito por El País
Martes, 20 octubre 2009 00:00
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La muerte de Ayrton Senna “fue una infelicidad, pero la publicidad fue tanta... Fue buena para la Fórmula 1”. Vista la cloaca en la que se rebozan los rectores de aquello que una vez fue un circo, a nadie puede extrañar que la frase escupida por Bernie Ecclestone haya sido el broche a la temporada de este deporte.

Un curso para el olvido, de escasísimo interés en el asfalto y de un hedor insoportable en su perímetro. Desde un presidente federativo que se divierte con atrezo nazi (Max Mosley) hasta un ejecutivo italiano con aires de casanova (Flavio Briatore) que conspira para que se estrelle uno de sus pilotos (Piquet) en beneficio de otro (Alonso) y sin olvidar las mentiras de McLaren (Hamilton) tras consentir un adelantamiento ilegal. Venganzas, bajezas, espionajes, traiciones. Puro lodo.

El negocio automovilístico necesita una urgente ventilación, tanto en las carreras como en las poltronas, por más que la victoria de Jenson Button cotice al alza en el mercado anglosajón. Cuando todo apuntaba a que sería Lewis Hamilton quien resucitara la Fórmula 1 en Reino Unido, su compatriota se convirtió el domingo en Brasil en el 31.º campeón mundial, el décimo con nacionalidad británica. Lo hizo tras una temporada circense, con sucesivas broncas sobre difusores y KERS, lo que no solo originó una descomunal confusión entre los aficionados, sino que alteró el sistema jerárquico, con Ferrari, McLaren y Renault a rebufo de escuderías como Brawn —ganadora del título de constructores pese a sus penurias iniciales por perder el mecenazgo de Honda— y Red Bull.

Por algo, un brasileño de 37 años, Rubens Barrichello, y un británico de 29 que tardó 113 grandes premios en ganar su primera carrera se pelearon por el título de forma inopinada. A Button, que llegó a estar en el paro, le bastaron seis triunfos en las primeras siete pruebas. A su espalda, el gran triunfador del año, Ross Brawn, fundador del equipo apenas 23 días antes de que comenzara el campeonato. Por algo fue el genio que llevó a la cima a Michael Schumacher. Otro que, aunque fuera de forma indirecta, ha contribuido al teatrillo de este curso con su oportuno e impactante anuncio de que volvería a Ferrari. Copadas las portadas y alimentados todos los titulares, el alemán se frenó en seco aduciendo que su cuello ya no es el de un deportista en activo.

Con el título casi resuelto en los dos primeros meses de carreras, la Fórmula 1 precisaba otras estrategias para mantener la chispa. A falta de mayores escrúpulos entre los mandamases, los incendios se propagaron: grescas por los límites presupuestarios, inscripciones a capricho y condicionadas para el próximo año...

 

Echado el telón a tanto despropósito, es hora de mirar con esperanza hacia el horizonte, hacia la próxima temporada. Quizá para entonces se hayan limpiado los subterráneos de la Fórmula 1 y la faceta deportiva recobre vida. El circo lo necesita con urgencia.

 

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El domingo pasado se corrió el GP de Brasil, donde el británico Jenson Button se coronó campeón del mundo.

Archivo/LA PRENSA

El domingo pasado se corrió el GP de Brasil, donde el británico Jenson Button se coronó campeón del mundo.