Siempre hay alguien que lo mira a uno y quiere entrenar para ser mejor que uno.
Para Carlos Alarcón, el judo ha sido la llave maestra para abrir algunas puertas hacia la superación y tras dos décadas continuas sobre el tatami sigue derribando adversidades y punteando en la lucha por una vida mejor para él y su madre, Aminta.
La reciente participación en la categoría menos 66 kilogramos en los Juegos Olímpicos Londres 2012 le ha permitido al residente en la colonia El Matazano, en Ilopango, abrazar nuevas esperanzas de volverse la figura emergente del judo.
En Londres fue el único judoca salvadoreño en ver acción al clasificarse por méritos propios a su primera olimpiada donde agregó una página a su historial y le despertó nuevos anhelos.
¿Cómo iniciaste en la práctica del judo?
Nosotros eramos vecinos de la gerente de la Federación Salvadoreña de Judo y a los siete años yo como que era muy hiperactivo, vivía toda la vida jugando y las energías no se me acababan, entonces mi mamá tomó la decisión de llevarme a practicar judo, entre otras cosas, para mantener ocupado. Yo veía los póster de los atletas y las competencias en la federación y decía algún día quiero ir a una competencia.
Ser un buen deportista es complicado en El Salvador, sin embargo, ya sumas 20 años de trayectoria deportiva, ¿qué te mantiene cerca del tatami?
Es la voluntad. A mí siempre me gustó pelear un poco, allí lo podía hacer sin que me regañaran y de manera controlada. Todavía mantengo la idea desde niño de ver cada entreno como una diversión y eso me ha ayudado a mantenerme en el judo entrenando más fuerte y con metas, pero siempre divirtiéndome.
¿Qué sacrificios has hecho para ser un judoca constante y ahora con experiencia en Juegos Olímpicos?
Dejar de lado, por cierto tiempo, mi carrera profesional, dejar a mi mamá sola por meses enteros, dejar mi casa donde vivía antes, dejar de ir a cumpleaños, fiestas de fin de año, dejar por estar en competencia como mi graduación de bachillerato que no la pude hacer. Pero la verdad siento que ningún sacrificio es tan grande como el orgullo que siento al representar al país. Creo que todo tiene un precio en la vida y todo lo que me ha tocado dejar de lado ha servido para sumar en judo.
¿Cuál es la satisfacción más grande que has tenido con el judo?
Para mí ser judoca, hacer judo y entrar a un tatami ha sido la satisfacción más grande y de las glorias que le quedan a uno porque siempre hay alguien que lo mira a uno y quiere entrenar para ser mejor que uno.
¿Cómo lográs sobrellevar las limitantes de un deportista salvadoreño?
Siempre con la fe en Dios y el apoyo de mi mamá, porque ella me ha mantenido cuando he decaído aun ahora en tiempos que no se puede llevar todo, como estar bien económicamente, o tener todo lo necesario para llegar bien a una competencia. Deportivamente he dado buenos resultados a pesar de los pocos recursos que tenemos. El problema de perder mi casa en el reparto Las Cañas fue momento difícil. Yo estaba representando al país en los Juegos Centroamericanos y del Caribe Mayagüez (2010) y muchas personas dijeron que me ayudarían, pero hasta la fecha no han hecho nada.
Después de participar en tus primeros Juegos Olímpicos, ¿cuál es la siguiente meta?
Ahora me he puesto como objetivo terminar mis estudios para obtener un título y prepararme para los Juegos Centroamericanos y comenzar bien el próximo ciclo olímpico. De cara a Río 2016 espero poder hacer más rápido el puntaje y clasificar y la idea es mejorar lo hecho en Londres.
Vienes de un entorno donde las limitantes son el principal obstáculo no solo para ti sino para muchos jóvenes...
Ahora la vida está demasiado inclinada para las cosas malas y uno tiene que buscar mejorar no solo en el plano económico sino también en el personal. A los jóvenes les diría que busquen y luchen por aquello que les llama la atención no solo deporte sino arte, música o cualquier rama. Cualquier joven tiene la oportunidad de mejorar como ciudadano. Yo he tenido el apoyo de mi mamá y la federación y me he mantenido en lo correcto. Me he propuesto metas grandes no solo para el judo sino para todo y trato de cumplirlas.
En tus 20 años de trayectoria deportiva ¿hubo algún momento en que pensaste en tirar la toalla en el judo?
No, mi mamá siempre me ha apoyado y me ha dicho que se pueden llevar varias cosas a la vez, creo que pude sobresalir.
¿Cómo resumes 20 años de carrera deportiva?
Ha habido de todo, el judo me ha dado alegrías, tristezas que son cuando uno pierde y no puede avanzar y hay sueños de medalla. Han sido años de aprendizaje y de vida.
¿Cuáles son tus metas a largo plazo?
Ser judoca es para toda la vida, pero el período competitivo llega hasta los 32 años a un buen nivel y si Dios permite terminar de estudiar, trabajar, seguir practicando judo y ver más niños en el tatami practicando judo. Eso es lo que más me gustaría.