Los cubanos digerían ayer con una extraña mezcla de esperanza y escepticismo las imágenes de la convalecencia de Fidel Castro, a quien el lunes se vio por primera vez en una cama recuperándose de una delicada intervención.
Los medios oficiales destacaron ayer la repercusión de las fotografías de Castro publicadas el lunes y del video emitido por la televisión local donde aparece con el líder venezolano, Hugo Chávez.
En la calle, los cubanos se han tomado las cosas con calma, como en días anteriores, y no han sido muy pródigos en comentarios.
“Se le ve bien, pero vamos a ver si aguanta”, comentaba un trabajador en un agromercado.
“Parece que se recupera bien para todo lo que ha pasado, pero ya son 80 años y se ve un poco cansado”, añadía un ama de casa.
“El video tiene muchas lecturas, y aunque por un lado muestra que Castro se recupera, por otro muestra también que está muy enfermo y que la recuperación puede ser larga, y eso la gente lo percibe”, opinó un observador europeo.
De hecho, la pregunta que muchos se hacen ya no es si está vivo o muerto, sino si será capaz de gobernar a partir de ahora.
El historiador y opositor Manuel Cuesta Morúa, que pertenece a un grupo socialdemócrata, sostiene: “Me da la impresión de que no está en capacidad integral de volver a sus funciones”.
En la primera reacción de Washington, Sergio Aguirre, portavoz del Departamento de Estado, afirmó: “Los hermanos Castro están tratando de imponer una sucesión dinástica”.
En Miami, capital del exilio cubano, los anticastristas confrontados con las imágenes opinaron que Castro se ve “tan mal” como para no regresar al poder y dijeron no perder la esperanza de que Raúl no dure mucho al frente del Gobierno.
Sin embargo, el video de Fidel vivo, hablando y alerta, devolvió a la realidad a sectores del exilio cubano de Miami que lo creían muerto y que regresaron nuevamente a sus rutinas calladamente.
“Fidel está grave, pero está ahí”, dijo Orlando Pérez, un exiliado de 79 años de edad.
Incluso personas que salieron a festejar la muerte hace dos semanas ahora aseguran que siempre supieron que Castro no había fallecido y opinan que la misma enfermedad es un ensayo para calibrar la respuesta del exilio y el Gobierno de los Estados Unidos.