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El presidente cubano Fidel Castro, la última leyenda viva de la izquierda y que el lunes delegó el poder a su hermano Raúl por una cirugía intestinal, cumplirá 80 años el 13 de agosto disfrutando un repunte de su influencia internacional.
Con la barba blanca y el cuerpo algo encogido dentro de su uniforme verde oliva, Castro continúa siendo un héroe para la izquierda y uno de los villanos preferidos de la derecha.
"Nunca pensé que viviría tanto tiempo (...) Han tratado de liquidarme tantas veces", dijo en julio al aterrizar en Argentina como invitado de una cumbre de la unión aduanera Mercosur.
Tras 47 años en el poder, su mortalidad dejó hace poco de ser tabú en Cuba, donde los preparativos para la era post Castro son por primera vez visibles.
"Que no se preocupen los vecinitos del norte, que no pretendo ejercer mi cargo hasta los 100 años", dijo el anciano líder recientemente en un discurso, en el que repas las conquistas de Cuba desde que lleg al poder en 1959.
Castro, un brillante estratega, está centralizando la economía, fortaleciendo el gobernante Partido Comunista e intentando acabar con la corrupción, en su opinión la mayor amenaza que acecha a su revolución.
Estados Unidos, que lleva casi cinco décadas intentando derrocarlo, ve hoy en su muerte la única posibilidad de forzar un cambio político en Cuba.
Castro encontró un nuevo aliado estratégico en el venezolano Hugo Chávez, presidente del quinto mayor exportador de petróleo del mundo y otro feroz crítico de Washington.
En casa, el mandatario cubano continúa sin conceder un milímetro de espacio político a sus adversarios, a quienes considera mercenarios a sueldo de Washington. Según grupos de derechos humanos, hay más de 300 disidentes presos.
Castro, a quien sus partidarios llaman Comandante y no presidente, insiste en que la revolución cubana tiene "toda la fuerza de la moral" de su lado.
Imagen en alza
Su prestigio internacional está en alza, en parte gracias a sus programas de atención médica gratuita diseñados con Chávez y que benefician a millones de pobres en todo el mundo.
En julio, Castro fue el invitado de honor en una cumbre de presidentes del Mercosur en Argentina, algo hasta hace poco tiempo impensable.
Vistiendo un elegante traje oscuro en lugar de su uniforme de combate, el viejo guerrero hechizó a la prensa, aunque tambin se enfureci al escuchar incmodas preguntas sobre democracia y el trato de su gobierno a una disidente.
Durante el mismo viaje fue aclamado con furor por decenas de miles de jóvenes argentinos que gritaban: "Olé, olé, olé, oleeé. Fidel, Fideeel!".
"Continúa siendo un figura de nuestro ayer, con la barba canosa, pero eternamente jovial como una estrella de rock envejecida", dijo el periodista británico Richard Gott en un libro sobre Cuba.
En setiembre intentará relanzar en La Habana el Movimiento de los No Alineados, un vestigio de la Guerra Fría que pretende transformar en la nueva trinchera del Tercer Mundo frente a Estados Unidos.
"Se puede decir de Cuba cualquier cosa, salvo que está aislada", dijo el presidente del Congreso cubano, Ricardo Alarcón, uno de sus principales colaboradores.
Aunque sigue hablando durante tres o cuatro horas de pie y sin beber un sorbo de agua, en el umbral de los 80 Castro parece estar cediendo el timón de la izquierda internacional a Chávez.
Analistas opinan que Chávez tiene el carisma y también el dinero necesario para llevar a la práctica algunas de las ideas de Castro, a quien describe a menudo como un "hermano mayor".
Última batalla
A los 80 años, Castro está embarcado en la que bien podría ser su última batalla: limpiar la sociedad cubana de una corrupción rampante y preparar el terreno para su sucesor.
"Este país puede autodestruirse por sí mismo, esta Revolución puede destruirse. Los que no pueden destruirla hoy son ellos (Estados Unidos), nosotros sí", ha dicho.
Con la estabilidad que brinda un aliado como Chávez, que inyecta a la isla 98.000 barriles diarios de crudo a precios preferenciales, Castro está ciñendo las riendas de la economía tras la tímida apertura de los 90s.
En Cuba la oposición continúa reclamando libertades, mientras la escasez de transporte y el deterioro de la vivienda ponen a prueba la paciencia de la población.
"No podemos hablar de Cuba como si Fidel Castro fuera su único habitante. Hay 11 millones de seres humanos que reclamamos nuestros derechos", dijo el disidente democristiano Oswaldo Payá.
Aunque no hay estatuas suyas ni calles que lleven su nombre, Castro domina todos los aspectos de la vida de los cubanos, desde la política exterior hasta el consumo de las bombillas eléctricas en sus hogares.
El 70 por ciento de los cubanos nacieron con él en el poder y aunque critican a menudo a su gobierno rara vez levantan la voz contra el "Comandante".
Hombre historia
A Castro le gusta recordar que ha sobrevivido hasta ahora a nueve presidentes de Estados Unidos, desde John F. Kennedy a Ronald Reagan y George Bush padre.
Su biografía y la historia de la revolución son la misma cosa.
A los 26 años asaltó con un puñado de estudiantes el cuartel de Moncada en Santiago de Cuba, a los 30 lanzó la guerra de guerrillas desde la Sierra Maestra y a los 32 derrocó al dictador Fulgencio Batista.
Con 34 dió su primer discurso ante la Asamblea General de Naciones Unidas, a los 36 tuvo al mundo al borde de una guerra nuclear durante la Crisis de los Misiles y a los 65 resistió la desintegración de la Unión Soviética, su antiguo benefactor.
La historia oficial cuenta que desde 1959 ha sido blanco de 637 intentos de asesinato, muchos tramados por la Agencia Central de Inteligencia estadounidense.
Sus enemigos dicen que es uno de los 10 gobernantes más ricos del planeta, pero Castro asegura que gana 30 dólares mensuales y tendrá el honor de morir sin un billete verde en el bolsillo.
Castro vive rodeado por decenas de guardaespaldas y su salud es un secreto de Estado. Cada vez que desaparece durante más de una semana surgen rumores sobre su muerte.
"Eso me divierte mucho, me hace sentir saludable", dijo en junio tras reaparecer después de 20 días. |