San Diego, California. Para que el Congreso pueda aprobar la reforma migratoria integral, lo primero que debemos hacer es disipar la niebla: enfrentar la total deshonestidad en el debate de la inmigración, deshacernos de las falsedades y hablar francamente sobre cómo llegamos aquí y hacia a dónde vamos.

Mientras la “Barra de los Ocho” del Senado se prepara para revelar su tan anticipado plan para una reforma migratoria integral, es hora de enfrentar las grandes mentiras que los estadounidenses se dicen a sí mismos sobre la inmigración y los inmigrantes.

He aquí las 10 principales:

— “Todos los latinos aprueban la inmigración ilegal y desean fronteras abiertas”. Encuestas de opinión pública, entre ellas un informe de 2012 del Pew Hispanic Center, hallaron que casi la mitad de los latinos piensa que la manera de manejar la inmigración ilegal es aumentando la seguridad en las fronteras, como una estrategia única o junto con un camino a la ciudadanía para los inmigrantes.

— “La deportación es el fin del camino, de manera tal que una vez que un inmigrante ilegal es expulsado no vuelve nunca más”. Conozco a una mujer que fue deportada una semana y estuvo de vuelta en casa con sus hijos la semana siguiente. Y eso no es nada. T.J. Bonner, exdirector del sindicato de agentes de la Patrulla Fronteriza, gusta relatar una historia sobre cómo arrestó al mismo hombre tres veces en un turno de ocho horas.

— “Los estadounidenses no quieren mantener fuera a los inmigrantes legales, solo a los que están aquí ilegalmente”. En realidad, algunos desean que ambos queden fuera del país. Hay legisladores que favorecen una moratoria para toda la inmigración y grupos antiinmigrantes quieren terminar con la inmigración ilegal, y limitar la inmigración legal.

— “No es una cuestión de raza ni de racismo”. Si eso fuera cierto, sería la primera vez en los 230 años de historia de Estados Unidos que los estadounidenses han sido capaces de sostener una discusión para sentar una política migratoria sin tener en cuenta el color.

— “El único motivo por el que Estados Unidos tiene tanta inmigración ilegal es que los empleadores no pagan jornales altos para atraer a trabajadores estadounidenses a esos puestos de trabajo”. En muchos casos, no se trata de jornales sino de que los estadounidenses se han alejado de las tareas difíciles y sucias que ahora realizan los inmigrantes.

— “El problema es la falta de supervisión en la frontera”. Esta semana, el senador Marco Rubio –miembro de la “Barra de los Ocho”– informó privadamente a otros senadores del Partido Republicano sobre la propuesta para una reforma migratoria y prometió que contendría “las leyes más severas en la historia de Estados Unidos para hacer cumplir la ley”. ¿Y eso, qué? Ya hay más de 20,000 agentes de la Patrulla Fronteriza, más del doble de 2004. Y aún así, los desesperados siempre hallarán una manera de entrar, pasarán por encima o por debajo de todo obstáculo que pongamos en su camino.

— “La inmigración ilegal produce costos sin ningún beneficio”. No hay duda de que los inmigrantes ilegales suponen una carga para escuelas, hospitales y prisiones. Y aunque no hay prueba que vengan aquí por los beneficios, también son una carga para los programas de bienestar social. No cumplen los requisitos para recibir asistencia, pero sí sus hijos nacidos en Estados Unidos. No se discute que pagan impuestos a la propiedad, ventas, ingresos, etcétera, y ayudan a alimentar a las empresas que los contratan, crean más puestos y estas pagan más impuestos.

— “Toda la culpa es de México”. Es difícil sostener que México cuida de sus ciudadanos para que no tengan que huir al norte. Pero los estadounidenses experimentan la inmigración ilegal porque, en buenas y malas épocas, contratan inmigrantes ilegales.

— “Los inmigrantes latinos no aprenden inglés ni tampoco se asimilan”. Los inmigrantes latinos, hoy día, siguen las mismas pautas de asimilación de olas migratorias anteriores.

— “Si uno se opone a una idea estúpida para reducir la inmigración ilegal, entonces debe estar a favor de la inmigración ilegal”. No necesariamente. Uno puede también estar en contra de ideas estúpidas.

Ven, ya se está empezando a disipar la niebla. Y podemos ver con más claridad qué debemos encarar. Adelante con la reforma migratoria.

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© 2013, The Washington Post Writers Group