Por: Ana Margarita Marroquín / Fotografías: Tulio Galdámez, Félix Amaya, José Cardona e internet
El escenario del Teatro Presidente será el primer testigo de la unión del ballet con la música y el canto en vivo. Nada de grabaciones. La Orquesta Sinfónica Nacional cumple 85 de fundación este 2007, y ha programado conciertos ambiciosos. Y el que nos ocupa ahora se presenta esta semana (8 y 9 de mayo) y se titula Carmina Burana, esto es “los cantos de Beuren”. Y no solo se oirá esta cantata escénica del alemán Carl Orff, sino que, además, se verá.
German Cáceres, director de la orquesta, comentó que hace dos años platicó esta idea con Alcira Alonso, de la Compañía Ballet de El Salvador, y hace siete meses concretaron la presentación para 2007. José Santamaría Lagos, del Coro Nacional de El Salvador, se unió también al proyecto. Cada quien se encarga de su preparación, según permiten sus calendarios: comienza el ballet en marzo al terminar “El corsario”; le sigue el coro en abril tras el Stabat Mater, y finalmente la Sinfónica Nacional en mayo (el mismo mes de la presentación) tras su primer concierto la última semana de abril.
Carmina Burana comienza bajo la mirada atenta de La Fortuna, calificada de ser tan variable como la luna, de poner todo a favor de alguien y luego en contra. Pronto llega la primera parte, La Primavera (Primo Vere), en la que se festeja la vida, el amor y la naturaleza. A esta sigue En la Taberna (In Taberna), en la que los hombres se han reunido a beber; aquí presentan a un cisne asado que cuenta su historia y hay sátiras de actitudes y ritos religiosos.
La tercera parte es La Corte del Amor (Cour d'Amours), cuando el dolor y la soledad son vencidos por el amor. Sin embargo, todo termina abruptamente por un nuevo triunfo de la fortuna, que maneja a su antojo el destino humano, por lo que se le vuelve a llamar “la emperatriz del mundo” (Fortuna Imperatrix Mundi).
Esta es la historia que cuenta el compositor alemán Carl Orff a través de los 24 textos que elige de los 300 poemas (320, según otros autores) escritos en el siglo XIII por los goliardos, “una especie de clérigos liberales ambulantes, que a través de sus escritos retrataban la sociedad y el mundo de la Europa medieval en total oposición a la idea a otros datos históricos que la historia nos transmite”, explica Martín Jorge, director de la Orquesta Sinfónica Juvenil.
Según la investigación de la bailarina Diana Aranda, para profundizar en La Fortuna, su personaje, “los goliardos se autodenominaban así para aludir a un supuesto obispo al que llamaban Golías o Goliat, al que consideraban su primer antepasado”. Y nos contextualiza en la Edad Media: “Para entonces se consideraban miembros del clero a los religiosos y a aquellos que realizaban diversas tareas dentro de los monasterios, así que no eran solo religiosos que consagraban su vida a Dios. Valiéndose de la tonsura (un distintivo clerical), los goliardos recorrían ciudades de taberna en taberna cantando, bebiendo, amando y criticando la Iglesia”.
“Estuvo prohibida por la Iglesia católica, en parte por la búsqueda del placer, del hedonismo, de la que cuenta historias. También habla de la fortuna y el amor como los dos grandes polos, y hay varias canciones sobre esto. Luego viene la parte de En la Taberna, donde se burlan de todo el poder terrenal y espiritual, y después La Corte del Amor, en francés. Y entonces repite lo de la fortuna, con lo que comenzó. Es cíclica”, asevera Santamaría Lagos. “Tienen mucha ironía; se burlan de la vida. Originalmente tenían música”, completa Cáceres.
Tempus est iocundum
“Este es el tiempo de la felicidad: tempus est iocundum.” Es un hecho: Carmina Burana se exhibirá de forma inusual en El Salvador. Ballet, orquesta y coro tienen trabajo por delante cuando fijan la fecha de presentación en 8 y 9 de mayo. Así, Alcira Alonso le solicita en febrero la coreografía a Francisco Castillo, director de la Compañía Solo por Hoy, danza contemporánea. Y ya desde marzo lo han montado con los 15 bailarines elegidos, de los cuales cinco llevan los personajes principales: Diana Aranda es La Fortuna; Irina Flores, Flora; Álex Cornejo, Febo; Rafael Perdomo, El Cisne, y Erick González, El Espíritu.
“La coreografía es una creación original de Francisco basada solo en la información escrita de los poemas”, cuenta el codirector de Solo por Hoy, Rafael Perdomo. ¿Y no tomaron en cuenta lo que han hecho en otros países, como Chile y Guatemala? “No, hasta que ya la estaba terminando vio fotografías y videos, pero él optó por la información escrita nada más”, sostiene Perdomo. Irina Flores cuenta que, en la historia contada a través de un estilo neoclásico (“contemporáneo en puntas”, aclara), ella representa a una campesina jovial, Flora, que está enamorada de Febo, pero se separan, y La Fortuna se le acerca a él.
Alonso señala que el grupo de bailarines tiene buena memoria: “Otro grupo hubiera necesitado cuatro o seis meses, pero ellos llevan tiempo trabajando juntos y siempre los hemos llevado uno tras otro (truena los dedos en señal de rapidez) y eso hace que se te agilice la memoria”. Como directora del grupo, agrega que “como elemento adicional escenográfico se utilizará una tela roja dividida en cuatro pedazos de 15 yardas cada uno”, que forman ondas para enmarcar las escenas.
El coro, por su parte, se enfrenta a una obra difícil: Carmina Burana está en latín, alemán y francés. “Son ritmos antiguos y diferentes métricas. El texto es complicado; la mayoría es latín vulgaris, un poco tosco”, indica su director, José Santamaría Lagos. Además, comenta que llegan a dividirse en ocho voces y que existen grandes diferencias de interpretación a lo largo de la cantata escénica en cuanto a letra, ritmo, métrica y armonía. El único pero de Santamaría es que, al ubicarlos al fondo del escenario, detrás del ballet y de la orquesta, necesitarán más micrófonos para que se equilibren las fuerzas sonoras y sean escuchados sin problema.
A ello, Luis Ayala, encargado de sonido del Teatro Presidente, sostiene que no habría problema: “El coro debe sobresalir un poco más que la orquesta, así que se les pueden poner los cuatro micrófonos de solapa alámbricos”, desde el techo hacia abajo, “o algunos de los 15 micrófonos con pedestales”, incluso para los dos solistas: Lucía Sandoval, soprano, y Ángel Rivas, barítono y contratenor. A la orquesta se le pedirá, según Ayala, que tenga luz blanca en sus atriles para poner cenitales blancas sobre el coro y así poder jugar con luces de otros colores con el ballet.
De la orquesta, René Hernández y Julio César Bautista, violín y fagot respectivamente, señalan que la melodía es bastante conocida y contagiosa, lo que facilita la ejecución, sobre todo si se considera que tuvieron solo dos ensayos como grupo y luego se unieron ya al ballet y luego al coro. También les ayuda que algunos miembros de la Sinfónica Nacional de 2000 (año de la más reciente presentación entre coro y orquesta de Carmina Burana) aún están activos, caso contrario del coro.
Es el tiempo del júbilo. Es la conjunción primera del canto, el baile y la música en nuestro país.
La trascendencia de un ritual
Según Alcira Alonso, directora de la Compañía Ballet de El Salvador y que tiene 47 años de vivir en El Salvador, nunca se había hecho algo similar en nuestro país. El ballet presenta obras musicales todo el tiempo; la Asociación Lírica Salvadoreña aporta con sus musicales, y el Coro Nacional ha cantado en numerosas ocasiones con la Sinfónica Nacional, e incluso montaron Carmina Burana al menos una vez: en diciembre del año 2000.
Sin embargo, la historia mundial de la música registra la primera presentación de esta cantata escénica en Fráncfort en 1937. Otros países registran el estreno de esta cantata escénica (composición poética escrita para que se le ponga música, se cante y se represente). Costa Rica, cuenta Francisco Centeno, actual director de nuestra Escuela Nacional de Danza Morena Celarié, la ha vivido dos veces: a principios y a finales de los noventa. En la primera ocasión, la universidad nacional lo hizo multidisciplinario: artistas plásticos hicieron la escenografía, los músicos estaban en orquesta y coro, y hubo danza mezclada con teatro. La segunda fue con la Compañía Nacional de Danza, y contó con un guionista y un escenógrafo que orientaron todo el trabajo. A su juicio, “la fortaleza de presentar ballet junto a coro y orquesta es relativa, porque puede evolucionar la danza o quedarse en las ganas de hacer una obra ya estrenada, pero son de esos rituales que ya han hecho grandes bailarines, como La Conssagración de la Primavera (de Igor Stravinsky)”.
“Es una obra tremendamente ejecutada en todas partes del mundo. No creo que obras tan comunes y tan populares cambien o tengan algún efecto más que el placer y deleite de reconocer una melodía”, opina Martín Jorge, director de la Sinfónica Juvenil, e identifica un punto favorable de esta representación: “Se debe recordar que Carmina Burana fue pensada como obra escenificable, así que siempre que sea ejecutada en esas condiciones es una ganancia en comparación con la sola versión de concierto”.
La directora de Radio Clásica, Elizabeth Trabanino, considera que “conjugar estos tres elementos es un esfuerzo mayor, fructífero en el sentido de que se ofrece un espectáculo más gratificante para el público salvadoreño”, pues Orff revive con esta obra “ese deleite primordial con respecto a las realidades básicas de la vida, capturada en la música. Su gran mérito es que revive y actualiza la música pagana medieval con un lenguaje musical contemporáneo”. Y nosotros somos testigos y jueces de si La Fortuna decidirá nuestro destino artístico nacional.