Sigue dolor migratorio

Eugenio Hoyos
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El presidente George W. Bush aprobó el miércoles la ley conocida como “Real ID”, que impedirá que millones de hispanos puedan conseguir un documento de identificación o permiso de conducir.

Esta noticia ha caído como balde de agua fría sobre nuestra comunidad, ya que esperábamos que no fuera aprobada. Ahora, los 11 estados que daban la oportunidad de tramitar licencias quedan deshabilitados para facilitar el documento, pues el gobierno federal exige una prueba de residencia legal o un pasaporte con una visa vigente.

Esto obligará a que varios estados tomen la única opción de dar, como forma humanitaria, un permiso de manejo temporal que indique que la persona es indocumentada.

Grupos que defienden los derechos de los inmigrantes como el Concejo Nacional de La Raza, CARECEN y las iglesias católicas están luchando para que esto no se convierta en un problema de discriminación o represión.

Es por eso que la Conferencia Nacional de Obispos de Estados Unidos está haciendo un llamado a todas las iglesias para unirse en solidaridad con los inmigrantes que están pasando momentos difíciles en EUA. Los obispos están pidiendo a los oficiales de inmigración que cambien las leyes y se les conceda la residencia legal a millones de inmigrantes indocumentados.

El Cardenal de Washington, D.C. escribió esta semana en “The Washington Post” que el sistema migratorio está desquebrajándose y necesita ser reparado. “Antes de cambiar nuestras leyes, cambiemos nuestras actitudes ante los inmigrantes que forman parte de nuestra comunidad”, dice el texto.

A los sacerdotes se nos ha pedido que participemos desde nuestro púlpitos en las campañas positivas para apoyar a los inmigrantes.

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