Una ciudad moderna y cosmopolita como Washington, D.C. no estaría completa si no tuviera espacio para una empresa de productos autóctonos como es Productos Alimenticios Del Campo.
Esta empresa salvadoreña se encarga de distribuir en la capital estadounidense todos los productos que en El Salvador hicieron famosa a la ciudad de Cojutepeque. La única diferencia es que no pueden importar la carne de cerdo que se produce en El Salvador, algo que esperan que cambie, ahora que el Tratado de Libre Comercio está ratificado.
Mientras tanto, continúan supliendo el creciente mercado nostálgico en la capital de los Estados Unidos.
El principal artífice de esta empresa es el salvadoreño Raúl Ayala, originario de Villa Victoria, departamento de Cabañas, quien asegura que la empresa se creó con el propósito de distribuir sus ganancias a través de programas de ayuda a la niñez salvadoreña de escasos recursos.
Ayala es un sobreviviente de la guerra en El Salvador, país que él y su familia dejaron para huir de la guerra. Terminó su educación media en una escuela de California, después estudió música..
Actualmente, Raúl Ayala emplea a 20 personas en la fabricación de estos embutidos artesanales, la mayoría de ellos son personas de la tercera edad, con varias décadas de experiencia en la fabricación de embutidos, lo cual, dice el mismo Raúl, es definitivamente uno de los secretos de su éxito.
Paso a paso
El compatriota ya era un empresario exitoso antes de iniciar con Del Campo. En 2001, montó AMR US, una empresa de servicios financieros que ahora se considera una de las más exitosas del área de Maryland, y que le dio la suficiente solvencia financiera como para iniciar Del Campo.
Pero este salvadoreño no llegó a ser exitoso de forma casual; antes de iniciar su nuevo proyecto realizó una investigación y se aseguró primero de tener un mercado que demandara sus productos; y segundo, de rescatar la fórmula perfecta, la mezcla precisa de legumbres frescas y vinos que le dan un sabor especial a los chorizos.
Por mucho tiempo, realizó diferentes labores. Trabajó colocando techos, vendiendo autos y luego se mudó a Maryland para estar cerca de su familia; tuvo diferentes puestos en bancos y otras instituciones de servicios financieros, una experiencia a la que le sacó mucho provecho pues fue durante esa época logró independizarse.
Ayala asegura que su origen humilde despierta en él un sentimiento solidario. “Como buen salvadoreño, pienso en el regreso, pero en un regreso próspero, de entrega a mi país, para hacer la contribución que, como ciudadanos y empresarios, nos toca”. Considera que su empresa es sinónimo de calidad pero principalmente de compromiso social.