Las hermanas Rosa Alba y Jesús del Carmen Cuéllar pensaron que todos sus sueños se habían acabado cuando el pasado 14 de mayo agentes federales de la Oficina de Inmigración y Aduanas (ICE, siglas en inglés) las encañonaron junto a otras seis decenas de inmigrantes indocumentados en una casa de paso en Los Ángeles.
De nada había servido los veinte días de viaje, ni el dinero que prestaron para pagar la cruzada, ni el hambre, ni la sed, ni los abusos físicos y emocionales que habían sufrido, para ellas en ese momento toda su lucha se acababa.
“Mi papá empeñó la casita para que nos prestaran el dinero para viajar, ahora hasta ellos se van a quedar en la calle, y mis hijos, sentí que me moría” relató Jesús del Carmen, de 33 años.
La crítica situación que vivían en El Salvador, las hizo encaminarse a Nueva York, allí un familiar las apoyaría para lograr un mejor futuro.
Un grupo de 50 inmigrantes salió del país el 22 de abril pasado con la ilusión de que tocarían tierras estadounidenses en doce días. Pero las esperanzas se convirtieron en pesadilla cuando arribaron a Los Ángeles.
Rosa Alba cuenta que fue la primera en llegar a la casa, donde ya había más de ochenta personas. La pesadilla comenzó en la noche, las mujeres estaban en un segundo piso y de repente los hombres que las tenían vigilados las llamaban y abusaban sexualmente de ellas. “Nosotros nos salvamos porque venían por turnos, aseguró. Los abusos fueron reportados por varias de las mujeres detenidas en el operativo y son investigados por el ICE, informó la portavoz Virginia Kice.
El operativo dio un vuelco a su historia. Junto a otros 38 salvadoreños las hermanas Cuéllar fueron detenidas, y procesadas por ingresar indocumentadas a Estados Unidos. Pero, al ser víctimas de tráfico de personas les permitió acceder a una fianza y estar en libertad condicional.
Ahora las cuscatlecas están a mitad de camino, con un proceso de deportación a sus espaldas, sin un centavo, y sumando a las deudas el valor de la fianza.