Después de obtener su título como licenciada en interpretación del piano de la Universidad de McGill en abril pasado, Claudia Tobar se encuentra realizando su primera tarea profesional como instructora musical.
La joven pianista salió de San Salvador hacia Texas con sus padres cuando tenía apenas nueve meses. A los tres años, la familia se mudó a Montreal.
Desde temprana edad mostró inquietudes musicales, tanto que “su primer instrumento fue un piano de juguete que le regalé cuando era muy niña”, recuerda su padre Óscar Tobar.
A los nueve años, comenzó a estudiar música, y luego continuó la secundaria hasta ingresar a la facultad donde desarrolló su carrera.
Tobar, quien también es una entusiasta del Jazz y varios géneros latinoamericanos, quiere dedicarse al trabajo social utilizando la música como elemento de comunicación.
Actualmente, trabaja con un grupo de niños en edad escolar a quienes busca motivar en su aptitud hacia la música. Eso, dice, le permite poner en práctica sus conocimientos musicales y su vocación de trabajar con jóvenes para continuar aprendiendo.
A los 23 años, no ha regresado a su país, y está casada con el canadiense Mathieu Jarry, quien es un pastor evangélico bautista de la Iglesia Impacto, donde ella es codirectora del ministerio musical.