La llegada al país del petróleo que Venezuela empaquetó en su plan llamado Petrocaribe comienza a inquietar a la industria petrolera.
El plan piloto que la empresa mixta formada por PDV Caribe y la Asociación Intermunicipal Energía para El Salvador (ENEPASA), Alba Petróleos S. A. de El Salvador, ha echado a andar, desde el 22 de diciembre, ha resentido a algunos concesionarios, tanto de bandera blanca —por no haber sido incluidos en el plan— como los tradicionales ubicados cerca de las seis gasolineras que distribuyen el producto.
El reducido alcance del proyecto “perjudica la competencia leal que hemos tenido hasta el momento”, manifestó el administrador de la gasolinera de bandera blanca Dipco, Ricardo Portillo. “La selección de distribuidores ha sido bastante excluyente”, ya que se trata de pocas estaciones, recalcó, al considerar que sus ventas han bajado 40%.
“Hay socios que ya nos están reportando bajas en sus ventas, sobre todo se ha dado con las gasolineras que están frente a las que comercializan este diésel (de Alba Petróleos)”, confirmó Julio Villagrán, director ejecutivo de la Asociación de Distribuidores de Productos de Petróleo (ASDPP).
Mientras, Salvador Rivas, director ejecutivo de la Asociación Salvadoreña de la Industria Petrolera (ASAPETROL), afirmó que para las petroleras tradicionales no hay posibilidades de competir bajo las condiciones que establece el plan piloto de Alba Petróleos: diésel $0.30 abajo del promedio: “Basándose en esa información y a la prueba piloto no hay igualdad de condiciones. No hay ningún país con ese nivel de precio, no hay posibilidades de poder competir con eso”.
Y el plan va para más. Carlos Ruiz, presidente de ENEPASA y alcalde de Soyapango, adelantó que la idea es afianzar el mercado del diésel para luego adentrarse en el de las gasolinas: “Nuestro anhelo es llegar a todo el país intercambiar con el sector de la sociedad que quiera intercambiar”.
Al 13 de enero, Alba Petróleos había importado 337,500 galones de diésel, operando con nueve pipas, que según explicó Ruiz se organizan de tal forma que tres están cargando combustible en Nicaragua, tres están viajando hacia El Salvador, y las últimas tres están ya distribuyendo en las seis estaciones adheridas, las que deben pagar el producto “contra entrega” (en efectivo), y a las que aún no se les amarra a un contrato formal, por ser un plan piloto de tres meses.
“Hay reglas”
Sin profundizar en costos o ganancias, Carlos Ruiz reconoció que “no hay petróleo barato, hay reglas que están puestas y no las ponemos nosotros”. El alcalde sin embargo aclaró que buscarán mantener precios abajo de los de las otras petroleras, pero si estas bajan demasiado sus precios, no harían “rebajas irresponsables”.
Mientras tanto, frente a la estación Servicentro Venecia (en la calle a Soyapango), cuya caja no da abasto con la demanda por diésel de Alba Petróleos, está otra gasolinera, Dipco, que atiende visitas a cuentagotas de consumidores de gasolina regular o especial. En dos horas, ni siquiera le demandaron diésel.
La estación Servicentro Venecia incrementó sus ventas en 50%. “Pueden venderse hasta 10,000 galones de diésel”, dijo un dependiente de la estación.
Mientras, en Servicentro San Jacinto, Mario Silva —encargado de llenar los tanques con diésel— calculó que en ocho horas pueden recibirse hasta $8,000 por este derivado.