Centroamérica experimentó un auge económico entre 2003 y 2007, un período en el que la economía mundial estaba creciendo a tasas mucho más altas que las actuales.

El ritmo de crecimiento de la región superó en cerca del 50% el promedio de la década, de acuerdo con el cuarto informe del Estado de la Región en Desarrollo Humano Sostenible, publicado a finales del año pasado.

Como resultado, los desequilibrios fiscales de la región disminuyeron en una proporción del 2.8% con respecto al PIB, los ingresos tributarios se expandieron en un 1.8% del PIB y la deuda pública se redujo un 17.5% siempre con relación al PIB.

A juicio de Álvaro Cálix, uno de los investigadores que participó en la elaboración del informe, la coyuntura política que tuvo Centroamérica para modificar su estructura tributaria pudo haber sido entre 2003 y 2007, cuando tuvo “cierta bonanza económica”.

“Es difícil un pacto tributario de mayor recaudación cuando hay crisis, no imposible, pero más difícil”, valoró.

El informe concluye que las reformas tributarias implementadas en la región en la última década “han sido parciales, con resultados limitados y que han respondido a las presiones fiscales del momento, más que a la intención de fortalecer los sistemas tributarios desde el punto de vista económico y de equidad”.

El contexto actual plantea enormes desafíos a las economías centroamericanas como incrementar el gasto social, subir los ingresos y disminuir los altos niveles de endeudamiento, en especial en El Salvador y Nicaragua que tienen tasas superiores al 40% del PIB.

“Si el país no tiene suficiente sostenibilidad y su economía está muy estática, eso se convierte en una presión importante”, manifestó.

Pero ¿cómo hacer para incrementar los ingresos e invertir más en gasto social?

Álvaro Cálix propone varias medidas: una es formalizar al sector informal de la economía a través del otorgamiento de incentivos. “Si usted formaliza la economía por supuesto que ahí entra una fuente tributaria; pero tiene que formalizarla no por decreto ni garrote, sino por incentivos”.

En estos estímulos pueden considerarse el acceso a créditos, información de mercados o una exención de impuestos por un plazo de dos años para pequeñas empresas mientras estas se formalizan y estabilizan sus ingresos para luego tributar.

Otras alternativas pasan por redistribuir la carga y “sacarle menos a la población asalariada que hace transacciones de impuestos sobre ventas”.

El analista sugiere moverse a áreas de capital que están exentas, como salarios de profesionales liberales, utilidades pero con márgentes competitivos para que no se conviertan en desincentivos y condicionar las exoneraciones.

Cálix puso el ejemplo de países como Singapur, que condicionaron los incentivos fiscales a cambio de que las empresas dejaran transferencia de conocimientos y cadenas de valor.

Paralelamente al pacto para aumentar y cambiar la estructura tributaria, debe haber un pacto de los Estados para ser eficientes en la administración de los recursos.

“Los recursos son limitados y la presión por la deuda aumenta (...) lo sano es aumentar recursos fiscales, sino se hace eso Centroamérica está a las puertas de mayor exclusión y de un nuevo ciclo de violencia política, ya no solo social”, concluyó.