¿Qué haría usted con $1.21 en un día? Una recarga de teléfono móvil o quizá se dé gusto con un helado. Es muy poco probable que le alcance para un tiempo completo de comida.
Piense ahora qué haría si tuviera solo $1.21 para sobrevivir todo el mes, sin posibilidad de hallar trabajo y con sus familiares enfermos. Eso es lo que Carlos Serén enfrenta todos los días, desde hace un año y medio. Con esa pensión, Serén y su madre, María Dolores, se las ingenian para sustentar su vida.
La casa está ubicada en el kilómetro 15 de la carretera hacia Quezaltepeque, en la jurisdicción de Apopa. Pocos metros abajo del puente que cruza el río Tomayate, en el carril de regreso a San Salvador, una callecita estrecha y poco amigable da el ingreso hacia el cantón El Sitio, en la parcelación El Ángel.
El apopense comenzó a recibir $1.21 mensuales, depositados en su cuenta bancaria, en diciembre de 2010. El Estado le descuenta $0.10 de la pensión original para que pueda acceder a los servicios del ISSS. Hace cuatro meses dejó de cobrar el efectivo de la pura decepción, cuenta. Sus hermanos le ayudaron a conseguir una vivienda segura y también colaboran con el pago de la energía y el agua.
Pero para cuidar a su madre, para seguirse alimentando y cubrir otras necesidades esenciales, Serén vende juguetes. De vez en cuando consigue algunas unidades y viaja hasta el centro de San Salvador para ofrecerlas a $0.25. Como todo negocio con sobrada competencia, hay días buenos que algo se saca y días malos, cuando no vendo nada, explica, con una sobria resignación.
Los baches en la historia
¿Cómo fue que Carlos, el hijo mayor de María Dolores, llegó a recibir una cantidad casi risible para administrar? Fue una cadena de omisiones.
Serén cuenta que comenzó trabajando para el Ingenio El Ángel, donde se mantuvo alrededor de siete años sin ahorrar para una pensión. Su papel era cumplir con oficios varios, que podían ir desde tareas de limpieza hasta trabajos pesados.
Todo esto sucedió durante los década de los ochenta, cuando todavía se cotizaban las pensiones directamente en el Instituto Salvadoreño del Seguro Social (ISSS) para los empleados del sector privado formal. Serén era empleado del sector privado, pero no estaba formal.
Aunque ahí le bastaba el pago para mantenerse, nunca tuvo la oportunidad, ni la inquietud, de alimentar un fondo de ahorro para sobrevivir cuando el cuerpo le fallara. Desde ahí comenzó a gestarse un futuro con muchos vacíos.
Pero esta situación es lo más común entre las personas que tienen la edad suficiente y la disposición para trabajar. Las estadísticas los reúnen a todos dentro de la Población Económicamente Activa (PEA) del país, que hasta 2010 era de 2.6 millones de personas. Dentro de esa cantidad, están 2.4 millones de personas que dicen tener alguna ocupación laboral y casi la mitad de ellos está en el mismo limbo que Serén en sus años de juventud: sin un ahorro continuo para su vejez. De hecho, según cifras de Naciones Unidas, con suerte tres de cada 10 trabajadores acceden a un ahorro para pensionarse.
Otra manera de ilustrarlo es que, de esas dos millones de personas económicamente aptas para ser productivas, solo 611,737 están con cuentas activas en las administradoras de Fondos de Pensiones (AFP), datos hasta abril. Otros 14,386 están con el sistema público.
Pero antes de cumplir los 50 años a Serén le huyen las fechas un pick up lo arrolló en las cercanías del ingenio y el conductor huyó. Pasó 40 días en el Hospital Rosales, pero el daño en las piernas fue de por vida.
De hecho, todavía cojea y mantiene un madero en las pantorrillas para prevenir un mayor deterioro.
El calvario del papeleo
Pocos meses después halló trabajo en la Supertienda Toyita, lugar donde sí consiguió unas cuantas cotizaciones.
Pero, incluso con el nuevo empleo, los aportes a su cuenta personal fueron inconstantes, con meses donde no llegaba nada para su cuenta, según explicó Ingrid de Orellana, jefa de Relaciones Públicas en la AFP Crecer. En esta empresa fue que Serén se inscribió cuando privatizaron el sistema previsional. En resumen, cotizó de manera irregular durante cinco años, agregando el Fondo Social para la Vivienda. La última vez que se abonó a ese fondo individual fue en 2004.
Carlos Serén inició el trámite de pensión por invalidez en 2007 y ahí se enfrentó a todas las excepciones de la ley.
José Rodolfo Castillo, de la Superintendencia del Sistema Financiero (SSF), explicó que de seis requisitos para lograr la pensión mínima con cobertura de seguro, el extrabajador del ingenio cumplía solo uno. Nada más uno.
Le faltó tiempo aportando a su cuenta personal. Tampoco cumplió con los meses activos laboralmente, y aún se quedó corto con el tiempo trabajado en total. De tal manera que solo pudo acceder a un monto mensual, sin seguro, pero con opción a tener atención médica en el ISSS (los $0.10). Se calculó su pensión únicamente con lo disponible en su saldo de la cuenta individual, lo cual era muy poco como para acceder a una pensión de mayor monto, detalló Castillo a través de un correo electrónico.
Sin embargo, el funcionario de la SSF celebró que Serén haya optado por un monto mensual y no por llevarse todo el ahorro en efectivo.
No siempre recibió el $1.21, sino hasta diciembre de 2010. Antes llegó a recibir incluso más de $100, pero el pago fue drenando los recursos de su magra cuenta de ahorro.
La SSF calcula que el extrabajador del ingenio y de la Supertienda podrá recibir ese dólar con pocos centavos al menos unos ocho años más.
Urgen ayuda
Serén ahora está preocupado porque María Dolores, aun con toda su alegría y fortaleza, está enferma del corazón.
Además, ya lleva siete meses con la garganta hinchada y el dolor no la deja dormir. Me llevaron a la clínica del Ministerio de Salud pero no me hicieron efecto las pastillas, dijo la señora de 77 años.
En una clínica privada le dieron otra tanda de pastillas inútiles. Lo que hago es que me sobo por las noches, para que me baje el dolor y también tomo unas agüitas de monte, dice, sin perder el brillo en los ojos.
Serén pide que por favor les puedan ayudar con dinero, porque sus hermanos están ocupados con sus familias particulares. Alguien que nos pueda dar algunas fichitas, más que todo porque mi madrecita está muy enferma, dijo.