El 20% de la población más pobre ocupa el 66% de gastos para comprar alimentos.
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En Estados Unidos, el Centro de Monitorización de Sequías ha confirmado que ese país está enfrentando la peor escasez de lluvias desde 1956, y su magnitud es tal que afecta el 80% del territorio. En consecuencia, las proyecciones oficiales indican que el rendimiento de la producción de maíz posiblemente se reduzca en un 15%, lo cual tiene fuertes repercusiones porque Estados Unidos es el mayor productor y exportador del grano a escala mundial.
De qué manera impactará ese fenómeno climático en El Salvador es una pregunta que surge de inmediato, sobre todo porque el país importa cerca de 10 millones de quintales de maíz amarillo para destinarlo al sector agroindustrial.
Ayer, durante su participación en la Entrevista en Línea de LA PRENSA GRÁFICA, Amy Ángel, economista agrícola senior de la Fundación Salvadoreña para el Desarrollo Económico y Social (FUSADES), recordó que la situación climática en Estados Unidos es importante porque El Salvador importa maíz amarillo y soya para la alimentación de pollos, cerdos o ganado vacuno, y cuando sube el precio del maíz, sube el costo de la producción.
El impacto, dijo, quizá no sea de forma inmediata porque los productores locales tienen alguna existencia de esos granos y hay contratos a futuro, en el caso de los concentrados.
A manera de ejemplo, señaló que el maíz y la soya son tan importantes porque, para el sector avícola, el 70% de sus costos de producción está referido al alimento.
La economista manifestó entonces que es muy sabio buscar otras opciones de importación, al referirse a la posibilidad de que los productores locales acudan a mercados de maíz como Brasil o Argentina.
Sobre la escasez de lluvia en la zona oriental del país, la experta recomendó al Ejecutivo poner atención al sector de escasos recursos.
El 20% de la población más pobre destina el 66% de los gastos a la compra de alimentos, sostuvo Ángel.
Eliminar paquetes agrícolas
En momentos de sequía, la economista agrícola hizo una recomendación que posiblemente tenga pocos adeptos en el Ejecutivo o que algunos consideren en contrasentido: eliminar los paquetes agrícolas que anualmente se entrega a los agricultores de escasos recursos económicos.
En el país, indicó, se tienen seis o siete años de entregar grandes cantidades de paquetes agrícolas, pero no se ve ningún impacto en la productividad de maíz y frijol y eso señala que no es la medida que se necesita para incrementar la producción o generar un cambio permanente.
Desde su análisis estrictamente técnico, Ángel aseveró que un productor con una o dos manzanas de maíz nunca va a salir de la pobreza y por eso se requiere de adoptar otras medidas de impacto.
Sugirió entonces aumentar la asistencia técnica, la investigación y otras opciones, como la agricultura familiar, que tiene una parte interesante, pero solo cubre menos del 10% de los productores.
Esas medidas, añadió, requieren de que los agricultores conozcan sobre la conservación de los suelos o de la diversificación de los cultivos, lo cual genera mayor valor agregado.
Ángel admitió que si la suspensión total del paquete no es posible, se debería cambiar la modalidad y entregar la semilla cada tres años, rotar a quienes reciben el beneficio y reducir así hasta un tercio del costo.
Cada año, la inversión gubernamental en los paquetes agrícolas se estima en unos $30 millones y, según la experta, eso no está generando un cambio palpable. Las estadísticas de producción de maíz y frijol así lo confirman, concluyó.