Críticas. El País vivió una oleada de críticas por la publicación de la fotografía falsa del mandatario. Los costos económicos para enmendar la publicación fueron altos.Secretismo. El oficialismo no ha difundido detalles sobre el cáncer que sufre el presidente Hugo Chávez. El mandatario no ha aparecido en público desde diciembre, cuando viajó a Cuba para una nueva operación.El País. Imagen de la sala de Redacción de El País, en Madrid, España.

“¿Puedes hablar? Es urgente.” El miércoles 23 de enero a las 2 de la tarde, Javier Moreno, director de El País, observa en la pantalla del teléfono que tiene dos llamadas perdidas del director adjunto, Vicente Jiménez. Moreno está en Davos, Suiza, asistiendo al Foro Económico Mundial en el que se reúnen las élites sociales y económicas del planeta. Le extraña que desde la redacción en Madrid se comuniquen con él mediante Facetime, aplicación para hablar por videoconferencia.

—Javier, tenemos una foto de una persona que parece Hugo Chávez en una sala de operaciones. La ofrece una agencia y estamos haciendo gestiones para conseguirla porque primero se la han ofrecido a El Mundo (periódico español).

—¿Qué sabemos de la foto?

—La agencia dice que la ha sacado una enfermera en Cuba y que se la ha enviado a su hermana a España. Esta la ha ofrecido a una colaboradora de la agencia.

La foto está haciendo su entrada en el periódico. Es la instantánea que protagoniza uno de los mayores errores de la historia del diario El País. Las llamadas perdidas de Jiménez son para enseñarle la imagen al director. Pregunta si se la puede enviar a Davos, pero el comercial de la agencia, Manuel Montero, rechaza su difusión. Facetime es la solución más rápida para mostrarla a distancia.

El director adjunto se comunica de nuevo con Moreno y le enseña la instantánea. “Me mostraron la fotografía montada sobre una cartulina blanca. Pedían 30,000 euros y respondí que no. Me parecía la típica subasta entre periódicos”, recuerda Moreno, quien sugiere ofrecer 10,000 euros.

Cuando el director ve la fotografía, le asaltan dudas de que sea un montaje y pide que se verifique. Minutos más tarde envía un SMS a Jiménez: “Estamos seguros de que es Chávez, ¿no será alguien que se le parece en un montaje hecho en Lima, por ejemplo?” Jiménez responde: “Creo que no, pero, claro, es una foto que llega por un cauce irregular”.

La foto falsa llega a El País a través de la agencia Gtres Online. El miércoles 23 de enero, a las 11, Luis Magán (jefe de foto del periódico) queda en una cafetería con el director comercial de esta agencia que provee a El País desde 2009 con material gráfico, sobre todo para las secciones de Gente y Cultura. Montero anuncia que tiene una foto de Chávez hospitalizado. Y que se la han ofrecido antes al diario El Mundo, pero la operación aún no está cerrada.

Sobre la 1:30, Montero se acerca a un bar próximo a Miguel Yuste, 40, la sede del diario El País, con una carpeta blanca con el logo de la agencia. En su interior, dos reproducciones en papel de la misma imagen. Magán las ve por primera vez. “La veo y creo que es Chávez. Lo único que pongo en duda es la fecha en que se haya hecho la foto”, recuerda.

El jefe de fotografía pide explicaciones y Montero ofrece su relato. Cuenta que la foto ha sido realizada hace siete días, que ha llegado a la agencia a través de una colaboradora de plena confianza. Magán sube con la foto al despacho del director adjunto, Vicente Jiménez. “¿Esta agencia será de fiar, no?”, le pregunta Jiménez. “A mí me parece que es Chávez”, le responde Magán.

A lo largo de la tarde del miércoles 23, por el despacho de Vicente Jiménez pasan, entre otros, Luis Magán y tres subdirectores: Jan Martínez Ahrens, Goyo Rodríguez y José Manuel Romero. “En esos momentos estamos manejando la sensación de tener una exclusiva mundial”, relata Magán. Hay dudas sobre la fecha y la autenticidad de la foto. “Pero nadie pone en duda que sea Chávez”, relata.

Es fundamental despejar incógnitas. El subdirector Jan Martínez Ahrens es el encargado de hacerlo. Se reúne en su despacho, después de la hora del almuerzo, con el comercial de Gtres Online y le interroga sobre la procedencia de la foto. “El relato es francamente flojo, vago y difuso”, cuenta Martínez Ahrens. Sobre las 5:30 pide hablar con el director de la agencia, Carlos Van Eyck, y le somete a un tercer grado telefónico. Van Eyck asegura que creen que la foto es verdadera y dice que confían en la persona que la ha traído a la agencia. No da la identidad del contacto en España, ni la de quien ha tomado la foto con el argumento de proteger a quien se arriesgó para tomar la imagen.

La agencia y su representante insisten una y otra vez en que la fuente de la que han recibido la fotografía es fiable y que confían en su colaboradora. En paralelo continúa la negociación económica. El representante de Gtres Online pide tiempo para hablar con la intermediaria.

Hacia las 8 de la noche, Jiménez recibe la información de que la negociación ha prosperado y que la fotografía va a ser adquirida. “Cuando pactamos el precio (15,000 euros), decidimos publicarla”, recuerda el director adjunto. “Nos dicen que no quieren que se firme la fotografía porque podría poner en peligro a la persona que la hizo. Nos pareció razonable y pensamos que era una salvaguarda de protección y no debilidad de la fuente. Era una enfermera que se estaba jugando la vida. Está claro que nos equivocamos.”

¿Por qué se tomó la decisión de publicar la foto si la agencia Gtres Online no había respondido a todas las dudas que se le plantearon esa tarde? “Consideramos que la fotografía era buena y seguimos de forma natural”, explica el director adjunto. “No se votó ni nadie planteó su oposición. Nadie me transmitió dudas serias sobre la conveniencia de no publicarla o sobre su autenticidad, salvo un subdirector que dudaba si debíamos publicar la imagen de un enfermo, pero estábamos de acuerdo en que era una noticia relevante porque el Gobierno venezolano no informa sobre la salud de su presidente. Hicimos una cesión de confianza a la agencia a pesar de que había puntos que no se podían comprobar”, reconoce Jiménez. “Hicimos mal nuestro trabajo.”

Magán, quien recibió la oferta y negoció la compra, lo recuerda así: “Fue una decisión colectiva. Llega un momento en que tenemos que arriesgarnos o no”. Chávez no aparece en público desde diciembre ni acudió a su toma de posesión en Caracas al permanecer convaleciente en La Habana. Su dolencia está rodeada de secretismo.

Moreno asume que fue un error publicar la foto y acompañarla de un texto que dice que no se confía en la instantánea. “Ese es el error central de la historia. Creíamos tener verificada una fotografía que no habíamos verificado.”

El director asume que dejar en manos de una agencia las verificaciones que debería haber hecho el periódico es un error grave. La precipitación fue el otro. Y reconoce que el hecho de que la información fuera compartida por un número reducido de mandos multiplicó el riesgo.

A partir de las 9 de la noche se comienza a editar la imagen para la edición impresa. La fotografía falsa pasa por más manos: diseño, fotografía, internacional y se vuelca en el sistema de edición Hermes, por lo que numerosos redactores ya la pueden observar en pantalla. Media hora antes, el director adjunto y los subdirectores muestran la imagen a Guillermo Altares, redactor jefe de Internacional. “¿Esto es lo que creo que es? ¿Estáis seguros al 100%?”, pregunta el periodista a sus jefes. “Estaban muy seguros de lo que tenían”, recuerda. Altares propone hablar con el colaborador en Caracas, Ewald Scharfenberg, pero se decide no comunicarle la noticia por temor a que a través de la conversación telefónica se filtre.

Martínez Ahrens, subdirector, telefonea al colaborador en Caracas y le advierte que el periódico va a publicar una información sensible para prevenirle. El periódico no le informó que iba a publicar una supuesta foto de Chávez.

A esa misma hora, Mokhtar Atitar, editor gráfico de la web, ve la fotografía y le asaltan las dudas. Le expresa sus reticencias, no tiene claro que la imagen sea buena. Después regresa a su puesto y se pone a buscar en Google para ver si hay alguna imagen parecida. Atitar busca fotos, pero la imagen, en realidad, procede de un video.

Ewald Scharfenberg, el colaborador en Caracas, escribe a Altares para preguntarle si sabe de qué va la cosa. “Me responde: no te puedo decir nada, sorry (lo siento).” La supuesta exclusiva se ha manejado con la máxima discreción para evitar fugas. Más tarde, Scharfenberg le envía otro mensaje en el que le advierte sobre una fotografía vieja que ese mismo día circula, una instantánea de Chávez con su padre y hermano.

Son las 3 de la madrugada en Madrid, las 8 de la tarde en México, D. F. y Bernardo Marín llega a la redacción digital que El País tiene en la capital mexicana. Los ejemplares de la edición impresa con la foto falsa en portada ya están llegando a esas horas a distintos puntos de Latinoamérica, sobre todo a Argentina. Y ya hay gente tuiteando que El País lleva a Chávez intubado en portada.

Las cuatro personas que están en ese momento en la redacción de México, donde se elabora la web del periódico durante la noche, empiezan a preparar la pieza digital.

A las 3:52, Bernardo Marín aprieta el botón de publicar. La supuesta gran exclusiva mundial se empieza a difundir en las redes sociales. A las 3:54 mira su cuenta de Twitter para ver qué repercusión está teniendo. Ve que hay tuits que ponen en cuestión la autenticidad de la foto. Marín comprueba que la foto ha sido extraída de un video que está circulando por la red. Aparece un paciente acromegálico en una mesa de operaciones. La imagen data de 2008. La noche anterior la televisión venezolana ha denunciado que ese video está circulando, que es falso y que no es Chávez.

Marín llama a Vicente Jiménez y le manda una captura de pantalla del video. Son las 4 de la madrugada. A las 4:08 Javier Moreno recibe la llamada del director adjunto. La conversación dura cuatro minutos y Moreno ordena que los responsables de la web retiren la fotografía de la portada y que se paralice la distribución de la edición de papel para evitar que llegue a los quioscos. “Tomé la decisión al instante, sin pensar lo que iba a costar y sin consultar a nadie”, recuerda el director. Desde ese instante, y hasta las 8:12, Moreno hace 26 llamadas y decide reimprimir El País para volver a colocarlo en los puntos de venta.

A las 4:12, Jiménez llama al responsable de distribución e impresión de Pressprint, Juan Manuel Albelda. Le dice que es preciso retirar toda la tirada. Albelda le informa de que hay rutas que están distribuidas y entregadas. No se consigue frenar la distribución de ejemplares destinados a las líneas aéreas, ferrocarriles, hoteles y suscriptores. En España, 4,100 ejemplares llegan a los lectores con la foto falsa. Se consigue paralizar el 93% de la tirada. Pero en Argentina solo se recupera un 30% y 8,050 ejemplares llegan a los quioscos. En la República Dominicana se recupera un 10%. En total son 22,635 los ejemplares con la foto falsa que se distribuyen. Se vuelve a imprimir una nueva edición. El coste de la reimpresión del diario ronda los 125,000 euros. La nueva distribución que hay que poner supone otros 100,000 euros.

“Me pareció increíble que algo que para cualquier venezolano era un timo fuera en la portada de El País”, remata Scharfenberg.

El gobierno de Hugo Chávez anuncia que emprenderá acciones legales y su embajada en Madrid acusa al diario de “despreciar” a los venezolanos. Desde Argentina, la presidenta Cristina Fernández escribe en su cuenta de Twitter: “En la portada de El País vi una foto. Me corrijo, eso no es una foto, es una canallada”.

Al día siguiente de la publicación, descubierta ya la estafa, en una reunión con los responsables de Gtres Online permite comprobar que la primera versión que dieron no es correcta. Van Eyck, director de la agencia, explica que en la misma mañana en que se descubrió la falsedad, su colaboradora llamó a la persona que le facilitó la foto y esta cambió su versión.

El nuevo relato hace que la pista de la foto se difumine aún más. La supuesta intermediaria en España es una venezolana que ha recibido una foto enviada por su hermana, vía WhatsApp, desde Venezuela. Esta última, a su vez, es la que habría recibido la imagen supuestamente procedente de Cuba. Poco importa. La foto era falsa.