Una actitud de derrota y simultáneamente de certeza de que existe una solución sería un buen principio para un Plan de Nación que requiere de una concertación y un consenso nacional. La necesidad de instaurar una plataforma productiva nueva o cuando menos renovada, la puesta en marcha de planes específicos de inversión en infraestructura generadora de empleo y de divisas, un programa ambicioso de educación “con una primaria gratuita y obligatoria en escuelas públicas, que incluya el inglés como segundo idioma, una secundaria académica-técnica accesible para todos los jóvenes, un acceso equitativo a la educación superior y una calidad docente bien remunerada” hace absolutamente indispensable erradicar la connotación de intereses particulares y politización de toda iniciativa técnica, por ser esas actitudes obstáculos obvios para que las futuras generaciones tengan la opción de un futuro.

El país exige propuestas. El diagnóstico en cápsula es: un país inviable que requiere de un programa de salvataje de desarrollo integral “socio, económico, político, institucional, jurídico, psicosocial y ambiental” con un alcance de cuando menos 25 años que permita un crecimiento sostenido del producto y del empleo para provecho pleno de una futura generación.

La estabilidad del poder es básica y la ausencia del mercantilismo de este es una premisa absolutamente indispensable para poner en marcha un plan con objetivos múltiples y coordinados. Por lo tanto se requiere de un gobierno fuerte y moral, una dualidad casi imposible sin caer en una dictadura.

La única forma de erradicar una mentalidad cortoplacista y en un futuro una sociedad con ciudadanos obedientes, disciplinados y agentes de cambio, sin recurrir a una dictadura, requiere sin duda de una reconversión generalizada en la manera de pensar y de actuar, equivalente a una trasformación cultural. “Una de las trampas más persistentes en el ambiente nacional es la del inmediatismo. Nunca hemos sido capaces de tener, sostener y mantener visiones y estrategias de largo alcance, porque todo parece estar supeditado a lo que ocurre en el respectivo momento” (David Escobar Galindo, LPG). Desearía enfatizar la palabra nunca e ignorar la palabra “parece” de lo expresado por David.

En el país se han realizado propuestas de estrategias por gobiernos y entidades de la empresa privada. Continuidad de un partido político en el gobierno ha existido. Sin embargo, nunca se ha podido implementar una estrategia con objetivos claros. Tampoco hemos trascendido el enunciado, pues siempre hemos caído en la improvisación y lo peor: en un proceder de dejar hacer dejar pasar impresionante.

El despegue debe ser una asignación presupuestaria gubernamental para educación sin precedentes, paralela a una reducción equivalente del gasto gubernamental superfluo en los tres poderes del Estado. Sería improcedente de mi parte señalar en qué rubros específicos del presupuesto se debe recortar el gasto. Debe superarse la añeja oposición política a educar y llevar a cabo “una revolución educativa”, como la hizo Costa Rica en 1948, como motor de desarrollo. Se propone concretamente que sea el sistema educacional con funcionamiento óptimo el insumo primario para garantizar la preparación del único recurso abundante del país y tratar por primera vez de escapar del subdesarrollo. (Continuará)