Lo que pasa en otros países a nosotros no nos interesa. Nosotros manejamos el producto en nuestra zona libre con documentación.
David Akierman
presidente de la zona libre de Corozal
A las siete camionetas tipo van que estaban estacionadas el lunes anterior a lo largo de la polvorienta calle que rodea la parte trasera de las tiendas ubicadas dentro de la zona libre de Corozal, en Belice, les han quitado las placas y los asientos para los pasajeros. Un agente de Aduanas de Belice explicó que las camionetas han sido modificadas para ser llenadas con cajas que contienen productos de contrabando, como cigarrillos, licor, ropa, juguetes y electrodomésticos que se comercializan en las 300 tiendas construidas en los 2 kilómetros lineales que comprende la zona. Las van, según el funcionario, son cargadas en la parte trasera de los locales y tienen como destino México, Guatemala, Honduras y El Salvador. En el país, la policía ha descubierto puntos ciegos de ingreso de mercadería ilegal en Santa Ana, Ahuachapán y Chalatenango.
El lunes pasado los vehículos lucían abandonados. En general, la actividad dentro de la zona era inusualmente poca: la mayoría de las tiendas estaban cerradas. Una de ellas tenía un rótulo con letras negras que decía: Cerrado los lunes. Un hombre con ojos achinados salió de otro local, que está tapizado con anuncios de cigarros y licor. Lo cerró apresurado.
Lo desolado del lugar no era casualidad. Un grupo de periodistas de Centroamérica y México había solicitado una entrevista con el administrador y un recorrido en la zona libre Corozal para conocer el funcionamiento del grupo de tiendas con precios tirados. Antes de permitir el recorrido, David Akierman, presidente de la zona y representante del Gobierno en la junta directiva, les explicó a los reporteros que todo lo que se vende en el interior de los locales es legal; sin embargo, reconoció sin problemas y sin escrúpulos que la zona libre de Belice es un verdadero paraíso fiscal.
La ruta de ingreso
Los vehículos con mercadería ilegal atraviesan Belice y llegan hasta Melchor de Mencos, frontera terrestre entre Belice y Guatemala. Para llegar hasta ahí, las camionetas deben recorrer la carretera Western Highway, una de las tres que cruzan el país.
En medio de esa vía está un control policial. Hay un agente vestido con una camisa beige y un pantalón verde. Lo acompañan dos militares con ropa verde camuflada y botas beige, como las utilizadas por los militares en Iraq. Todo vehículo que pasa frente a ellos es detenido y sus ocupantes interrogados. En teoría, es imposible que las camionetas pasen ese control sin ser notadas; además, no hay otra salida. Sin embargo, lo hacen.
En Melchor de Mencos (Guatemala), las camionetas son descargadas y los productos introducidos en pequeñas cantidades hacia el centro de Guatemala y luego trasladados a la frontera con El Salvador, según lo confirmado por un agente de la inteligencia policial salvadoreña. El investigador reveló que la entrada preferida por los contrabandistas es el municipio de Candelaria de la Frontera, en Santa Ana, aunque aseguró que hay más de 50 puntos ciegos.
La mercadería llega al punto fronterizo y ahí, de acuerdo con el agente, los contrabandistas contratan a personas para que metan el producto a El Salvador en pequeñas cantidades para poder sortear los controles.
Según inteligencia policial, hay casas que están ubicadas justo en medio de la frontera entre Guatemala y El Salvador. El investigador aseguró que han detectado que las personas entran por la puerta principal de las viviendas con cajas de cigarrillos de contrabando y salen por los patios. El agente sostuvo que la entrada de las casas está en territorio guatemalteco y los patios son suelo salvadoreño.
Eduardo Galdámez, jefe de la Sección de Delitos Especiales del Departamento de Investigaciones de la PNC en Santa Ana, dijo en diciembre pasado que en los primeros 11 meses de 2011 se decomisó 5,000 piezas de ropa, 50 cajas de cigarrillos, 419 quintales de granos básicos y 240 cilindros de gas licuado que ingresaron de forma ilegal. El ministro de Justicia y Seguridad Pública, David Munguía Payés, reconoció recientemente que las fronteras del país son porosas, por lo que según él combatir ese delito es difícil.
La zona libre de Corozal se construyó pensando en comercializar los productos al menudeo, contrario a muchas zonas francas que sirven para exportación o maquila. La mercancía llega a Belice desde varios países sin pagar impuestos y con un arancel muy bajo de importación. La idea, según los administradores de la zona libre, construida en 1994 después de que un ingenio azucarero ubicado en el distrito de Corozal cerró sus operaciones, es generar empleo para los beliceños del norte de ese país.
El distrito de Corozal es uno de los dos pasos fronterizos que tiene Belice con México. Los productos llegan hasta ahí procedentes de China, Vietnam, Hong Kong, India, Malasia, Canadá, Alemania y Paraguay. Según Akierman, 500 contenedores se mueven anualmente en la zona.
El ingreso a la zona
Para ingresar desde Belice a la zona libre Corozal hay que entrar primero a México. En el edificio que sirve de puerta a los locales comerciales hay agentes de Aduanas y migratorios. Los primeros permanecen sentados en dos cubículos y a ellos hay que pagarles el impuesto de salida de Belice. Luego de cancelar los $10 de arancel, otros dos cubículos obstruyen el paso. Son dos oficiales mexicanos que exigen la visa mexicana o estadounidense para poder entrar al recinto que está en territorio beliceño. Un agente aduanal apostado en la entrada de la zona libre, con celular en mano, explica en voz baja que el beneficio comercial que dejan los mexicanos a los empresarios de la zona es lo que permite que México adelante su frontera en territorio centroamericano.
Las restricciones para ingresar a la zona son exclusivas para los centroamericanos, incluyendo a los mismos beliceños. Los mexicanos tienen entrada libre. Akierman explicó la razón de esta disposición: el 99% de los productos que se venden en la zona libre va hacia México. Los mexicanos llegan sin complicaciones al enorme centro comercial. Lo hacen en carros particulares, transporte colectivo y hasta en excursiones. Hay agencias de turismo que ofrecen una visita a la zona libre de Belice como parte del paquete de un tour de vacaciones.
El lunes por la mañana, 20 turistas mexicanos habían bajado de un autobús. El grupo estaba rodeado por media docena de hombres que cargaban manojos de dólares beliceños entre las manos. Eran cambistas de la zona libre Corozal. Ellos se encargan de cambiar pesos mexicanos por dólares beliceños. Belice ha establecido un cambio fijo para su moneda: $1 equivale a dos dólares beliceños, y un dólar de Belice equivale a cinco pesos mexicanos.
Los productos llegan a Belice a través del único puerto que tiene esa nación centroamericana. La terminal marítima, en manos privadas, está ubicada en la Ciudad de Belice, en el distrito de Belice, uno de los seis en que se divide el país.
La Ciudad de Belice era la capital de ese país hasta que el huracán Hattie la devastó en 1961. A partir de esa fecha se construyó una nueva capital, Belmopán. Sin embargo, Ciudad de Belice sigue siendo su principal centro de negocios.
Los contenedores llegan primero a Panamá y luego a Jamaica. En el segundo país los productos son distribuidos en contenedores más pequeños. Luego, van directamente al puerto de Belice y después a la zona libre Corozal. Hasta allí, según el funcionario de Aduanas, los productos son transportados de manera legal. El contrabando nace en el interior de la zona donde estaban estacionadas las camionetas.
Casa dentro de la zona
El funcionario aduanal de Belice aseguró que han descubierto que dentro de la zona vive una persona que se encarga de contrabandear mercadería, principalmente cigarros. Según testimonios, Ernesto Alonso, el Español, es un mexicano buscado por la justicia de su país acusado de ser contrabandista. Un informe de Aduanas de Belice consigna que Alonso, en complicidad con la junta directiva de la zona libre, compra en promedio 40 contenedores de cigarros cada mes y los introduce ilegalmente a México, Guatemala y El Salvador. Akierman, quien también es dueño de varias tiendas en Corozal, negó que dentro de la zona viva un empresario.
Además, Akierman se desligó del posible destino de la mercadería que se comercializa en la zona. Eso del contrabando pregúnteselo a los funcionarios de los países donde entran esos productos. La misión de un comerciante es vender, dijo el funcionario para justificar el poco control que las autoridades tienen sobre el tránsito de los productos.