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Reynerio Flores no pasó el examen de hondureño

Escrito por Equipo de Nación
Viernes, 08 mayo 2009 00:00
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El hombre pequeño, de cabello bien recortado y semblante aturdido que bajó de una patrulla policial en la base aérea militar de Toncontín, a las 2:06 de la tarde de ayer, se parece mucho al de una imagen captada en 2003, cuando caminaba cabizbajo a enfrentar un caso de contrabando del que salió bien librado. Tranquilo, serio, triste. Antes y después de su traslado, pocas fueron las expresiones de Reynerio de Jesús Flores Lazo, entregado ayer a las autoridades salvadoreñas para procesarlo por casos de narcotráfico.

Vestía una camisa beige, con unas letras y un garabato rojo; jeans y sandalias negras. La misma ropa con la que fue capturado el miércoles por la mañana en La Granja, una colonia asentada en una cima, a unos 15 minutos al sur de la capital hondureña. Es un lugar de clase media alta.

Cerca de dos centros comerciales, una calle sube, rodea la colina y baja hasta el ostentoso club del Banco de Integración Centroamericano. Al otro lado, una estación de policía, unos juzgados y otro club de otro banco. Ahí vivía Reynerio, ahí donde las viviendas pueden alcanzar un precio de hasta 4 millones de lempiras ($210,526).

“Tiene una casa de habitación en ese barrio, aquí en el centro de Tegucigalpa. Vamos a verificar la actividad mercantil que haya desarrollado aquí en Honduras”, dijo el director nacional de servicios de investigación de la Policía, José Luis Muñoz.

Los investigadores comenzaron hace dos meses a pisar los talones del hombre que todos pensaban que era originario de Santa Rosa de Lima, La Unión, pero que en realidad nació en Bolívar, también en La Unión, según los últimos documentos que distribuyó la Policía salvadoreña.

Al igual que en El Salvador, Flores Lazo se dedicaba al negocio del transporte. Sin dar mayores detalles, el jefe policial hondureño dice que investigan otros “negocios que estaba montando”.

–¿Le decomisaron algo?

–No —responde.

Marlon Duarte asegura lo contrario. El defensor de Flores Lazo, incluso, denunció que la Policía hondureña estaba utilizando sin autorización un Toyota Camry, propiedad dEl Salvadoreño. Él denunciaba la ilegalidad del uso del vehículo con la misma convicción de que Reynerio era hondureño.

Nelson García, el refuerzo

“Tiene la doble nacionalidad. Él es hondureño por nacimiento y aún así el Código Penal, artículo 10, dice que ningún hondureño podrá ser extraditado. Puede ser hondureño por nacimiento o puede ser hondureño naturalizado”, sentenciaba Duarte para defender a su cliente. La mañana transcurrió en ese dilema. El abogado hondureño, acompañado por sus colegas salvadoreños Nelson García y Romeo Garay Moisa, movían sus piezas jurídicas para lograr extender la estadía de Reynerio en Honduras.

“Se ha presentado una exhibición personal y tiene que venir un juez ejecutor a ver la situación”, decía Moisa.

Llamaban por teléfono. Conversaban con familiares. Salían y regresaban a esa dependencia de la Secretaría de Seguridad Pública Nacional. Daban declaraciones a la prensa hondureña e insistían que el imputado es inocente, víctima de un complot mediático y político.

“En El Salvador la justicia es manipulada”, decía García y hablaba de la posibilidad de juzgar a Reynerio en Honduras para garantizar la imparcialidad de los resultados del proceso.

Luego de la captura, los medios hondureños hicieron eco de la información de la Fiscalía salvadoreña. Todos consignan la captura del otrora dueño de la empresa Transportes de Jesús.

El periódico El Tiempo destaca en su portada la foto del unionense, con las manos esposadas hacia atrás y grilletes en los pies. La fotografía de La Tribuna es parecida y en el titular principal se lee: “Capturan en Honduras a peligroso capo guanaco”. La Prensa hace referencia a la detención del “más buscado de Centroamérica”.

Para desvanecer esos argumentos, los defensores esgrimían argumentos como: Reynerio no estaba oculto, no tenía armas, no tenía droga, no tenía guardaespaldas como lo acostumbran los capos. Pero Muñoz, jefe policial de investigaciones, asegura que ha observado la documentación de sus homólogos salvadoreños y cree que hay evidencias que lo incriminan en cinco casos de narcotráfico reportados en Nicaragua y Costa Rica: “Tenemos claro que él es salvadoreño y todos los delitos por los que se le busca allá tienen suficiente evidencia”.

Los casos de narcotráfico que las autoridades de El Salvador le recriminan son cinco. El primero data de diciembre de 2003 en Liberia, Costa Rica: 66 kilos de cocaína.

Un año más tarde, la actividad se volvió más intensa: tres casos más con decomisos entre 570 y 1,105 kilos y el último data de hace cuatro años: el decomiso de 219 kilos en Peñas Blancas, Costa Rica. Ciudades y circunstancias distintas, pero enlazadas por un factor común: los vehículos que transportaban la droga son propiedad de Reynerio.

En uno de los casos, hay llamadas entre un narco costarricense con El Salvadoreño “Octavio”.

La Fiscalía asegura que el número corresponde a Flores Lazo. El defensor Moisa cuestiona la legalidad de esa prueba. “En Costa Rica está permitida la intervención telefónica, pero en El Salvador, la misma Fiscalía dijo que no podía investigar a Adolfo Tórrez (ex director departamental de ARENA) porque no es permitido, ¿Y entonces, en qué quedamos?”, dijo el abogado hondureño.

El regreso

Para los allegados de Reynerio fue un día de contratiempos: dice Duarte que tuvo que esperar tres horas para hablar y firmar un poder que le permitiría defender al salvadoreño; los familiares tuvieron menos suerte y no se les permitió pasar de la entrada principal, donde permanecieron toda la mañana. Después del mediodía, dos patrullas policiales, un vehículo particular y una decena de policías encapuchados alteró el tráfico de Tegucigalpa y el semblante de los parientes del detenido. Hubo llanto.

La decisión estaba tomada: Reynerio debía ser entregado a El Salvador y los documentos que dan cuentan de su nacionalidad hondureña no pasaron el examen de legalidad. Nelson Murillo, el subjefe de INTERPOL, confirmó a primeras horas de la mañana que el expediente ya estaba en manos de la Fiscalía contra el crimen organizado. La Policía prometía mandar al capturado a El Salvador e iniciar una investigación sobre la forma fraudulenta en que se obtuvieron esos documentos en el departamento de Francisco Morazán (vea nota en página 8).

Por su parte, el ministro consejero de la Embajada de El Salvador en Honduras, Walter Anaya, confirmó que un equipo de la Policía y la Fiscalía salvadoreña estaban trabajando desde tempranas horas en el caso. “Hemos estado en contacto con la comitiva de la Fiscalía. El proceso es confidencial, pero ellos ya están haciendo todas las gestiones para la repatriación de esta persona”, dijo el funcionario.

Las reuniones entre salvadoreños y hondureños eran desfavorables para Reynerio. Para los intereses de la defensa, el caso se puso tan opaco como el cielo nublado, sin sol, que ayer cubría Tegucigalpa. De la bartolina policial salió rumbo a la Dirección General de Migración y Extranjería, un edificio blanco con franjas azules que, repentinamente, estaba fuertemente custodiado por policías. Duarte, el abogado, deambulaba por las instalaciones migratorias y se le notaba preocupado. Resuelto el dilema de su nacionalidad, ahora solo quedaba la duda si sería trasladado vía terrestre o aérea. A la 1:43 no estaba definido y, al finalizar el trámite, los policías encargados de la custodia daban explicaciones contradictorias: unos decían que en helicóptero, otros que en la patrulla. La única certeza y la única coincidencia entre los encargados de la seguridad era: “Va para El Salvador”.

A las 2:06 de la tarde, las sirenas de las patrullas policiales se reactivaron. Reynerio salió de la oficina migratoria rumbo a la base militar de Toncontín, a un costado del aeropuerto internacional. Antes de entrar al recinto militar miró hacia atrás, inexpresivamente. Mientras los militares levantaban la pluma, Reynerio fue retratado por última vez: rodeado de policías, frente a un monumento que tiene un helicóptero en la entrada. Involuntariamente, la base militar fue el último lugar que visitó.

Ahí estuvo casi una hora. Hasta que llegó un helicóptero blanco y azul con el escudo policial hondureño. Aterrizó primero en el aeropuerto internacional y, después de unos minutos, se dirigió a un campo cubierto por árboles, a unos dos kilómetros. Tras otros minutos de espera, casi a las 3:30 de la tarde, la aeronave se levantó, permaneció unos minutos como esperando las últimas indicaciones y finalmente alzó vuelo, dando una vuelta sobre el aeropuerto. Reynerio había emprendido su viaje de retorno y el cielo seguía nublado.

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