De cargos, fechas, montos y hasta características físicas bien definidas. La acusación que José Natividad Luna Pereira —Chepe Luna— posee en Nueva York está milimetrada en detalles ínfimos que espulgan hasta la inconfundible cicatriz en el lado izquierdo de su rostro. Se busca para enjuiciarlo y su perfil incluye “armado y peligroso”.

 

Documentos a los que ha tenido acceso LA PRENSA GRÁFICA establecen que Chepe Luna tiene una orden de arresto con difusión roja de la Policía Internacional (INTERPOL), emanada de la Corte del Distrito Sur de Nueva York (Estados Unidos) desde marzo de 2004, apenas dos años después de que este pasó por el sistema judicial salvadoreño, por última vez, por supuestamente haber agredido a un par de policías. La imputación cayó en un pozo sin fondo, como años antes las de contrabando de mercadería.

 

Más allá de las fallidas acusaciones de traficante de personas, contrabandista de mercaderías y lácteos, que se diluyeron como en río revuelto, las autoridades judiciales estadounidenses ubican a Luna Pereira en un rango jerárquico descollante y con contactos internacionales que lo ligan a narcos colombianos.

 

 

En costas nacionales

 

El 25 de marzo de 2004, el juez magistrado de la Corte del Distrito Sur de Nueva York, Kevin N. Fox, giró una orden de captura contra Chepe Luna bajo el número 04CRIM288, la cual fue manejada, desde entonces, con reserva pública. De hecho, la ficha no está disponible en el portal de internet de INTERPOL, como los fugitivos con difusión roja.

 

El relato de hechos planteado en la acusación jurídica perfila a Luna, quien posee una doble nacionalidad acreditada, como el “jefe de una organización dedicada al tráfico de cocaína y de personas que operan en América Central” y su palmarés va ampliándose con la vinculación de tres alijos, llamadas para coordinar el blanqueo de dinero y ordenamiento de remesas a nombre de personas muertas, entre otras perlas.

 

Según la imputación, Luna Pereira obtiene la droga a través de desembarques de lanchas colombianas que viajan “a lo largo de la costa pacífica de América Central”. Las autoridades de EUA añaden que la coca “se transborda a su flota de lanchas”. El periplo incluye el desembarque en costas salvadoreñas.

 

 

Un caso similar fue el de William Eliú Martínez, ex diputado del Partido Acción Nacional (PAN), quien fue condenado por la Corte Federal del Distrito de Columbia (Washington) en 2005 por el desembarque de cocaína proveída desde Suramérica en la Costa del Sol, en El Salvador, y su posterior introducción al país estadounidense. La droga era del capo guatemalteco Otto Herrera, quien aún espera juicio en EUA.

 

Recientemente el procesado por narcotráfico –supuesto miembro del consorcio de empresarios de oriente ligados a delitos como la evasión fiscal y lavado de dinero, entre otros, denominado Los Perrones– Daniel Quezada se apuntó otro tanto en esa dirección: un análisis científico determinó que en una lancha incautada a un lugarteniente suyo se transportó cocaína.

 

No son los únicos indicios. Desde por lo menos 2006, las autoridades locales han contado con información que en las costas orientales se desembarca droga. En algunos de estos casos han salido salpicados policías como supuestos colaboradores de los narcos. Tanto la Fiscalía General de la República (FGR) como la Inspectoría de la Policía tienen sendas investigaciones abiertas para corroborar o no la infiltración.

 

 

El detalle del caso de Luna reseña que luego de que la cocaína es desembarcada es trasladada en “compartimentos ocultos” en furgones de “18 ruedas”, para movilizarla hacia Guatemala. Ahí, según los estadounidenses, corre de nueva cuenta una nueva organización para sacar la droga hacia México, al allanar el camino para el destino final: Estados Unidos.

 

Un rol parecido, aunque en menor escala, le han atribuido las autoridades locales al procesado Reynerio Flores Lazo, quien a través de sus negocios de transporte que incluyen rastras y pipas habría movilizado unos $82 millones de droga, aunque únicamente por Centroamérica, según la acusación en su contra.

 

Los cargos

Según la acusación jurídica en su contra, Luna Pereira recibió en el mar una “remesa” que ascendía a 500 kilogramos de cocaína. Este después se habría encargado de llevar la droga hacia Guatemala. Tal “negocio” habría sido efectuado en agosto de 2003.

 

Sin embargo, a Chepe Luna lo ligan con otro cargamento mayor. “En septiembre de 2003, Luna trató de transportar una carga de 1,200 kilogramos de cocaína por el mismo procedimiento”, reseña el documento.

 

Un decomiso de 67 kilos de coca, en donde según las autoridades de EUA se detuvo a un “socio” de Luna Pereira, ocurrió en Costa Rica pocos meses después. El caso se trata del arresto, el enjuiciamiento y la condena a ocho años de prisión de Rolando Alfredo Zaldaña Ventura, el 13 de diciembre de 2003. La droga iba transportada en un vehículo a nombre de María del Rosario Díaz, a quien el vehículo le había sido traspasado a su nombre por su jefe: Óscar René Molina Manzanares, prófugo por lavado de dinero en el país.

 

EUA agrega que Luna Pereira “blanquea” las ganancias obtenidas del narcotráfico, y el documento añade que en enero de 2004, este habló por teléfono desde el país estadounidense con alguien de Centroamérica para tratar el lavado de dinero.

 

Según las autoridades estadounidenses, el supuesto narco “controla” tres agencias de casas remesadoras. Los primeros tres meses de 2004, este habría remesado cerca de $15,000. En una de las transferencias cablegráficas, según EUA, utilizó el nombre de personas fallecidas.

 

Sin embargo, el cargo de lavado es valorado por las autoridades de Estados Unidos por mucho más. Según las estimaciones de la acusación, Luna Pereira pudo haber blanqueado “más de $200,000 por semana”.

 

INTERPOL lo busca, además, por un cargo de tráfico de personas, actividad para la cual, según EUA, ha adquirido, incluso, Sistemas de Posicionamiento Global (GPS, en inglés) y radios.

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