La Comisión Ejecutiva Hidroeléctrica del Río Lempa (CEL), encargada de subsidiar el consumo de energía eléctrica arriba de los 99 kilovatios por hora (kwh), no tiene más recursos para seguir amortiguando el costo real de la energía. “Solo se va a subsidiar al 82% de la población, que constituye el sector que consume hasta 99 kilovatios por hora”, señaló Nicolás Salume, presidente de CEL. “Para el residencial, industrial, comercial y alumbrado público ya no hay más fondos”, agregó.

 

Dos fuentes gubernamentales, a condición de mantener el anonimato, confirmaron ayer que no se subsidiará más la energía eléctrica en estos sectores ni en abril ni en ningún otro mes.

 

Esto implica que a partir del próximo mes, los usuarios incluidos en este segmento verán un incremento en torno al 40% en sus facturas por energía, según confirmaron todas las fuentes consultadas. “No es que no queramos, pero no se puede seguir subsidiando porque no hay más dinero”, explicó Salume.

 

La decisión se tomó la semana anterior, después de las elecciones presidenciales, de manera que las distribuidoras eléctricas ya están enteradas del cambio.

 

“El lunes (hoy) nos reunimos con CEL y hasta entonces podemos dar más información”, comentó, por su parte, Eduardo Ayala Grimaldi, secretario técnico de la Presidencia y quien ha contribuido en las múltiples búsquedas de fondos para pagar el subsidio cada mes.

 

El objetivo del subsidio era amortiguar al usuario final el costo real de la energía, para vender el kilovatio a $91.14 máximo; es decir, el que traía la factura.

 

El mecanismo, que arrancó tras la promesa de Antonio Saca para mantener estables las tarifas, obligaba a las empresas distribuidoras (como DelSur y AES) a que absorbieran la diferencia entre el precio al que compraban el kilovatio a las generadoras y el que cobraban al usuario. Luego el Estado les devolvía la diferencia.

 

En enero el precio promedio de la energía para el distribuidor era de $146.03; en febrero, $134.3.

 

“Cuando el presidente hizo la promesa (tarifas estables) el combustible (más bien, el barril de petróleo) estaba en $60 –explicó Salume–, pero desde esa fecha se disparó el costo y no podíamos hacer nada con ese precio, teníamos que absorberlo todo.”

 

En época seca, El Salvador depende en más del 60% del búnker, una generación de energía a partir de petróleo importado.