Es tiempo de compartir
Escrito por GN3Miércoles, 21 octubre 2009 00:00
Elena María de Alfaro
Hace dos semanas, un grupo de 100 empresarias de todo el continente americano se dieron cita en la ciudad de Washington D.C. para asistir a la conferencia “Caminos hacia la Prosperidad”, organizada por el Departamento de Estado de Estados Unidos. Éramos un grupo muy diverso en su pensamiento político y credo religioso, que representábamos a micro, pequeñas, medianas y grandes empresas con la más amplia diversidad de productos y servicios, muchos de ellos innovadores y de alta calidad.
La gran mayoría de las asistentes no nos conocíamos previo al evento. Allí nos enteramos que entre las participantes estaban varias mujeres que habían adquirido títulos en prestigiosas universidades, trabajado en empresas de amplio renombre y recibido altas distinciones a escala nacional e internacional. No obstante, en ese lugar, ninguna fue más que la otra y la más aplaudida fue la más humilde: Catalina Sánchez de Ayoquezco, México, quien se dedica a hacer ricas tortillas de mezcal. Todas nos vimos como lo que somos: un grupo de mujeres líderes y emprendedoras con ganas de aprender de las experiencias de las otras y dispuestas a compartir conocimientos y habilidades para guiar a nuestras compañeras a convertirse en personas de éxito.
Al final de la conferencia se formaron dos grupos: mentoras y lideresas emergentes. Las primeras estarían encargadas de asesorar a las segundas durante un año, gratuitamente, en temas de investigación, competitividad, acceso al mercado, desarrollo de productos, mercadeo, finanzas, comunicación, computación y otros.
¿Por qué nos aventuramos a tomar semejante decisión? ¿Por qué aceptamos el reto de convertirnos en socias y trabajar juntas? Porque estamos convencidas que apoyándonos unas a otras, compartiendo nuestras experiencias, evitando que quienes están apenas comenzando cometan errores o fracasen, y mejorando nuestras habilidades contribuiremos al desarrollo y a la reducción de la pobreza y posiblemente nos permita esquivar mejor la crisis económica.
En mayor o menor escala, todos poseemos algún conocimiento que podemos compartir con nuestros semejantes. Unos podrían ayudar a los chiquillos o a los adultos que necesitan aprender a leer y escribir; o enseñarles a cocinar una rica sopa de gallo en chicha para deleitar a los clientes de un comedor; a hablar inglés, hacer un ruedo, manejar una máquina de coser o internet. Otros podrían dedicarse a hablar sobre su profesión a los futuros bachilleres —sobre todo del área rural— ayudándolos a elegir mejor las carreras que estudiaran al graduarse, etc.
Hay tantas cosas que podemos enseñar como tantas que necesitamos aprender unos de otros. Si solo estuviéramos dispuestos a compartir uno o más días al año para devolverle al país los conocimientos adquiridos en la vida, la economía podría crecer a un ritmo más acelerado, nuestro país estuviera más desarrollado y superaríamos mejor los obstáculos y las crisis. Estoy segura que hay muchos salvadoreños visionarios que se sumarían a este esfuerzo transformacional. Hago pues un llamado a los estudiantes, amas de casa, técnicos, profesionales, retirados y en general a todos aquellos que han desarrollado alguna habilidad a compartirla con aquellos que necesitan o desean aprender y mejorar sus destrezas. Por muy básico o poco que nos parezca lo que sepamos y podamos aportar, será de mucho beneficio para otros y, por ende, para El Salvador. Nuestro pago será la satisfacción de ser solidarios con nuestro prójimo y eso tiene un valor inigualable.
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