Música y canto. Un grupo folclórico interpreta melodías durante la entrega de diplomas a maestros que finalizaron el curso sobre aprendizaje del náhuat, realizado este año en varias escuelas.

“Hay como 200 personas que hablan náhuat en el país, 140 en Santo Domingo de Guzmán.”
Jorge Lemus
Universidad Don Bosco
“Debe imperar conocer nuestra identidad cultural, nuestras raíces.”
Carlos Enrique Cortez
capacitador en la enseñanza del náhuat
No es náhuatl
La lengua ancestral salvadoreña es el náhuat (o pipil), prima del náhuatl que se hablaba en el territorio de México.
Los pipiles salvadoreños emigraron desde México desde el año 800 al 1200. Todos proceden de la familia uto-azteca, que tiene incluso etnias de Estados Unidos.
Por proceder del mismo tronco, la lengua de los pipiles es similar al náhuatl mexicano.
Aparte del náhuat, en territorio salvadoreño se hablaba lenca y cacaopera en el oriente, pocomán y chortis, pero dominaba la primera. El resto desapareció.

La Universidad Don Bosco, con apoyo del Ministerio de Educación, ejecuta un proyecto destinado a rescatar y preservar la lengua que hablaban los antepasados en tierras salvadoreñas. Actualmente, unos 3,500 alumnos aprenden náhuat.

En diversos actos oficiales y privados, un coro de niños ha cantado el himno nacional en una lengua desconocida para casi todos los habitantes de El Salvador. Pero cada día, a más personas se les hace conocida esa lengua, el náhuat, y algunos incluso pronuncian palabras o frases, y otros hasta entablan conversaciones como si de un segundo idioma se trata. En algunos lugares, familias enteras la han hecho parte de su vida, por herencia o estudio.

Una de estas experiencias inició en 2006 en el Complejo Educativo Alberto Varela, de San Juan Talpa, en La Paz, a iniciativa del Consejo Directivo Estudiantil y con apoyo de la Universidad Don Bosco. “La localidad tienen nombre náhuat, pero en la comunidad no hay ningún nahuahablante. Nosotros consideramos que es importante rescatar la identidad de nuestros ancestros. Ya tenemos cuatro años y muchos jóvenes que hablan bastante náhuat”, afirmó.

El proceso de aprendizaje consiste en impartir dos horas semanales a todos los alumnos –de primero a tercer año de bachillerato–, acondicionando el horario escolar y sistematizado el proceso. No fue necesario obligar a los más de 800 estudiantes, sino que el interés despertó de forma natural.

Para 2011, el CDE del complejo busca dar un paso más adelante: instituir una cuna náhuat, proyecto que consiste en impartir enseñanza a niños de tres a cinco años hablando en náhuat, como ha ocurrido en Santo Domingo de Guzmán, departamento de Sonsonate.

La experiencia ha sido enriquecedora no solo para los estudiantes. Los primeros en aprender el náhuat fueron los maestros. Para María Deysi Guzmán, docente de Lenguaje y Literatura del Complejo Educativo Alberto Varela, aprender la lengua ancestral es más difícil que el inglés, “por la pronunciación, aunque algunas personas dicen que es fácil”. “Ya llevo como tres años e intercambiamos palabras y oraciones con alumnos e incluso con nahuahablantes.”

Guzmán recibió recientemente un diploma que la acredita como maestra que concluyó las 360 horas de instrucción en el proyecto Revitalización Lingüística del Idioma Náhuat. Otros 27 colegas también participaron en el proceso impulsado por la Don Bosco en 14 centros escolares de Sonsonate, Ahuachapán y La Paz.

“Para el otro año, si conseguimos financiamiento, queremos preparar a los jóvenes de educación media para que hagan las horas sociales enseñando náhuat en la comunidad y escuelas cercanas”, dijo José Rubén Pleytez, director del complejo educativo.

El proyecto en sí, impulsado por la Don Bosco, tiene tres aristas: la cuna náhuat, el aprendizaje en 11 escuelas como segunda lengua y la capacitación de maestros. Una de estas escuelas está en Tacuba, Ahuachapán, el resto se ubica en Sonsonate, con unos 3,500 alumnos en total.

Pero también se considera plantear una ley de lenguas para garantizar el estatus del náhuat. “No pretendemos volverla lengua oficial del país, pero sí evitar que muera”, manifestó Jorge Ernesto Lemus Sandoval, director de investigaciones de la Universidad Don Bosco.

Durante este año, el proyecto recibió el apoyo del Ministerio de Educación por $100,000. Para las siguientes etapas se busca obtener de nuevo el apoyo oficial.

Patrimonio lingüístico

Lemus calificó al náhuat como un bien intangible de El Salvador y patrimonio lingüístico que ha sido olvidado, perseguido y reprimido, así como sus hablantes. “Hay muy pocos hablantes, tenemos menos de 200 en todo el país, todos ancianos y lo utilizan no en forma cotidiana. Para propósitos prácticos, el náhuat es una lengua muerta, porque no pueden ir al banco a hacer una transacción o dar un discurso porque nadie se los va a entender”, señaló el director de investigaciones.

El sitio núcleo de nahuahablantes está en Santo Domingo de Guzmán, con unas 140 personas; el resto está en comunidades como Cuisnahuat, Caluco, Tacuba, Izalco, Nahuizalco, en muy pequeñas cantidades.

A la venida de los españoles a tierras salvadoreñas dominaba la lengua pipil –o náhuat– sobre otras como el lenca, cacaopera, el pocomán y chortis. Lemus Sandoval explicó que la lengua náhuat debe diferenciarse del náhuatl, que se hablaba en México, aunque tenían un mismo tronco común como idioma de la familia uto-azteca.

En El Salvador solo el náhuat ha sobrevivido, el resto prácticamente desapareció, por lo que rescatar y preservar el pipil es conservar lo único que queda del patrimonio lingüístico. Sin saberlo, en las conversaciones diarias se utilizan palabras pipiles, como ayote, camote, jocote, Tacuba, Izalco, y otras que se españolizaron. El deseo de conocer dicha lengua puede iniciarse con decir tiknekit timumachtiat ne nawat (queremos aprender náhuat).