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Muchas manos para Verapaz

Escrito por por Isabela Vides
Sábado, 28 noviembre 2009 00:00
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S entados los tres, quemando un cigarrillo comunal, se dedican a piropear a cuanta mujer se acerca por aquella esquina que defienden con marcado territorialismo.

La tarea del cortejo se ve multiplicada gracias a las voluntarias que, desde San Salvador y San Miguel, han llegado para colaborar con las labores de limpieza “fina” desde el interior de las casas.

Todo el ocio que puede haber en Verapaz se concentra en estos tres. Los demás, palas en mano, mascarillas y llenos de lodo, no paran en su afán por devolverle la normalidad al interior de las casas.

Por allá, las camisetas anaranjadas marcan a los 56 voluntarios que han llegado del FOVIAL. Unos se reparten en el trabajo de las casas y otros en reactivar el instituto nacional de la ciudad arrasada por el lodo.

En la parte alta, las camisas amarillas hablan de los 40 empleados del Ministerio de Obras Públicas (MOP) que se dedican a la limpieza de la unidad de salud.

“Ya encontramos el piso de la unidad, ya se ven los cuartos; quiere decir que hoy sí vamos a poder lavar bien”, dijo emocionada Gracia María Rusconi, encargada de la Unidad de Desarrollo y Descentralización del MOP, mientras esperaban al camión de bomberos y la potencia de sus mangueras.

Después de tres semanas de labores, la unidad de salud volverá a tener piso como antes de la tragedia, uno de cerámica y no el de lodo de los últimos días.

Un tercer contingente se uniría cerca del mediodía, uno de chalecos blancos y corona real.

Llegó la reina

Desde San Miguel, unas 100 personas —entre miembros de la Universidad Andrés Bello, Protección Civil, Ministerio de Salud y otros— llegaron para apoyar en la limpieza.

Con ellos, la visión inesperada de una corona plateada y brillante que sobresalía entre el lodo, incrustado por semanas en la pupila de los lugareños.

Con jeans, camiseta y tacones, Lady Carolina Guzmán, reina de San Miguel para el carnaval que se celebrará hoy, llegó junto a la comitiva de ayuda.

Después de dejar los víveres en el centro de acopio, la joven caminó por el pueblo hasta el Instituto Nacional de Verapaz.

La visión causó curiosidad de más de algún local, que abandonó la comodidad de su casa para seguir a la curiosa comitiva y seguir sus movimientos sin dejar de lado el morbo.

La expectativa creció cuando Guzmán tomó una pala y, como toda reina de belleza, posó para la cámara con algunos de los presentes en el lugar para luego desaparecer con la misma gracia con la que había llegado.

Pero los demás de la comitiva se pusieron manos a la obra.

El lodo al interior del instituto parecía no estar afectado por el tiempo. Tres semanas después continuaba siendo una suerte de espesa sopa café renuente de abandonar los lugares que hasta hoy había conquistado.

Para poder liberar las aulas del lodo se tuvo que hacer boquetes en las paredes y sacar lo rezagado por los lados de la institución.

Al interior de la institución, en el proceso de limpieza, se encontraron 47 computadoras totalmente arruinadas, además del material escolar, los pupitres y algunas instalaciones eléctricas.

Por el momento es imposible cuantificar los daños al interior del centro escolar.

Entre otras labores que también se han llevado a cabo está la construcción de una borda para detener cualquier posible lluvia leve e incluso moderada que se presente.

“Pero si vuelve a llover como ese día, no va a haber nada que se pueda hacer”, indicó Miguel Ángel Portillo, encargado del FOVIAL en la zona.

Casa de verano

Al calor del mediodía, Luis Adrián Alfaro, de 73 años, se sentó frente a su casa, en la que ha habitado desde que tenía ocho años.

Sin ocultar su melancolía contó que tuvo que irse por semana y media donde su hija, en Soyapango, y que ha regresado con la esperanza de recobrar su casa y volver a habilitarla.

Miedo ya no tiene, dijo, pero el plan que han tramado con su familia es vivir en Verapaz durante los veranos y para la época de lluvias viajar a Soyapango y estar en el resguardo de la casa de su hija.

“Hay que tener cuidado con los ladrones, eso es lo único ahorita”, comentó, advirtiendo el peligro.

Su vivienda perdió el portón arrancado por la fuerza del aluvión y la tierra dejó totalmente llena la primera planta. Él y su familia —de cinco— lograron salvarse al subir al plafón, donde no fueron alcanzados.

“A mi señora la tuve que convencer porque no quería subir, aquí estaba agarradita del barandal de la ventana”, relató.

Alfaro dijo estar agradecido con la ayuda que ha recibido hasta ahora por parte de gente del FOVIAL. “Trabajadoras estas muchachas”, aceptó.

Según dijo, la ayuda ha llegado y comida tampoco falta, aunque ya estén en sus casas y no en un albergue.

Pese a que ya han transcurrido tres semanas y que el panorama luce muy diferente —ya no hay piedras en las calles y la circulación vial es normal—, el impacto de la tragedia sigue siendo fuerte.

Así lo comprueba Aleida Argueta, estudiante de tercer año de Licenciatura en Computación de la Universidad Andrés Bello de San Miguel y voluntaria en labores de limpieza, quien llegó por primera vez a Verapaz.

“Aunque ya lo habíamos visto por televisión, realmente sí nos ha admirado. Es difícil ver todo esto”, dijo.

Fue precisamente eso lo que la motivó a movilizarse para ayudar en las labores de limpieza de Verapaz. “Creo que todos debemos ayudarnos, sobre todo en los momentos más difíciles”, afirmó la joven.

Los fines de semana el número de voluntarios puede llegar hasta 700, mientras que el lunes baja radicalmente hasta 30 voluntarios, explicó Portillo.

Aun con los altibajos en la ayuda, se espera que en 10 días se haya concluido con los trabajos de limpieza al interior de las casas y que la situación en Verapaz pueda volver a cierto nivel de normalidad.

Aunque el aseo termine y la vida vuelva al ritmo normal, las certezas de la localidad son muy pocas.

Todavía no se sabe si Verapaz será movido de lugar debido a los peligros que representa estar aún ahí; no se sabe si los habitantes olvidarán los peligros que viven y preferirán quedarse donde ya conocen. No se sabe si a pesar de la limpieza esas casas volverán a ser un hogar con los recuerdos que, con cada lluvia, vuelven a aflorar en la comunidad.

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FOTO DE LA PRENSA/Salomón Vásquez



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