Chirajito les salvó la Navidad
Escrito por Gabriel Labrador AragónSábado, 26 diciembre 2009 00:00
De sombrero y grandes zapatos rojos; de pantalón amarillo y sobrio maquillaje blanco; de roja nariz y sonrisa infatigable. Ese es Chirajito, el presidente de los niños, el que una vez más está por salvar una Navidad sin juguetes a los hijos e hijas de los vendedores del centro de San Salvador.
Chirajito ha preparado una mañana llena de sorpresas para los niños cuyos padres venden en puestos informales de los alrededores de la plaza Morazán, frente al Teatro Nacional, esa plaza que evoca al histórico líder rebelde Francisco Morazán del siglo diecinueve.
La celebración que se da hoy en la plaza es una tradición que nació hace 13 años, una cuantas cuadras más al norte, en el parque San José. El público al que iba destinado no era el mismo. “Eran unos cipotes que eran huelepegas”, explica Chirajito. “Y cuando les dije que se tenían que quitar los botes de pega, casi me sacan a patadas.” Y Chirajito estalla en risas. Hoy, el histórico payaso prefiere celebrarlo, además de que el parque San José ahora ya no tiene tanto espacio como antes.
A las 10 de la mañana, la plaza está llena de niños, niñas... y sus madres, que más de una vez colmarán la paciencia de un estricto Chirajito quien implorará que los juegos sean para los pequeñines, y nadie más.
“Nosotros vendemos en la calle. Está bonita la celebración, porque los niños así se divierten. Sí, está bonita, porque nosotros solo vendemos en la calle...”, explica Cristina, una vendedora de la calle Delgado, en el centro de San Salvador.
Lo que a Cristina le falta decir es que vender en la calle no siempre significa bonanza, no siempre significa regalos para los hijos o sobrinos, no siempre significa juguetes o estrenos. La bonanza impulsada por los miles de salvadoreños que diariamente circulan por las calles del centro capitalino no parece suficiente para los miles de vendedores que cada vez pareciera que son más.
Emerson, Steven y Edwin son primos entre sí, y ninguno supera los 10 años. Son los pequeños familiares de Cristina y de no ser por esta fiesta de payaso a lo mejor no habrían cargado regalo en sus manos esta Navidad.
“Muchas familias de las que venden en el centro que no alcanzan obtener dinero ni siquiera para llevar el pollo para el 24 o el 31. Por las mismas deudas, los recibos de la luz, el agua... A veces no alcanzan ni para el estreno ni para la comida. No hay para regalos”, explica Javier, un ex vendedor del predio Ex biblioteca, contigua a la calle Delgado.
En la espera de que comience el reventón, las piñatas sufren los embates de los más curiosos y dan la impresión de que no aguantarán hasta el final. Por eso Chirajito decide arrancar el show. Comienzan los palazos a las piñatas; un silbatazo da por finalizada la participación de cada niño. Luego es el turno de las niñas... y luego de las madres y abuelitas. Todos se agachan por los dulces, agradecidos.
“Los niños viven en una situación donde ya les es diferente si les dan o no regalo”, agrega Javier.
Después de las piñatas, Chirajito se las arregla para enviar a todos los niños al pequeño escenario sobre la plaza. Está por regalarles pastel y juguetes. “Puuu... son juguetes bien chivos”, exclama uno de los infantes presentes.
Uno por uno, Chirajito va regalando los juguetes, a los niños y niñas. La mayoría tiene que hacer malabares con el pastel, los juguetes y el algodón de azúcar que con una sonrisa de oreja a oreja, Chirajito les ha dado. Por una vez, aunque sea, tienen las manos llenas.
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