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Ventas de útiles escolares comienzan en San Salvador

Son las 9 de la mañana y al puesto de útiles escolares de Sandra Pérez ya se acercaron los primeros clientes. Es el segundo día del año y hasta hace una hora los comerciantes de las ventas informales de la calle Rubén Darío aún se apresuraban por acomodar la mercancía que reemplazará los artículos navideños: cuadernos, bolsones, colores, lapiceros... La temporada escolar ya está en el centro de San Salvador. Es por eso que Sandra, como muchos comerciantes, hace días que surtieron sus puestos para iniciar las ventas de los primeros días de enero.

Hasta aquí ha llegado hoy Ana Cecilia Rivas. Acaba de comprarle a Sandra una mochila con la figura de la muñeca Barbie para que su hija inicie clases en tercer grado en una escuela pública del municipio de Mejicanos. Mientras entrega un billete doblado de a $10 a la comerciante, esta mujer de cabellera larga y amplia sonrisa no deja de mostrarse preocupada por el poco tiempo que queda para el inicio de clases, por las gestiones que la escuela de su hija tiene pendientes para la entrega de materiales escolares y uniformes gratuitos. Ese procedimiento para el que, dice, “ni el Ministerio de Educación ni los maestros se han puesto de acuerdo”. Esta madre de familia dice que, por si acaso, ahorró en diciembre el mismo dinero que todos los años para los útiles de su hija: unos $150, sin contar el gasto en calzado.

Como a ella, a muchos padres de familia que recorren la Rubén Darío les preocupa la falta de información sobre el programa del MINED. Mientras ofrece a $8.50 una mochila de lona a otro cliente, Sandra tampoco esconde su incertidumbre porque esta temporada las ventas bajen. “Dicen que les van a dar uniformes y cuadernos, eso les va a ayudar a muchas familias por la economía, y es bueno, por eso creemos que este año tendremos más pérdidas”, dice Sandra, entre resignada y nerviosa.

Quizá por eso muchos vendedores de útiles escolares en el centro capitalino están convencidos de que, hoy más que nunca, deberán “consentir al cliente”. “Los precios de los cuadernos y la mayoría de útiles, lápices, borradores, se ha mantenido casi igual que el año pasado, por eso procuramos desde ya darle rebaja al cliente, hacer una venta inteligente para que regrese”, dice Vilma Guzmán, quien se dedica únicamente a la venta de bolsones.

La mañana avanza y el bullicio del altoparlante de una venta de DVD piratas se mezcla con el pregonar característico de la temporada. “A cora la yarda de plástico, ¡a cora!”, se desgañita un joven moreno y delgado frente al puesto de Sandra. “Vaya, de cuál cuaderno va a querer, hay de todo diseño, a dólar el cuaderno n.º 1”, grita otro vendedor. Algunos más que otros prefieren iniciar esta temporada con optimismo, sin pensar en pérdidas, y se esfuerzan por llamar la atención de los clientes.

Una mirada basta para que los vendedores ofrezcan su producto y tomen del brazo al potencial comprador. Otros ofrecen rápido “los nuevos diseños” de temporada. Entre lo más popular desde ya están los cuadernos con el diseño del fallecido cantante Michael Jackson, o con los artistas jóvenes del momento.

Aunque aún es pronto para que el grueso de clientes llegue a los puestos de venta del centro, esa mañana una buena cantidad de padres de familia en compañía de sus hijos se pasean por la Rubén Darío. Unos, los más previsores, se detienen y compran de inmediato con lista de útiles en mano porque aseguran haber ahorrado dinero del aguinaldo. Otros se conforman con mirar, preguntar y cotizar para volver después del pago de la primera quincena.

La preocupación de los vendedores del centro por una posible baja en sus ventas es doble para los comerciantes de uniformes y telas, que resienten no haber sido escuchados por el MINED en su plan de uniformes gratis. “Se ha vendido aproximadamente un 10% menos que este mismo día del año pasado, incluso la gente desde diciembre en vez del estreno compraban el uniforme; hoy casi nadie pregunta”, dice Santos Ruiz Ochoa, desde su venta de uniformes escolares en la 5.ª avenida sur y la 4.ª calle poniente. Esta zona se caracteriza por el predominio de estos artículos.

María Antonia Acosta es apenas la segunda cliente que llegaba al puesto de Santos ayer en la mañana. Compró dos guayaberas beige para su hijo que estudiará bachillerato en un instituto capitalino. Ella dice que ha presupuestado $200 para la compra de útiles este año.

Un estudio de 2007 de la Dirección General de Estadística y Censos (DIGESTYC) cifró en $100 millones el gasto de los hogares salvadoreños en uniformes, calzado y útiles. El MINED invertirá $79 millones en el programa.

El hijo de María no se beneficia del plan de gratuidad; la medida va dirigida a 1.3 millones de estudiantes de parvularia hasta noveno grado del sector público.

Es casi mediodía y algunos comerciantes aún acomodan el producto. Unos esperan que como todos los años, pese a todo, logren recuperar lo invertido.