Santiago. Desde su despacho en la avenida 11 de Septiembre, en Santiago de Chile, Guillermo Arthur observa y analiza los resultados de las reformas de pensiones en el continente.
La agitada ciudad tras la ventana es la prueba fehaciente del pujante desarrollo económico en el país sureño, desarrollo que Arthur —como muchos otras analistas— relaciona con la reforma previsional impulsada a principios de los ochenta.
Al frente de la federación que agrupa a todas las Administradoras de Fondos de Pensiones del mundo, el reconocido analista es claro en decir que el sistema ha tenido éxito en Chile, y que el grado de triunfo que alcance en otros países está íntimamente ligado a la capacidad de invertir adecuadamente los fondos de pensiones.
¿Cuál es su evaluación de las reformas de pensiones en América Latina?
El balance parte de una situación que la gente suele olvidar: la crisis de los sistemas de reparto. En estos, los trabajadores activos pagaban la pensión de los pasivos, y esa situación fue posible mientras los trabajadores activos eran muchos más que los jubilados. Pero con el tiempo y con los cambios demográficos, la población envejeció, aumentaron las expectativas de vida, bajó la tasa de natalidad, y cada vez eran menos activos financiando la pensión de los pasivos. Lo primero que hay que recordar es cuál fue la génesis de este sistema. Una evaluación seria nos lleva a decir que ha tenido un impacto profundamente positivo en las pensiones de los trabajadores —que eso está por verse pero ya todos los indicadores lo muestran—, y segundo, en el crecimiento económico de los países.
Pero, ¿de todos los países?
De todos los países. De partida, el sistema de acumulación de fondos de capitalización y la rentabilidad que han obtenido todos los países con este es mucho mejor que la rentabilidad que se obtenía en los sistemas de reparto. Eso está comprobado. Además, como hay un impacto en la inversión y en el ahorro, puede contribuir fuertemente al desarrollo económico de los países. Ahora, ¿en todos los países? En algunos más, en otros menos. ¿Depende de qué? Depende de la diversificación de las inversiones que haya en uno u otro país. Si todas las inversiones están concentradas en instrumentos estatales, no le puede pedir al sistema previsional que tenga un efecto mayor dentro del desarrollo económico. Lo que hay que hacer es ampliar la gama de instrumentos en los cuales puede invertirse el fondo, permitiendo que lo haga en instrumentos emitidos por el sector privado, por el sector público, e incluso, en el extranjero. En Chile, tenemos una diversificación enorme en cuanto a los instrumentos en los cuales se puede invertir el fondo, y eso ha hecho que tenga un impacto muy grande dentro del desarrollo económico. Si en otros países ha tenido un impacto menor es porque la legislación no le ha permitido invertir estos fondos en otra clase de instrumentos. Mi evaluación, por lo tanto, es positiva para todos. Va a mejorar el nivel de las pensiones. Y que no se nos olvide que cada trabajador tiene ahora su cuenta personal. Antes, su plata iba a un tonel sin fondo. Pero tenemos un desafío enorme de mejorar. ¿Cómo? A través de permitir que se invierta. El objetivo no es promover el crecimiento de los países, eso es un subproducto. Veamos como todos los países crean las condiciones para que las administradoras vayan invirtiendo en una gama más amplia de instrumentos.
¿Independientemente de que la cartera no se haya podido diversificar en algunos países, siempre puede considerarse positivo el cambio?
Siempre ha sido positivo, por el solo hecho de que su dinero vaya a una cuenta suya, que nadie se lo puede expropiar, aunque esté invertido en instrumentos que no sean muy rentables. Obviamente es más positivo si lo ha podido invertir en acciones o instrumentos más rentables. Pero hay un viejo dilema como el del huevo y la gallina, muchas veces dicen, por ejemplo: en El Salvador el mercado de capitales es muy pequeño para permitir más inversiones. En Chile también era pequeño, pero cuando le va metiendo a ese mercado de capitales este volumen de recursos gigantescos, lo va haciendo reaccionar y va creando nuevos instrumentos.
Se da una presión pero, ¿qué pasa si no reacciona?
Va a reaccionar, necesariamente, es imposible no reaccionar. Cuando le dice “necesito canalizar estos recursos y si usted no tiene instrumentos… de alguna manera van a salir”. Si son pocas las sociedades anónimas, las mismas sociedades que hay se van a ir formalizando; si probablemente son familiares y no se transan en bolsa, se van a ir formalizando… En 1980, cuando sale el sistema en Chile, el 100% del financiamiento de las empresas estaba en manos de los bancos, a través del crédito, hoy es apenas el 50%. ¿Cómo se financian las empresas hoy? Emiten bonos, acciones y las colocan en un mercado, y ¿quién las compra? Las AFP. Se despierta un interés de parte del mundo productivo de proveer de estos instrumentos para que las administradoras inviertan en ellos. Pero ahora quiero referirme a otro punto que es la duda que se despertó en todo el mundo que ha adoptado este sistema. Se trata de lo que sucedió en Chile durante la campaña electoral. Hubo muchas críticas al sistema. Recién acaba de terminar una comisión que nombró la presidenta (Michelle Bachelet) para hacer un diagnóstico del sistema, presidida por un distinguido economista, Mario Marcel —miembro del partido socialista, no estamos hablando de un hombre de derecha—. Él presidió la comisión de expertos y su informe parte diciendo: El sistema de capitalización no está en crisis, subrayo, no está en crisis, por el contrario, va a pagar pensiones del mismo nivel del sueldo a todos aquellos que cotizaron regularmente. Y a continuación dice que lo que ocurre es que el mercado de trabajo ha cambiado y tenemos un segmento enorme de trabajadores que no cotizan regularmente, y el punto es cómo los atendemos. Por eso es que explicita un sistema previsional basado en tres pilares: un primer pilar es el público, no contributivo, que se financia con impuestos y que va en auxilio de los sectores de bajos recursos que durante su vejez no tienen fondos. Al establecer este primer pilar con tanta fuerza, despejó un montón de dudas que hubo respecto de la capacidad de reacción del sistema de AFP, porque antes toda falta de pensión era achacada a las AFP, decían: “este señor que trabajaba en tal lugar no recibe pensión” y la pregunta era “¿él cotizó alguna vez?”, “no, no cotizó”, entonces por qué le vamos a dar pensión, ese ya es problema del Estado. Por tanto, la gracia del informe de la Comisión Marcel es decir que el sistema previsional de capitalización individual tiene el problema de los que cotizan, el problema de los que no cotizan es del Estado, por eso está haciendo un primer pilar. Fue un aporte gigantesco a la discusión, porque sino se nos siguiera culpando de cosas que no eran nuestra responsabilidad.
El Estado no se puede desligar nunca de esa responsabilidad.
Nunca. Mientras haya pobreza, desempleo, informalidad. Aquí talvez, y en esto también hay que hacer un cierto mea culpa de parte de las AFP de todo el mundo, como ha sido tan exitoso todo mundo ha dicho es el sistema previsional, que resuelva todo, y cómo va a resolver si alguien no cotizó nunca. Yo administro los recursos de las personas que cotizaron y a esas personas les voy a dar una pensión buena. Un gran aporte de la Comisión Marcel fue decir eso, todos estos sistemas son de tres pilares: un primer pilar público, para las personas que no cotizan y son pobres, un segundo pilar privado, de capitalización, para las personas que fueron capaces de autofinanciarse su pensión y un tercer pilar de cotizaciones voluntarias, que son siempre privadas. Yo quiero subrayar de nuevo el inicio del informe que dice que el sistema no solo no ha fracasado, sino que va a ser capaz de dar pensiones iguales al sueldo, a los que cotizan regularmente.
Pero las críticas que desataron la creación de la Comisión Marcel...
Eran más de carácter político que técnico y era que hay mucha gente en Chile que no va a obtener pensión. La crítica venía por allí. Había una confusión. Estos son temas técnicos, no son de dominio público, entonces era muy fácil hablar.
¿En qué países considera que el sistema ha sido más exitoso?
En todos aquellos países en que ha habido un régimen de inversión más diversificado, como Perú y Polonia, que han permitido la salida de recursos al exterior. En algunos casos, hay una lucha que no debería existir entre el interés del Estado de contar con esos recursos y el interés de los aportantes de que esos se inviertan para darles más rentabilidad. Siempre debe primar esto segundo, el interés de los dueños de estos aportes, para que se inviertan con un criterio de rentabilidad y de seguridad, no con un criterio de fomento. Por ejemplo, si en El Salvador alguien quiere hacer un puente en algún lugar, que lo haga con plata del diputado o senador que promueve el puente, pero no con plata de los trabajadores; esos trabajadores lo único que quieren es que cuando se invierta su dinero, no se vaya a hacer fomento. El fomento se hace con los impuestos, pero la plata que los trabajadores dan para pensión es para pensión.
El fomento se hace con los impuestos, pero si estos no alcanzan, y se dice que las AFP tienen el dinero…
Es que ese dinero es de los trabajadores, y creo que de los grandes méritos que tiene este sistema es ese, que es una plata que no está al alcance de los políticos. Si antes era muy fácil, porque el aporte de los trabajadores iba a una caja pública y se repartían el botín para hacer las cosas más importantes para su electorado, una escuela acá, un puente allá, y la rentabilidad daba lo mismo, lo que importaba era cuántos votos le iba a aportar en la próxima elección. Ahora, esto está depositado en una cuenta del trabajador, y sacárselo de allí es absolutamente imposible. De las frases más importantes que hay en todas las leyes de este material es cuando se dice “los únicos criterios de inversión son rentabilidad y seguridad”. Y esto ha sido muy importante desde la perspectiva de la economía política. Antes era muy fácil llegaba un grupo de trabajadores y decían “yo quiero mejorar mi pensión” y, muy bien, dos puntos más y se veía después cómo se financiaba. Hoy uno financia la pensión y si quiere dos puntos más, tiene que aportar más.
Es cierto que los fondos no se pueden tocar, pero el que se propicie una cartera concentrada, ¿no es promover el fomento en lugar de la rentabilidad?
En Chile, los criterios de inversión son seguridad y rentabilidad. No hay ningún criterio de gratis de fomento. Sin embargo, la inversión del fondo ha tenido un impacto gigantesco en el desarrollo económico, porque al final, esos fondos se van asimilando hacia los sectores de mayor potencialidad económica. Antes se criticaba que este sistema no le daba a los afiliados préstamos para vivienda. Durante los 60 años del sistema anterior, no se dieron más de 80 mil préstamos para vivienda. Hoy los fondos de pensiones invierten en bonos hipotecarios de largo plazo, con lo cual las instituciones financieras tienen los recursos suficientes para prestar a largo plazo y más de 600 mil viviendas han sido construidas con los aportes del sistema de pensiones, y sí, una mentalidad de fomento, simplemente porque era un instrumento rentable, y va a cualquier banco en Chile y encuentra préstamos a 30 años plazo a tasas de 4%, 5%, porque se produce una asociación virtuosa entre las AFP que necesitan invertir a largo plazo y las personas que necesitan créditos a largo plazo. Lo mismo es válido cuando le digo bonos, todas las carreteras que hay en Chile, los aeropuertos se han modernizado, financiado gracias a los fondos de pensiones. El que licita ese aeropuerto dice “necesito la plata” o va al banco a prestarla, o emite un bono y la AFP le compra ese bono.
Para eso fue necesario reforma en mercado de valores.
Fueron juntas, sin duda. El mercado de valores fue rápidamente creando todos estos instrumentos para canalizar los fondos de pensiones.
Y en el área fiscal, ¿hubo reformas?
El déficit fiscal, el mayor lo produce el sistema de reparto. Era insostenible. Pero tenía una ventaja, era un problema que usted lo pateaba para adelante: eso lo verá el próximo gobierno. Lo importante era solucionar este tema. En Chile llevamos 25 años, en los cuales el gran déficit fiscal se generó porque teníamos que seguir pagando las pensiones de los jubilados del sistema antiguo y ya no teníamos entrada de recursos. Eso produjo un déficit fiscal del orden del 3.5%-4% del PIB durante un periodo de tiempo, que ya en Chile está bajando, con la maduración de todo esto, la mayor edad de las personas, algunas se han ido muriendo, ya va en franca declinación. El déficit fiscal dura 30 años. El año 25, el gasto en pensiones de Chile va a ser menos del 1% del PIB, porque cada uno va a estar financiando su pensión o la mayor parte, el gasto va a estar, fomentando a los sectores pobres que no cotizaron.
Y si hay déficit y se necesita financiar proyectos está la tentación política de usar el dinero que hay en los fondos...
Cada vez que oiga a un político que el dinero lo tienen las AFP, dígales “el dinero es mío, es de los trabajadores”, o sea, lo tiene Juan Pérez, pero no son de las AFP.
Pero la gente no tiene conciencia de que el dinero es de ellos...
Como no es un dinero de libre disponibilidad, sino que está capturado para pagarte una pensión en 20-30 años más, hay menos sensibilidad de que si fuera un dinero que llevas en la cartera, pero no significa que no sea tuyo. Ahora hay más sensibilidad. Por ejemplo, en Chile se crearon estas normas sobre los Multifondos, donde el trabajador ya tiene la opción de invertir su dinero en instrumentos de renta variable o más de renta fija. Ese trabajador ha abandonado una posición pasiva y ha tomado una más activa frente a su régimen previsional, y eso ha hecho que sea mucho más consciente del fondo que tiene. Hay un ejemplo que quiero poner: cuando vino la pesificación de las deudas de Argentina y le capturaron todos los recursos que tenían los ahorrantes de los bancos, rompieron las vitrinas de todos los bancos en las protestas; cuando hicieron lo mismo con la AFP, no pasó lo mismo, ¿por qué?, porque hay un sentimiento de propiedad mucho menos arraigado; de ahí decirle al político que la AFP no tiene plata, la AFP tiene los elementos necesarios para administrar esa plata, pero la plata es de los trabajadores.
El discurso de unos es que hay que hacer fomento, que se deben usar los fondos...
Hay una vieja norma en los códigos civiles de todas partes del mundo, que las personas que administran recursos de terceros deben tener el cuidado de un padre de familia, es decir, hacer con ese tercero lo mismo que estarían dispuestos a hacer con sus propios bienes. Esa norma que viene del código napoleónico yo se la diría a los políticos actuales: a ver señor, usted quiere hacer una presa en tal lugar, ¿usted pondría su dinero para hacer esa presa? Ah no, es que no. Entonces, ¿por qué le va a pedir el dinero a don Juan González?, ponga el suyo, si realmente cree que es un buen negocio; lo más probable es que el administrador de los recursos de don Juan también estime que es un buen negocio, pero si no es un buen negocio, no le puede pedir a don Juan, que es un trabajador de una cafetería, que deje que pongan el dinero donde él tiene confianza de que no lo van a poner. Porque ese señor tiene confianza, al entregar esos recursos, que los van a invertir en sectores que le van a dar una buena pensión, no lo lleve a lugares en que no le van a rentar.
¿Cómo se mide en datos el éxito que ha tenido el sistema en Chile?
Hay datos macro, pero vamos más bien a lo micro. Los recursos de los fondos de pensiones están invertidos en toda suerte de instrumentos y ya le hablaba de los bonos hipotecarios que emiten los bancos y de los bonos de infraestructura. Hay un estudio que lo hizo Vitorio Corbo, el actual presidente del Banco Central, que concluye que el 10% del crecimiento económico del país tiene su origen en el sistema de pensiones, por su contribución al ahorro, a la inversión, su colaboración al desarrollo cualitativo del mercado de capitales. Antes, las sociedades anónimas eran administradas por el papá, el cuñado, el hijo, y los fondos de pensiones en una sociedad así no invertían. Esas sociedades anónimas se fueron profesionalizando, desfamiliarizando.
Pero no se reforma el sistema de pensiones y se sienta a esperar los efectos.
No, el sistema tiene que ir acompañado de una voluntad política de ir mejorando el funcionamiento del mercado de capitales. Hay un sistema de pensiones que le va agregando recursos a la economía todos los meses, tiene que ser lo suficientemente atento para tener los instrumentos necesarios para que esa economía canalice esos recursos, ir siendo creativo. Si no hay un sistema eficiente para emitir acciones, hay que crearlo; si no existen los bonos de infraestructura, hay que crearlos; si no existen los bonos hipotecarios para la vivienda, hay que crearlos.
No saca nada con decir “aquí tengo un sistema de pensiones voy a ir juntando plata y no voy a hacer nada”. Allí viene un doble esfuerzo, uno que se va a dar naturalmente y es el interés de los particulares por participar en canalizar esos recursos, pero esos particulares no sacan nada si el sector público no va disponiendo de las reglas para crear esos instrumentos.
En El Salvador, tenemos una cartera concentrada en títulos del Estado.
Mal, mal, mal, mal, o sea, no. Para mí, la inversión concentrada en títulos estatales significa haber hecho una privatización parcial del sistema. No le puede pedir al sistema frutos cuando no le permitió que diversificara sus inversiones, porque en el fondo lo que hizo quizá fue hacer más eficiente el proceso de recaudación y de manejo, pero al final las inversiones las dejó concentradas en el Estado. Ese es un desafío de El Salvador, ya tiene mucha cantidad de dinero, tiene que irse diversificando, porque de lo contrario, estamos casi en lo mismo. Eso ocurrió también acá, si hay un 30% de las inversiones en títulos estatales, es porque son una inversión atractiva, no porque nos vemos obligados. Hay dos maneras de obligar: una es decir venga a invertir acá y la otra es no permitir invertir en otra parte, y no hay más instrumentos. El gran desafío que puede tener El Salvador es cómo crear nuevos instrumentos que permitan la canalización de las inversiones. En la rentabilidad, los efectos deberían estarse viendo fuertemente, pero si siguen concentrados en títulos estatales, la rentabilidad va a ser el espejo de lo que den los títulos estatales. En esto no hay magia. A ocho años del sistema, me parece que hay que acometer el desafío de realmente diversificarse. El modelo de fondos de pensiones, administrado privadamente, no es cuestión de decir “ya seguimos el modelo chileno porque tengo AFP y sistema de capitalización individual”. Sí, pero falta lo más importante, dónde invierte.
Al sistema también suele criticársele en El Salvador —así como el Banco Mundial ya ha criticado estos sistemas por algo similar—, de que hay poca competencia porque solo hay dos AFP.
Esto tiene economía de escala, uno no tiene que pensar que deben haber muchas AFP; mientras hayan dos va a haber competencia, pero yo le diría igual la falta de competencia viene porque, ¿por qué pueden competir las AFP? Por precio. Pero el precio no es lo más relevante a la hora de decidir por la pensión. Lo más importante es la rentabilidad, pero si está obligado a invertir la mayor parte en títulos estatales, ¿dónde está la competencia? Falta un impulso modernizador, decir “aquí no podemos seguir con el 70% concentrado en el Estado”, la respuesta va a ser no hay instrumentos, entonces creémoslos.
¿Qué futuro le pinta al sistema en El Salvador?
Creo que deben sentirse tranquilos de que el sistema va a ser exitoso, ha sido exitoso, pero no le pidan peras al olmo, para eso hay que tener un régimen de inversión que permita la diversificación, llevar a esos recursos a instrumentos rentables y de paso ayude al crecimiento económico, o sea un círculo super- virtuoso. A esos parlamentarios que dicen yo quiero hacer una presa, bueno, que esa empresa que quiere hacer la presa emita un bono, que lo clasifique según riesgo.
Tiene que haber una ley de titularización.
Tiene que haberla, obvio, si no se avanza en eso, estamos parados… En El Salvador se hizo la ley (de pensiones) pero se dejaron de hacer las demás cosas.
¿Cuáles son los desafíos de la industria, de los sistemas previsionales en América Latina?
Que haya una voluntad política que exceda el margen de los sistemas previsionales y que contamine todo el sector regulador económico para que se creen los regímenes de titularización y de inversión necesarios para que el sistema tenga éxito.