A simple vista las relaciones entre los gobiernos de Venezuela y Brasil no pueden pasar por un peor momento. Las recientes declaraciones del ex presidente y senador brasileño José Sarney, quien denunció una supuesta carrera armamentista impulsada por el presidente Hugo Chávez, son solo la última de una seguidilla de escaramuzas. El actual presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, y Chávez no solo tienen estilos de liderazgo distintos, sino que temas como el demorado ingreso de Venezuela al Mercosur o los ataques del líder bolivariano a la industria de los combustibles alternativos brasileña han llevado las relaciones políticas y diplomáticas a una de sus peores épocas.
Pese a la larga lista de disputas que crispan la relación entre ambos países en la superficie, los negocios han seguido floreciendo, aunque ensombrecidos por los alardes y los berrinches políticos. El mayor hito en el ámbito económico es la construcción de la refinería Abreu Lima, un proyecto de $4,000 millones, que se levantará en el estado brasileño de Pernambuco, y que será en 40% de la estatal venezolana Pdvsa y 60% de la semiestatal brasileña Petrobras. La planta tendrá una capacidad de refinación de 200,000 barriles diarios de petróleo pesado venezolano. El acuerdo debe ser firmado en diciembre en Caracas, pero, de retrasarse, Petrobras ya anunció que Abreu Lima será construida de cualquier forma.
La negociación por la refinería ha estado cruzada por las dificultades entre ambos gobiernos. A fines de septiembre, tras sostener una reunión en Manaos, Lula y Chávez lograron destrabar las conversaciones y afinar todos los detalles del acuerdo, recién dos años después que la primera piedra fue colocada y cuando los movimientos de tierra ya habían comenzado. Las dificultades que atravesó la negociación fueron de todo tipo. Mientras los puntos más complejos de sortear tuvieron relación con los porcentajes de propiedad que cada una de las petroleras controlaría, otros se circunscribieron a detalles de otra índole: Chávez exigió bautizar el proyecto con el nombre de Abreu Lima, un general brasileño que luchó junto a Simón Bolívar durante la independencia de Venezuela.
Pero pese a las dificultades, el acuerdo final para construir la refinería muestra que la dimensión comercial entre ambas naciones goza de buena salud, en especial por el pragmatismo que Lula ha sido capaz de desplegar para sortear los escollos. “Se encendió la luz amarilla en el Ministerio de Economía y en el Palacio del Planalto”, dice Gunther Rudzit, de las Facultades Integradas Rio Branco, en São Paulo. Es que, además de la refinería, las relaciones comerciales entre los dos países han sido especialmente ventajosas para Brasil.
Esto lo saben los líderes empresariales de ambas naciones. Al mismo tiempo que los presidentes negociaban Abreu Lima, los ejecutivos de dos de los gigantes petroquímicos de la región, la brasileña Braskem y la venezolana Pequiven, hacían lo propio en relación con la planta de polipropileno de US$3,500 millones que ambas firmas deben inaugurar en 2009. También en Manaos, los ejecutivos de las brasileñas Odebrecht y Camargo Corréa aprovechaban de prospectar futuros proyectos de infraestructura y vivienda en Venezuela. “Ambos gobiernos cuidan sus vínculos económicos que, en la medida en que se reflejan en una balanza comercial cada vez más favorable a Brasil y menos cargada de energéticos venezolanos, tiende a ser manejada con mayor cuidado desde Brasília que desde Caracas”, dice Elsa Cardozo, catedrática de la Universidad Central de Venezuela. El comercio bilateral registró en 2006 un superávit de US$2,900 millones, favorable para Brasil. Entre 2003 y 2007, Venezuela pasó del puesto 26º al 8º como destino de las exportaciones brasileñas.
Dame Mercosur
Entusiasmada por el dinamismo en sus exportaciones a Venezuela, la Cámara Venezolano Brasileña de Comercio está presionando al Congreso brasileño para que apruebe la entrada de Venezuela al Mercosur, con apoyo de 13 estados del Norte y Nordeste, que creen que se beneficiarían más con el vecino norteño que con la distante Argentina.
Pero a pesar de reconocer las ventajas económicas, sigue habiendo voces que subrayan las dificultades de incorporar a la nación bolivariana al bloque. “El principal aspecto es la negociación de las condiciones de entrada de Venezuela”, dice Rubem Barbosa, presidente del consejo de comercio exterior de la Federación de Industrias de São Paulo. Según el experto, temas técnicos importantes, como la Tarifa Externa Común -que grava por igual a todas las importaciones que ingresan a alguno de los países del bloque- y normas de internación de productos, no fueron suficientemente discutidos: “Eso tendría que concluirse antes de la entrada efectiva de Venezuela al Mercosur. Una rebaja de tarifas afectaría las demás negociaciones internacionales de Brasil”.
La adhesión de Venezuela al Mercosur fue aprobada con dificultades a fines de octubre en la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara, con la presencia de apenas 16 diputados, quórum mínimo para la votación, y debe ahora esperar la aprobación en la Cámara y en el Senado. Los parlamentarios siguen ofendidos con Chávez, quien los llamó “papagayos” de los EUA. El intercambio de ataques comenzó cuando algunos congresistas brasileños criticaron al Gobierno venezolano por la cancelación de la concesión de la estación de televisión RCTV por su posición opositora. Como consecuencia, el proyecto para autorizar el ingreso de Venezuela al Mercosur -que ingresó a trámite al Congreso a comienzos de este año- ha avanzado a paso de tortuga y, por lo mismo, Chávez ha reclamado más de una vez por la demora, en especial porque iniciativas similares en Argentina y Uruguay ya fueron despachadas.
Pero existen otras diferencias importantes. Entre ellas, el reclamo de los exportadores brasileños por las demoras en los pagos desde Venezuela, lo que se debe al control a la salida de capitales que ha impuesto el gobierno de Chávez y que han retrasado las remesas por hasta seis meses. Además, algunas iniciativas como el Gasoducto del Sur, un proyecto de US$20,000 millones empujado por Pdvsa y que recorrerá todo el continente repartiendo hidrocarburos, han sido desacreditadas por Petrobras.
“Las relaciones entre Chávez y Lula pueden volver a enfriarse a medida que se aproxime el fin del segundo mandato del brasileño”, dice el analista político venezolano Manuel Malaver, “la alianza establecida hasta ahora tiene objetivos muy distintos: económicos para los brasileños y políticos para Chávez”. Para el experto, la relación entre los dos presidentes resiste solo por una seducción de Chávez con el obrero autodidacta que llegó a la presidencia del segundo país más poderoso del continente, y la de Lula por el teniente coronel que con abusos e insultos contra la burguesía, Bush y los Estados Unidos, se metió al bolsillo un Estado cuya riqueza está a punto de volverlo presidente vitalicio. “Es lo que explica que aparezcan tan sonrientes para las fotos”, cierra.ee