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El crecimiento de la economía debe de darlo el sector privado.
Una frase tajante que por primera vez no sale ni del Gobierno ni del empresariado.
Quien habla es Carlos Arce, experto en crecimiento económico de
la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID).
Las cifras parecen sustentar su enunciado. El Salvador lleva en picada
su economía desde 1996. Es a partir de ese año que las tasas
de crecimiento del 6 por ciento del producto interno bruto (PIB) se han
convertido en un sueño por cumplir de nuevo.
Sin embargo, aunque hay agendas y planes ya escritas de desarrollo y
de reactivación económica, el país no despunta.
¿Por qué no despega la economía? ¿Qué
rol juega el sector privado? ¿Qué le corresponde al Gobierno?
Son sólo algunas de las preguntas obligadas cuando se ve la desaceleración
económica, que no permitirá una tasa mayor del 2 por ciento
del PIB en crecimiento para cerrar el 2004.
Los empresarios, que se autodefinen como los que generan la riqueza,
están dispuestos a jugar un rol más decisivo. Más
activo.
Llevan cinco años intentándolo a través de los ENADE,
pero el balance es que aún falta voluntad política
para construir una visión de país.
No podemos volver a cometer el error de pensar que una actividad
específica generará riqueza por sí sola, eso es demasiada
carga para un sector, afirma Federico Colorado, presidente de la
Asociación Nacional de la Empresa Privada (ANEP).
Por eso, ahora que la moda es hablar de identificar nuevos motores de
crecimiento, los empresarios empujan a todos los sectores productivos.
Agricultura, turismo, industria, exportaciones y maquila son sólo
algunos.
Ya se están preparando para eso, para subirlos al tren. El sector
privado está replanteando sus esquemas de trabajo, sus procedimientos
y ajustándose al mercado, y el nuevo engranaje que incida en el
crecimiento y desarrollo del país será presentado en la
nueva versión de ENADE, en un par de semanas.
Los que no han logrado un ritmo de crecimiento es porque no replantearon
su negocio y no invierten en aquello que demanda el mercado, reflexiona
Silvia Cuéllar, directora ejecutiva de la Corporación de
Exportadores (COEXPORT).
Ya lejos de ese mea culpa, otros empresarios miran con insistencia
hacia el Gobierno y critican la falta de una visión de desarrollo
económico y la falta de políticas reales de reactivación.
No tenemos acceso al crédito, crédito de reconversión,
de inversión, de renovación, no existe, es una banca comercial
que nada más busca cumplir con objetivos creados, se queja
Napoleón Guerrero, presidente de la Asociación Salvadoreña
de Industriales (ASI), tras preguntarle por qué la industria está
deprimida.
Por su parte, la ANEP considera que ha llegado el momento de pensar en
políticas de largo plazo. De 10 ó 15 años. Sólo
eso puede garantizar, dicen, que la inversión privada, que hoy
por hoy representa un 16% del PIB, pueda crecer a tasas más aceptables.
Y sólo la inversión privada es la que puede dinamizar la
economía. La pública apenas da para atender lo básico.
Además, los empresarios proponen que ha llegado el momento de
analizar si las remesas no ha servido como desincentivo a la actividad
productiva y a las exportaciones, y el efecto real que ha tenido la dolarización.
No podemos tener una actitud de cerrazón. No decimos que
tenemos la verdad absoluta, pero quién mejor que los empresarios
para saber lo que les afecta, agrega Colorado.
La defensa del facilitador
El Gobierno responde: Nuestro papel es de facilitador, porque nosotros
no generamos empleo. Es Yolanda de Gavidia, ministra de Economía,
quien lo dice.
Es cierto, resuenan las voces de varios dirigentes gremiales.
El Gobierno debe crear las condiciones para motivar al empresario nacional
y extranjero a invertir y apostarle a la economía.
El problema es que a juicio de la cúpula privada del país,
ese papel no ha sido cumplido.
Todavía señalan debilidades en los costos de transacción,
en los incentivos fiscales y no fiscales que ofrece el país, en
mano de obra, sistemas educativos y en la seguridad jurídica y
de competencia.
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