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Era 1992, cuando en Brasil se dieron cita más de 170 países
para analizar el futuro económico y ambiental del mundo. Allí,
un grupo de empresarios liderados por Stephan Schmidheiny empresario
norteamericano e impulsados por Naciones Unidas iniciaron una cruzada
para incentivar el desarrollo de las naciones, pero no sólo apostándole
al crecimiento y a la productividad.
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El deterioro del medio ambiente es un costo del cual los empresarios deberían responsabi-
lizarse.”
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La agenda acordada fue trabajar una estrategia de desarrollo que proteja
el medioambiente, pero que a la vez garantice el desarrollo económico
y social. Fue así entonces como se acuña el término
de responsabilidad corporativa y nace la responsabilidad social empresarial
(RSE).
Doce años después, aunque el término puede resultar
desconocido para muchos, El Salvador ya cuenta con 35 empresas que se
han convertido en fieles promotoras y practicantes de la RSE.
Pero, ¿qué es la responsabilidad social empresarial? En
primer lugar, explica Ricardo Castaneda, presidente del Consejo Empresarial
Salvadoreño para el Desarrollo Sostenible (CEDES), la RSE está
formada por acciones voluntarias del empresariado. Acciones que buscan
crear una mejor calidad de vida en los entornos más cercanos de
la empresa, y eso pasa por atención a sus empleados, a sus núcleos
familiares, cumplimiento de estándares laborales, medioambientales
y contribuir a ampliar el acceso a la salud y educación.
Es que es muy simple, si se contamina el medioambiente hay gente
más enferma y si hay más enfermos el país tiene que
invertir más, pero no hay recursos. Entonces hay que ser productivos
y para eso se necesita gente sana, resume Castaneda.
Además, los defensores de este tipo de prácticas, que pueden
ser tan variadas desde la construcción de una guardería
para hijos de empleados, un parque, un código ética o cumplimiento
de normas laborales agregan que si bien la RSE requiere una inversión
al inicio de su implementación, más que originar costos,
las empresas obtienen beneficios mayores a los económicos.
Estudios de CEDES señalan que sólo el deterioro ambiental,
que incluye ríos contaminados en un 90 por ciento, equivale al
4 por ciento del producto interno bruto (PIB), es decir que se han perdido
más de $600 millones anuales. Mientras, las tasas de crecimiento
del país no alcanzan ni el 2 por ciento del PIB.
Por eso el mayor reto es que este tipo de prácticas, ya aplicadas
en empresas como La Constancia, TACA, Esso, CESSA, CEL, Tabacalera, Banco
Agrícola, Cuscatlán, entre otras, es diseminar masivamente
los beneficios de ser responsables con la sociedad y con el medio ambiente.
Para generar riqueza y ser responsable no basta con pagar los impuestos
y encontramos en esta herramienta una respuesta integral que le da predectibilidad
y futuro a la forma de hacer negocios, reconoce Federico Colorado,
presidente de la Asociación Nacional de la Empresa privada (ANEP).
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