|
Daniel Aguilar ha pasado 24 de sus 42 años en el negocio de la crianza de ganado y la producción de leche, allá en lo que llama Rancho Escondido, un paraíso de cerros y pasto ubicado en Chalatenango.
Lo que Daniel no esconde son los momentos agraciados, de penurias y de vuelta a los tiempos de vacas gordas que ha experimentado desde que prestó 10 mil colones, con su padre como fiador, para montar su negocio.
Contrario a lo que se puede pensar, por aquello de los días de los mata vacas, como se le llegó a tildar a la guerrilla en tiempos de guerra, este productor cuenta que fue una de las mejores épocas para el negocio.
La leche se vendía cara y el costo de la vida era barata, dice, y agrega que aprovechó para producir y vender de la mejor manera al mercado interno.
Lo peor fue en tiempos de paz y con la llegada al Gobierno del partido oficial. Según él, hubo mucho descuido del Estado para el sector agropecuario en general y sólo logró mantenerse siguiendo una celosa política de austeridad, un control
religioso de sus gastos de operación y, como ahora, estar cerca del negocio en todo momento.
Por eso hoy, con la nueva administración estatal, que en el caso del rubro que explota se ha combatido mucho el contrabando, vuelve a sonreír al tiempo que rumean sus cerca de 240 cabezas de ganado, que le llegan a producir unas 2 mil botellas de leche a diario.
|