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Un mandamiento nuevo os doy, les dijo Jesús a sus seguidores, que se amen los unos con los otros. Este verso bíblico me llama la atención por la palabra nuevo. En realidad, miles de años atrás, el mandato de amarás
a Dios por sobre todas las cosas y a tu prójimo como a ti mismo contiene el mismo concepto. Por lógica, lo nuevo no está en el mandato sino en la acción. Mientras no se ponga en práctica, siempre será nuevo.
Esto me sirve para ejemplificar lo que pasa en nuestro país.
Los diversos sectores productivos han tenido, a partir del 2000, encuentros empresariales para analizar la situación de cada uno. Año con año han presentado sus propuestas ya sea de reactivación, de más crecimiento o de empujón para salir de la
crisis.
Han incluido pedidos urgentes, necesarios diría el gobierno en turno; sin embargo, al revisar los resultados, honestamente no es fácil encontrar alguno que sea de impacto o que haya dejado satisfecho al sector privado o a la población.
No estoy diciendo que no hay resultados. Lo que digo es que tengo la impresión de que los empresarios no hablan abiertamente sobre la decepción que da haber entregado buenas propuestas y que se quedaron en algún archivo gubernamental.
En cada evaluación de los ENADE anteriores hemos escuchado porcentajes altos sobre la aceptación de las propuestas por parte del Gobierno. Pero, de la aceptación a la puesta en práctica hay mucho trecho.
Veo a la industria sumida en una crisis por más de un año, los indicadores del Banco Central de Reserva no me dejan mentir, lleva ese tiempo en picada. Ahora, para colmo, el sector que siempre había dado la cara, la maquila, también va en descenso, por el motivo
que sea, pero va para abajo. Más de 90 mil empleos genera este rubro, y creo yo que merece respeto.
Este Gobierno ha dado indicios de respetarlo, aunque algunos analistas y empresarios consideran que es muy tarde para hacerlo. Igual, no se pueden cruzar de brazos, los chinos están a la vuelta de la esquina.
El crecimiento económico cada año es menor, la inversión extranjera también está renuente a venir a este país. Querer tapar la realidad salvadoreña con discursos positivos o proyecciones de esperanza no basta.
El empresario tiene que empujar más, el Gobierno tiene que escuchar a los sectores y ver de qué forma puede ayudarles, siempre y cuando lo que se genere sea actividad económica que redunde en más y mejores empleos, al igual que mejoras para el grueso de la población.
Llega otra versión de ENADE, con dos temas fundamentales: crecimiento económico y responsabilidad social. Sus mismos impulsores han dicho que esperan que la nueva administración tome más en cuenta sus propuestas.
Diría que lo que piden es que se pase del rito de entregar el documento en las manos de presidente a la acción, como el mandamiento nuevo.
Las ideas, estoy seguro, no son nuevas; bueno, alguna novedad habrá. Pero la acción, lo que sirve para sacar adelante este país, espero que se estrene.
Los aportes sectoriales son muy importantes y no hay que dejar de lado ninguno. Aquí no hay hermanos mayores ni menores. Léase, ojo con las micro, pequeñas y medianas empresas. De verdad, hay que echarles más que la mano. Y si consideran esto incipiente, sólo
miren cuánto empleo generan, son motores reales de crecimiento.
Pero no sólo el Gobierno tiene que abrirse para ejecutar las ideas. El sector privado tiene que sincerarse y repetirse que son los primeros llamados a engranar y colocar las piezas del motor desarrollo económico y social.
Hay que ver la realidad y tomar acciones realistas, no hay de otra, no hay tiempo. En serio, hay que poner los pies en la tierra, pero la que delimita el pulgarcito de América.
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