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El Salvador posee un régimen constitucional pétreo, con respecto a la forma de gobierno. La Constitución de la República establece que el gobierno es republicano, democrático y representativo. Ahora bien, al hablar de democracia se cometen errores de práctica, cambiando el pragmatismo por un fanatismo electorero, disfrazado de voluntad popular.
Cuando el pueblo elige a sus gobernantes, se entra a un mundo democrático que consolida a ese concepto y sistema político. ¿Siempre el pueblo elige correctamente? ¿Son electas las personas idóneas para los cargos? ¿Verdaderamente, el pueblo elige a los idóneos, dejando a los incapaces, fuera de toda posibilidad de gobernar? Las cuestiones anteriores tienen respuestas lógicas.
Primero, el pueblo no siempre elige a los idóneos; y segundo, la democracia es una espada de doble filo, pues a través de ella se expresa la voz popular, pero no siempre esa voz es razonable.
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