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Fin de capítulo

Héctor Silva Ávalos Periodista
enfoques@laprensa.com.sv
Imprimir Enviar nota Fecha de actualización: 6/22/2008

Enfoques se convirtió en la última década en el referente salvadoreño del periodismo en profundidad y de investigación. Aquí publicamos algunas de las historias más influyentes de los últimos años.

El último, publicado la semana pasada, fue un reportaje sobre el abuso sexual a menores. Un tema de buena pluma que acudió al difícil recurso de poner voz escrita en primera persona a la protagonista para narrar, con una buena dosis de frescura estilística, ese recurrente problema social en El Salvador. El primero, publicado hace 10 años, fue un reportaje sobre la carrera política de Liz Figueroa, la primera salvadoreña-estadounidense que se sentó en una curul del senado estatal de California. El último, firmado por César Castro Fagoaga, fue el epílogo; el primero, que firmé con mucha ilusión el 7 de junio de 1998, fue el prólogo de una publicación que marcó, desde diferentes visiones y sensibilidades —las que aportamos todos los periodistas que pasamos por ella—, nuevas y mejores formas de hacer periodismo en el país.

Me permito ahora, en la última edición de la Revista Enfoques, hacer un breve repaso por algunos de los momentos más importantes de la historia del periodismo que aquí hicimos.

Hablo, para empezar, de esta columna, en la que vuelvo a calzar firma después de varios años, la Tribuna de Redactores. Por este espacio, creado poco después del nacimiento de Enfoques, pasó el pensamiento de redactores y editores sobre los temas de la coyuntura noticiosa. El valor periodístico, que ahora muchos damos por descontado, fue inmenso: nos permitió a los hacedores de noticias explorar el complicado género de la opinión y permitió a nuestros lectores saber un poco más sobre los entresijos que se esconden en el reporteo de los temas y que, por razones de géneros y estilos, terminan sin ver las luz en las duras notas diarias. Poco a poco, las plumas más atrevidas y versátiles, y las que llegaron a sentirse más cómodas, se adueñaron del espacio, uno que hasta entonces había sido inédito en periodicidad y apertura en un medio salvadoreño de alcance nacional.

Los primeros años de la revista estuvieron marcados por una intensa discusión interna sobre los límites editoriales y estilísticos que el status quo imponía al oficio hace una década. El reportaje político, por ejemplo, fue instrumento de muchas exploraciones. Perfiles sobre candidatos. Jugosas crónicas políticas. Sesudas entrevistas. Todo, desde el principio, marcado por ese refrescante toque de irreverencia, que a la postre terminó siendo una marca registrada de Enfoques.

Y hubo otras dos marcas registradas importantes, que terminaron marcando rumbos más allá de la revista: la revisión periodística de la historia y la elaboración periodística a partir de la estadística. Antes que el reportaje de KGB, uno de los primeros equipos de la revista elaboró el especial Enfoques del Siglo, serie de 12 ediciones que recorrió, en 1999, los sucesos nacionales e internacionales más importantes del siglo XX. Luego, en el primer lustro del XXI, bajo la batuta del actual jefe de LPG Datos, entonces editor, la revista hizo un interesante esfuerzo por explicar El Salvador de la posguerra a través de los números.

Enfoques fue también, para los periodistas de todas sus etapas, una deliciosa muestra de esa esquiva ilusión que nos atormenta a quienes, en los diarios, vivimos bajo la despiadada dictadura del espacio y el tiempo: hubo, aquí, espacio para explayarse en el texto, para aventurarse en la forma y detenerse en el reporteo exhaustivo. Una de las mejores muestras de esto es, para mi gusto, el reportaje sobre la presencia de la KGB soviética durante el conflicto armado salvadoreño que firmó el periodista Ricardo Valencia. Fue, esa, una pieza escrita tras meses de investigación en viejos archivos, de consultas con informantes esquivos, de buscar traductores de ruso... Al final, en la publicación, la información y el texto se mostraron reveladoras, polémicas. Aun hoy hay quien discute sobre ello. De eso se trataba: de provocar con la información. Provocar discusión. Reacciones perceptibles en la realidad después de lo informado. O lo denunciado.

Reacción institucional de todo tipo obtuvo, por ejemplo, el reportaje en el que Glenda Girón revelaba, el 4 de marzo de 2007, el conflicto de interés que valió al actual ministro de Salud la primera condena firme del Tribunal de Ética, que lo declaró “ineficiente” por no hacer funcionar el sistema de TAC en el sistema público. Glenda, César y Ricardo son miembros de la última generación. Antes que ellos escribimos otros que ahora, más alejados del reporteo callejero, añoramos esos días de Enfoques en que retorcíamos las entrañas de los asuntos durante un buen rato para luego traducir la entraña garabateada en la libreta a textos que cuidábamos con el mayor de nuestros cariños. Enfoques ha sido, para todos nosotros, un lugar al que siempre queremos volver. Un hogar.

Margarita. Omar. Ernesto. Edwin. Cecibel. Carolina. Iván. Willian. Julio. Blanca. Metzi. Edgardo. José Luis. Alexis. Carlemy. Chema. Beatriz. Saúl. Martín. Fernando. Carlos. Roberto. El otro Carlos. Sarah. Ellos y los ya nombrados. Todos periodistas que vivieron en ese hogar.

Enfoques, como usted y yo lo conocemos, termina su vida este domingo. El próximo empieza una nueva aventura editorial del Grupo Dutriz.