16 de Noviembre del 2008 .: La Prensa Gráfica :.
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Apetecido. El embajador de Estados Unidos Robert White (a la izquierda) le aprieta la mano a Romero. Estados Unidos siempre quiso tener como aliado al religioso.
El arzobispo “rebelde”

Horas después de la muerte de Romero, la Embajada de Estados Unidos y la CIA empezaron a predecir lo que sería, de acuerdo con sus cálculos, el panorama futuro para El Salvador. Los pronósticos no eran nada alentadores. Poco tardó la guerra en aparecer. Con el asesinato del religioso morían las posibilidades del cambio sin violencia que buscaba Washington, que soñaba con un Romero moderado. Enfoques revela detalles sobre las conversaciones que mantuvo el arzobispo con la embajada y los informes que enviaron los estadounidenses después de la muerte del que consideraban un hombre poderoso.

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En la conversación, Romero confesó su queja hacia algunas organizaciones populares vinculadas a la guerrilla. “Él (Romero) dijo que el Frente de Acción Popular Unificado (FAPU) lo había llamado traidor.” Esta expresión la reseña un cable de la embajada norteamericana que narra un encuentro entre el religioso y diplomáticos estadounidenses.

GOLPE MEDIÁTICO

 

Los estadounidenses no ocultaron la satisfacción que les provocó la cobertura que los medios de comunicación hicieron de la reunión que el embajador Robert White tuvo con el arzobispo Romero 10 días antes de que ocurriera el asesinato.

“RESUMEN: La reunión del embajador con el arzobispo Romero (14 de marzo) para entregarle la carta del secretario de Estado Vance recibió amplio despliegue en todos los programas de noticias de radio y televisión la noche del viernes.

En cambio, en la prensa conservadora, los diarios de mayor circulación, se destacó la reunión del embajador con el ministro de Defensa García, esa misma tarde.”

 

Datos

En la conversación, Romero confesó su queja hacia algunas organizaciones populares vinculadas a la guerrilla. “Él (Romero) dijo que el Frente de Acción Popular Unificado (FAPU) lo había llamado traidor.” Esta expresión la reseña un cable de la embajada norteamericana que narra un encuentro entre el religioso y diplomáticos estadounidenses.

Almuerzo

 

“El embajador —en ese momento Frank Devine—, en octubre 26, recibió en un almuerzo al arzobispo Romero y a dos consejeros más cercanos del arzobispo: monseñor Ricardo Urioste y el padre Francisco Estrada.”

“La conversación, naturalmente, se centró en la situación de El Salvador a la luz de los hechos del golpe (de Estado) del 15 de octubre. El arzobispo expresó su visión de que, aunque la situación era todavía delicada, ha mejorado grandemente con el golpe.”

“El arzobispo se mostró de acuerdo con la evaluación del embajador que esta podría ser la última oportunidad para un pacífico y moderado cambio en el país.”

Mensajes rojos para Washington

 

Abril 1980

“En vista de las preocupaciones esbozadas en el REF B (repetido a San Salvador) y el importante rol el cual Gov/COPEI —presumiblemente se refería al Gobierno venezolano en manos del Comité de Organización Política Electoral Independiente— está jugando en El Salvador. Creemos que deberíamos coordinarnos cuidadosamente antes de que oficiales de la embajada se reúnan con la Coordinadora (Revolucionaria de Masas).” Telegrama del entonces Secretario de Estado Cyrus Vance a San Salvador.

Mayo 1980

“El departamento ha considerado cuidadosamente la propuesta esbozada en Reftel para entrar en contacto con los representantes de la Coordinadora de Masas (CRM). Por varios meses hemos buscado contactos de la CRM en El Salvador. A esta fecha, estos esfuerzos han sido (ILEGIBLE) por las imposiciones de las CRM de poner condiciones, especialmente sobre el acceso público de estos contactos.” Telegrama desde Washington a Embajada en Ciudad de México, con copia a las sedes en San Salvador, Panamá y Caracas.

Junio 1980

“El presidente del PRI para el Distrito Federal (México D.F.) nos telefoneó el 3 de junio y dijo que él ha transmitido la propuesta a sus contactos de la Coordinadora. La respuesta fue que antes de considerar los contactos en El Salvador los grupos desean tener “conversaciones informales” con Estados Unidos en la Ciudad de México. CRM le dijo a Alonso que no quieren publicitar las conversaciones.” Informe enviado de la Embajada de México a la sede del Departamento de Estado en Washington.

Junio 1980

“Le pasamos los puntos de Reftel al presidente del PRI en el Distrito Federal José Luis Alonso. Junio 10. Sugerimos que la Coordinadora Revolucionaria de Masas (CRM) está interesada en El Salvador, ellos deben contactar a DCM Dion, embajador White o al oficial político Millspaugh, quien puede arreglar los contactos. Alonso dijo que se pondrá en contacto con la CRM y que nos proveería de una respuesta alrededor del 13 de junio.” Cable enviado a Washington desde la Embajada de Estados Unidos en México.

Diciembre 1980

“Monseñor (Arturo) Rivera y Damas (...) y Monseñor (Ricardo) Urioste llamaron a la Cancillería. Rivera y Damas dijo que traía un mensaje del FDR/DRU (Frente Democrático Revolucionario/Dirección Revolucionaria Unificada). Al FDR/DRU le gustaría entrar en diálogo con el embajador como parte preliminar para una negociación más amplia. La condición para mantener el diálogo es que los Estados Unidos mantengan la suspensión de la ayuda militar.” Documento originado en la embajada en San Salvador.

Mayo 1981

El Departamento de Estado calculaba que el FMLN había causado 119 atentados contra civiles desde octubre de 1979 hasta el 21 de mayo de 1981. El documento “Terrorismo izquierdista en El Salvador” le atribuía acciones a varias organizaciones ligadas al FMLN, entre ellas la Coordinadora Revolucionaria de Masas (CRM). Una de estas supuestas actividades era la muerte de 125 campesinos en dos semanas de junio de 1980. Justo cuando la coordinadora y la embajada trataban de establecer contacto en México.

 

“Las próximas 48 horas serán críticas. El tráfico de la embajada (y el análisis basado en él), abrumadoramente pesimista.”

Las palabras del agente de la CIA en el cable evidencian el choque que había causado el asesinato del arzobispo de San Salvador Óscar Romero. Al mencionar “tráfico de la embajada”, el funcionario se refería a la cantidad de reportes que se esperaban de los informantes en el campo y de las distintas dependencias del Gobierno estadounidense.

Eran momentos de tensión para una potencia involucrada hasta el cuello con la entonces Junta Revolucionaria de Gobierno (JRG), formada de una alianza entre dirigentes del PDC y militares. La nota fue enviada —desde la estación de la CIA San Salvador— horas después del disparo que mató al religioso.

El documento lanza una solicitud: “La comunidad Intel necesita información de los perpetradores del crimen de Romero”. Con la frase pedían la colaboración de todos los organismos de inteligencia del Gobierno norteamericano.

Si el país estaba en alerta, mucho más los Estados Unidos, que jugaban un papel determinante en el ajedrez político salvadoreño. De acuerdo con la estrategia del entonces presidente estadounidense, James Carter, se tenía que romper la posibilidad de que las extremas derecha e izquierda socavaran las bases de la JRG, que parecía estar en medio de dos gigantescas espadas.

Para esto, el Departamento de Estado de los Estados Unidos, el equivalente a la Cancillería salvadoreña, caminó los pasos para hacer un movimiento ambicioso: tener de su lado a la pieza más importante sobre tablero. Desde la óptica estadounidense, este papel lo jugaba Romero. El entonces embajador de los Estados Unidos en San Salvador, Robert White, explica a Enfoques la estrategia que utilizó la administración Carter en el complicado juego. “Tuve la esperanza de que Romero, la Iglesia católica y la embajada iban a poder buscar la reconciliación”, revela el diplomático, a 26 años del asesinato.

White fue el encargado de enviar a Washington constantes reportes sobre lo dividido del ambiente después de la muerte del arzobispo. “Las reacciones de los ciudadanos oscilan entre la satisfacción, la profunda pena y el enojo”, expresa uno los mensajes redactados horas después del atentado. En este, el embajador afirma que la JRG se muestra desconcertada ante el homicidio.

Un cable de la CIA fue mucho más pesimista sobre el futuro de la junta. “La reacción al asesinato también puede fracturar la coalición gubernamental —explica el documento—, debilitada por el disenso alrededor del fracaso de los militares para limitar la violencia de la derecha.”

Las palabras de los estadounidenses no escondían la preocupación de que el crimen tirara al suelo el delicado ajedrez que meses anteriores habían tratado de controlar. En una de esas jugadas, White se había reunido con Romero 10 día antes de su muerte. Le llevaba una carta de respuesta del secretario de Estado, Cyrus Vance, en la cual le recordaba al religioso el “rol mayor” que le competía jugar en “ayudar a sus compatriotas”.

Ese encuentro era el tercero en seis meses, de acuerdo con la información que arrojan los archivos que fueron desclasificados por el Gobierno estadounidense en 2003. En los tres se encontraron, por un lado, una delegación de la embajada y, por el otro, Romero y sus más cercanos allegados.

Romero se resiente

El viernes 14 de marzo de 1980, White visitó al religioso a las 9 de una mañana soleada. Tenía la misión de entregarle una misiva en la que Vance le respondía a la carta en la que el arzobispo —hoy en proceso de beatificación— exigía parar la ayuda militar al país.

El diplomático, que había llegado tres días antes a El Salvador, no se había convertido en embajador por casualidad. “A mí me escogieron como defensor de los derechos humanos”, confiesa.

A su llegada, White programó un itinerario que no dejó dudas sobre el nivel de importancia que tenía el religioso. En las primeras horas del día visitó a Romero y programó para la tarde su reunión con el ministro de Defensa, Guillermo García, que representaba la línea más cercana a la extrema derecha dentro del gabinete de la junta. “La coordinación entre el arzobispo y la embajada fue muy problemática para el Ejército y la ultraderecha”, admite White desde su oficina en la capital estadounidense.

La conversación con el religioso duró dos horas. Un 80% de ese tiempo —como lo revela un informe— giró alrededor de la extrema derecha.

Mientras caminaban, Romero habló de sus corazonadas y temores. “Estoy cien por ciento seguro de que me van a matar”, le dijo Romero a White. El diplomático, resignado, le respondió: “Sus enemigos no tienen freno”. Al arzobispo lo acompañaron el jesuita Francisco Estrada y monseñor Ricardo Urioste, a quienes el Gobierno estadounidense calificaba como sus más cercanos consejeros.

Ambos habían presenciado antes reuniones con diplomáticos estadounidenses. Los cables del Departamento de Estado dan fe de dos encuentros anteriores. En uno celebrado el 29 de octubre de 1979 —14 días después del golpe de Estado que Romero apoyó en un principio—, el arzobispo refrendaba su beneplácito hacia la Junta, que contaba con el visto bueno de Estados Unidos.

En la conversación, Romero confesó su queja hacia algunas organizaciones populares vinculadas a la naciente guerrilla. “Él (Romero) dijo que el Frente de Acción Popular Unificado (FAPU) lo había llamado traidor.”

La distancia

En ese octubre todo parecía indicar que las coincidencias entre Washington y el jerarca crecían, pero la situación no duraría mucho.

Con los días y los cambios en la integración de la Junta, la cercanía de Romero con el gobierno provisional se fue desdibujando. El arzobispo puso en duda el “compromiso cristiano” de algunos dirigentes del PDC y atacó con fuerza al Ejército por sus supuestas vinculaciones con violaciones de derechos humanos. Eso era muy importante viniendo de un salvadoreño que tenía el poder para que los medios extranjeros posaran su mirada sobre él y, al mismo tiempo, de atraer a una buena cantidad radioescuchas que seguían sus homilías dominicales.

Los discursos también produjeron un sentimiento entre los diplomáticos y funcionarios de inteligencia de que poco a poco el jerarca se acercaba a las posiciones de la izquierda revolucionaria de la que era abiertamente enemiga la Casa Blanca. Un informe de la CIA sostuvo, después del asesinato: “Él (Romero) también se acercó a apoyar una alianza de las organizaciones de extrema izquierda como una alternativa política”.

White explica las bases de ese miedo: “El Departamento de Estado quería suavizar las diferencias entre los jugadores del drama salvadoreño, pero las palabras de Romero no ayudaban”.

La meta de moderar al religioso se convirtió a la llegada del papa Juan Pablo II, en 1979, en una cruzada internacional de la política de los Estados Unidos (ver nota aparte). Washington tocó las puertas del Vaticano y, entre otras, las del cardenal nicaragüense Miguel Obando y Bravo, entonces arzobispo de Managua. “Algunos en el Departamento de Estado creían que Romero se acercaba demasiado a la izquierda”, relata a Enfoques Obando y Bravo.

Antes de que los estadounidenses cantaran victoria, el asesinato de Romero se interpuso, y en lugar de reportar el contenido de las homilías, pronosticaban la nueva etapa y temían los daños del crimen. “El asesinato de Romero ha endurecido la opinión internacional hacia la Junta”, advertía un reporte de la CIA liberado cinco días después del homicidio.


Salvadoreño condenado a muerte insiste en inocencia  
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