“Rescató a Chile de los comunistas”

De Rosa defiende la gestión del general Augusto Pinochet, pero acepta las violaciones de derechos humanos como un error.

Ricardo Valencia

“Allende no era ya legítimamente constituido. Violó la Constitución.”

“Reconstruyó el país. Y también creó condiciones para una economía próspera.”

Imprimir Enviar nota Fecha de actualización: 12/17/2006

Claudio de Rosa tiene una segunda pasión aparte de la economía: la historia. Por eso, al hablar del golpe de Estado de 1973 en Chile, saca de sus archivos personales un buen tajo de documentos antiguos y los pone sobre la mesa de su despacho. Ahí hay revistas y libros. Muchos de ellos retratan la versión de los golpistas liderados por el general Augusto Pinochet sobre las razones que los llevaron a tumbar al gobierno izquierdista de Salvador Allende.

“El gobierno de Allende dejó la violencia, el armamentismo, el desorden, el desgobierno, la anarquía más absoluta, la gula de unos pocos y el hambre de muchos”, lee apasionadamente De Rosa. En una de las esquinas del panfleto aparece el rostro del presidente cubano, Fidel Castro, comiendo.

El que fuera director ejecutivo de la Asociación Bancaria Salvadoreño (ABANSA) y que ha sido asesor del partido ARENA defiende los éxitos económicos del gobierno de Pinochet. “Rescató a Chile de las manos comunistas y reconstruyó al país. Además, creó las condiciones de una economía próspera”, sostiene. El especialista, al momento del levantamiento, tenía 25 años y estudiaba en la Universidad de Maryland, en Estados Unidos. Vivía en la nación norteamericana desde 1971 cuando su padre, un periodista, dejó el país. De Rosa proviene de una casa “no muy activa políticamente”, asegura.

En Chile dejó la mitad de su carrera militar. Ese periplo en el Ejército le dejó el rango de teniente que se menciona en una fotografía que el propio Pinochet le dedicó y que adorna una de las mesas de su oficina junto a otras estampas en las que posa con otros presidentes que gobernaron al pueblo suramericano desde 1990, cuando el general dejó el poder; por lo que aparecen los rostros de los ex mandatarios Eduardo Frei y Ricardo Lagos.

A la vida del economista no le esperaba un regreso definitivo a su país. En 1986 llegó a El Salvador como parte de una de las misiones del Fondo Monetario Internacional. Luego se unió a la cooperación estadounidense (USAID) durante el régimen del demócrata cristiano Napoleón Duarte.

Tal vez por su formación, pone el mayor énfasis en las reformas económicas del Gobierno chileno, que iniciaron la apertura.

Pero si este puede ser considerado por algunos como el lado más rescatable de una gestión en la que no hubo oposición, el más opaco son los miles de desapariciones y asesinatos de que muchos lo responsabilizan y por las cuales no respondió ante los tribunales.

De Rosa sale al camino de uno de las más agrios señalamientos contra el militar: “No es admisible la violación de derechos humanos, pero debe ponerse en el contexto que si bien hubo inocentes —algo detestable—, del otro lado hubo terroristas y asesinos”.

Pero su familia evidencia las divisiones que provocó el golpe en la sociedad chilena. Una de sus sobrinas se atrincheró en un centro de estudios superior y se largó con su esposo a Cuba. Ella defendía los principios de la presidencia de Allende, que estuvo en el poder desde 1970 hasta el golpe con una coalición de partidos de izquierda llamada la Unidad Popular, que integraban el Partido Socialista y el Partido Comunista. Al primero pertenecía Lagos, uno de los políticos que ahora más admira De Rosa.

Los tiempos han cambiado y ahora un hombre de derecha como es De Rosa no tiene problemas en echarle flores al gobierno de izquierda que rige a Chile. Muchos de ellos, ligados a la fracasada Unidad Popular.