“Es como el que acabó la guerra del Vietnam con las dos piernas amputadas y uno le pregunta que si está contento porque ya se firmó la paz; es ridículo. No lo va a estar.” Con esta explícita comparación, Sainte-Marie demuestra que no se alegró de forma especial cuando Pinochet murió. Simplemente prefería que nada de todo aquello que vivió hubiese ocurrido.
Cuando se produjo el golpe, Sainte-Marie trabajaba, y ese día fue a trabajar. Al día siguiente también. Nunca pensó en salir del país, solamente asumió que había un nuevo escenario en el que las reglas del juego habían cambiado.
Sobre el hecho que conmovió a Chile en 1973, Sainte-Marie tuvo claro desde el principio que esa vez habría un cambio histórico. “Fue una reacción a un movimiento distinto a lo que históricamente había vivido el país. Allende plantea desde el ámbito político, social y cultural un panorama totalmente distinto y eso no gustó. No me sorprendió que sucediese. El golpe de Estado era algo que se podía esperar”, dice.
Afirma que desde antes del gobierno de Allende existieron hechos que hacían ver que la tendencia de los militares iba más lejos del marco democrático.
Trabajó por que se cumplieran los derechos humanos durante la época en la que Pinochet asumió el gobierno. Laboraba en la Vicaría por la Solidaridad, una institución que nació en el seno de la Iglesia, “pero en la que no todos éramos religiosos”, precisa.
Apunta que no era fácil trabajar este campo durante aquellos años, pues precisamente tocaba fiscalizar al Gobierno, que en teoría era el que debía garantizar los derechos humanos, y no lo hacía.
Sainte-Marie no duda en hablar de los costos que ha generado el paso de Pinochet por Chile en su sociedad. “Ahora es una sociedad polarizada violentamente”, dice. Y luego pasa la factura al régimen: “El daño sicológico que se le ha generado a la población es inmenso”.
Al ser cuestionado sobre las dificultades que tienen algunos chilenos para enfrentarse a hablar de Pinochet, Sainte-Marie concluye que es ahí donde se perciben estos daños. “La sociedad chilena tardará en recuperarse”.
Ante la visión de algunos que destacan como logro la reforma económica, Sainte-Marie lo rechaza. “El régimen de Pinochet no le agregó nada nuevo al país, nada de lo que no tenía”.
Ahora, con la muerte de Pinochet, sin embargo, no enarbola banderas para celebrar ni abre una botella de champán. “Cuando un equipo de fútbol gana algún título, la afición puede invadir una fuente o quemar un estadio... son fanáticos. Los jugadores tan solo se felicitan en el vestuario”, afirma Sainte-Marie, en una nueva metáfora.
Por supuesto que era muy contrario al hecho de que el poder se robara con un golpe de Estado y no cree que haya dejado una buena estructura nacional. “Se suele decir que macroeconómicamente dejó un Chile estable. Pero el desarrollo de Chile no lo creó Pinochet, sino los 15 millones de chilenos que trabajábamos hasta lo que podíamos dar. Por eso el Chile de hoy es exitoso. Por desgracia algunos dieron más de lo que podían dar.”
Cuando intenta definir lo que han sido para él estas décadas, hace un esfuerzo. “Es muy difícil definir algo o alguien que hizo tanto mal a tanta gente, es minimizar lo que te importaban todos aquellos a los que este señor dañó. No quisiera caer en ese error”, se excusa. Después de más de una hora de conversación se vuelve a plantear si hay razones para alegrarse. “No hay nada que celebrar”, se repite.